Esta advertencia formaba parte del estribillo de una canción, Niña Isabel, que popularizó Bonet de San Pedro allá por los inicios de la década de los setenta. Pero viene a cuento recordarla hoy referida a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que ha decidido escribir su propia versión de Vidas paralelas como si de Plutarco se tratara.
Y es que en la pasión que Isabel le pone a la realidad paralela en la que vive puede que como en la canción haya pecado, probablemente el de la soberbia que invade su quehacer diario. Esa soberbia que le lleva a convertirse como en la canción de Cecilia en “el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro”.
Y no ha decepcionado a sus hooligans la señora presidenta una vez más corriendo presta a organizar una misa funeral por las víctimas de la tragedia ferroviaria de Adamuz una hora más tarde de que en Huelva, provincia de procedencia de buena parte de las personas fallecidas y heridas los familiares asistieran a la misa funeral con la presencia de los Reyes, ministros del gobierno y el propio presidente del Partido Popular.
Pero a Isabel todo le da igual con tal de convertirse permanentemente en el centro del universo mal que le pese a su supuesto jefe de partido, el señor Feijóo, que una y otra vez se ve sorprendido por los retos, unas veces explícitos y otras implícitos, que le plantea la presidenta madrileña sin solución de continuidad y que terminan ofreciendo una imagen de debilidad del supuestamente máximo representante del partido conservador.
Y esas vidas paralelas que recorren Ayuso y Feijóo han vuelto a cruzarse en la campaña electoral de Aragón donde el candidato popular, el señor Azcón, se ha hecho acompañar antes que nadie por la presidenta madrileña afirmando sin pudor que él es de la cuerda de Isabel, imaginen las expresiones proferidas por Feijóo cuando pudo ver esas imágenes y oír esas palabras mientras una espuma blanca fluía de las comisuras de los labios de Tellado.
Y es que los pecados de Isabel no son flor de un día sino más bien una continuidad de dichos y hechos encaminados a convertirse en virtual alternativa al político gallego no ya en el largo plazo sino más bien en el día a día porque otro de los pecados de Isabel es su ambición desmedida alimentada a cada momento por el fantasma del pinganillo. Puede ocurrir que todo termine como en aquella otra “Niña Isabel”, la de Carlos Cano, “cantaba niña Isabel, que era la flor de la Habana, cantaba para la gente de la tierra y de la mar y nadie vio que una pena se enredaba en su cantar”. Pues eso Niña Isabel, azucena ten cuidado con la pena… que en amores lo más fácil es que llores…
