Migrantes rescatados en pateras en el Estrecho, en una imagen de archivo. FOTO: EP
Migrantes rescatados en pateras en el Estrecho, en una imagen de archivo. FOTO: EP

Corren tiempos difíciles, en ocasiones para volverse loco, o eso al menos es lo que puede pensarse cuando lees la noticia de los disparos sobre un inmigrante senegalés que aguardaba a las puertas de los Servicios Sociales de Puerto Real. Afortunadamente el presunto autor, al parecer reincidente, ha sido detenido y puesto a disposición de la justicia. Cabría preguntarse, ante un hecho tan denigrante para la condición humana, cuáles son las causas profundas de comportamientos criminales como el que nos ocupa.

En esta misma semana varias pateras llegaron a las playas de Cádiz con unas decenas de inmigrantes subsaharianos en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias. Más allá del hecho en si, que sorprende poco o nada a quienes vivimos en esta tierra de frontera, para volverse loco también los comentarios xenófobos y racistas vertidos en las redes sociales por un buen número de descerebrados con apariencia de normalidad en su vida cotidiana. No cabe duda que las razones últimas son las mismas que motivaron los disparos sobre el senegalés al que antes me refería.

En una sociedad al borde del ataque de nervios permanente, angustiada y temerosa por lo que ya empieza a conocerse como la enfermedad del siglo, es muy fácil que los estrategas del odio puedan sembrar el huevo de la serpiente en nuestros confortables nidos hasta el punto de hacernos creer que esas personas que huyen del hambre y la pobreza son los responsables de nuestros miedos desesperados. En verdad intentan volvernos locos, seres irracionales desprovistos de toda capacidad de análisis crítico y alejados irremediablemente de sentimientos como la solidaridad o la generosidad que como humanos debiera caracterizarnos.

Pero con todo lo que en los últimos días se ha convertido en el arma más letal contra nuestra racionalidad humana son los grupos de wassap de los padres y madres del colegio de nuestros hijos o nietos como es mi caso. Fue acercarse el inicio del curso escolar y dispararse la carga viral del histerismo colectivo en bastantes de esos grupos que nacieron con la sana intención de mantenerse en contacto de este sector tan importante de la comunidad educativa. Por desgracia en las últimas semanas el alarmismo y la sinrazón han alcanzado cotas impensables como para volverse loco.

Recordaba yo en estos días aquella viñeta impagable del añorado Forges en la que uno de sus personajes se personaba en comisaría mientras afirmaba: “Soy el que inventó los grupos de wassap y vengo a entregarme”, a lo que el policía contestaba: “¿ Sabe que puede caerle prisión permanente revisable?, a lo que el autoinculpado respondía con toda la resignación culposa de la que era capaz: “ Lo sé”. Pues eso, para volverse loco.

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