Abascal, en su despacho.
Abascal, en su despacho.

Resulta lógico y hasta legitimo que en una situación como la que vivimos, en el epicentro de una pandemia sin precedentes, queramos ver más allá y nos preguntemos qué pasará el día después, cómo serán nuestras vidas cuando esta pesadilla toque a su fin e incluso dudemos de nuestra capacidad para reconstruir todo aquello que la enfermad está destruyendo.

Pero ese deseo que por momentos nos asalta, casi con desesperación, llega en ocasiones a confundir nuestras prioridades porque siendo importante el día después debemos tener claro que lo importante en estos momentos es llegar hasta él. Ignorar el presente y el futuro más inmediato es errar el tiro, la prioridad en estos momentos es que cuantos más lleguemos al día después mejor será para todos. Esa debe ser la tarea que nos ocupe y nos preocupe en estos días, porque no sólo se trata de salvar vidas en las UCI, una tarea épica e impagable eternamente para nuestro personal sanitario, también hay que salvar muchas vidas en las calles y en aquellos hogares más débiles socialmente.

Si algo tiene esta crisis global es que nos está desnudando a cada uno de nosotros ante el espejo público mostrando la diversidad del ser humano y las vergüenzas y desvergüenzas de cada uno de nosotros. Y a la vista de ello hay días en los que de verdad lo único que apetece es gritar con todas las fuerzas aquello de que se pare el mundo que yo me bajo en la próxima ante la vergüenza ajena que provoca la contemplación sin maquillaje social de las miserias humanas. Y entre todas ellas la que más me descorazona es el falso dilema que algunos se empeñan en mantener de la prevalencia entre la vida humana y la economía, como si la segunda tuviera algún sentido sin la primera.

Hay quienes han hecho de contar muertos el oscuro objeto de deseo de sus vidas y de una corbata negra el estandarte de su proyecto político. Una visión miserable de la grave situación que vivimos y que ha llevado a medio mundo a mirar con ojos asombrados la situación política de España, el único país donde lo que importa es desgastar al gobierno sin la más mínima tregua que requeriría la difícil situación que atravesamos. Convendría recordar en este punto a estos necrófilos de la política y la opinión publicada que lo que realmente necesitamos en estos momentos son más mascarillas y menos corbatas negras, más respiradores y menos ataúdes, más unidad y menos deslealtad, más protección social y menos crespones en banderas. Ahórrense sus patéticas diatribas estadísticas sobre la vida y la muerte por que como cantara el poeta: “…Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar…”

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