La foto de la Operación Magallanes, con socialistas gaditanos y Ánder Gil.
La foto de la Operación Magallanes, con socialistas gaditanos y Ánder Gil.

Tengo por costumbre, mientras desayuno bien temprano, echar un vistazo rápido a mis redes sociales, y el pasado martes no salía de mi asombro cuando me topé con una entrada en Facebook del senador Carlos Alfonso Moscoso, donde se viene autoproclamando como La Voz de Cádiz en Madrid, en demérito de sus otros compañeros y compañeras socialistas en las Cortes Generales, en la que aparecía en una fotografía en el antiguo salón de plenos del Senado junto a la presidenta del mismo y cuatro alcaldes socialistas de la provincia, Juan Carlos Ruiz Boix de San Roque, Javier Pizarro de Alcalá de los Gazules, Víctor Mora de Sanlúcar y Javier Ruiz de Rota. La foto se repetía momentos más tarde con el portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Ander Gil.

En un primer momento pensé que era una más de las excursiones de cargos públicos variados que suele organizar el senador con el ministro que toque para inmortalizar en su Facebook. Pero al poco, pensando en quienes formaban parte de la expedición y el supuesto motivo del encuentro, la exposición sobre Magallanes, dejé de encontrar sentido a reunión  madrileña de alcaldes, que salvo el caso del de Sanlúcar y afinando mucho el de Rota por vecindad, poco tenían que ver con Magallanes y su estancia en la ciudad de la manzanilla poco antes de partir hacia lo desconocido. Y es que las fotos, la primera con la presidenta y la segunda con el portavoz, podían ser cualquier cosa menos inocentes recuerdos de la visita a una de las principales sedes de la soberanía nacional.

Yo, que soy un convencido de que las fotos las carga el diablo en demasiadas ocasiones, veía en aquellas imágenes la respuesta a uno de los interrogantes que sobre el futuro del socialismo gaditano me vengo planteando. Cádiz es una provincia donde el impulso renovador de la Ejecutiva federal, más allá del deseo caprichoso de Susana de perpetuarse en el cargo, ha contado desde el principio con dos manifestaciones mayoritarias muy distintas, el pedrismo y el sanchismo, que podrían parecer la misma cosa pero que en absoluto lo son. Y junto a las dos grandes lenguas renovadoras hay una especie de variante dialectal con vocación de tercera vía y epicentro en Jerez, más discreta pero no por ello menos activa.

El pedrismo cuenta como nombre más ilustre con un amigo personal del líder, el histórico Rafael Román, que esta misma semana en una columna periodística invitaba a Susana Díaz a dejar el camino expedito a la tropa renovadora so pena de no ocupar un lugar demasiado lustroso en la historia más próxima, argumento que comparto y puse de manifiesto en una entrevista en este mismo medio allá por los primeros días de octubre cuando hablar de ello te hacía merecedor del título de mal socialista. Y para el trabajo de brega nadie mejor que alguien de la familia, su hermano Jose María, hombre constante en la persecución de los objetivos y sin miedo al qué dirán y que ha sido capaz de darle el abrazo del oso a la mismísima secretaria general del partido y presidenta de la Diputación, Irene García, que ha empezado a sentir la soledad del manager a raíz de apostatar en veinticuatro horas del susanismo decadente.

El sanchismo es una tendencia menos personalizada en la relación directa con el líder y más vinculada al segundo escalón en la jerarquía federal que le sirve de interlocución con el poder orgánico. Es una facción más heterogénea que bebe de distintas fuentes desde sanchistas de primera hora, pizarristas desencantados con el susanismo desde hace tiempo y susanistas del mes pasado que como Marcel Proust andan  a la búsqueda del tiempo perdido. Y esta es la realidad que intentaba reflejar la foto del senador que podría interpretarse como testimonio a priori de los tiempos que ya están llegando. Siempre estarán en deuda con Magallanes.

La variedad dialectal jerezana intenta como siempre ocupar su quesito de la nueva realidad que se avecina y es verdad que su máximo exponente, Mamen Sánchez, tiene experiencia en ello y la capacidad política suficiente para hacer valer sus argumentos cuando llegue el momento, tiempo al tiempo.

Quizás sería conveniente, llegados a este punto, preguntarse quienes van a mantener izada la bandera del sultanato en esta tierra gaditana. La cuestión no es fácil de responder a tenor del intercambio de lealtades que está minando la fidelidad hacia la exPresidenta andaluza aunque siempre habrá algún despistado que no se entere y pique.

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