Cayetana Álvarez de Toledo. FOTO: PP
Cayetana Álvarez de Toledo. FOTO: PP

¿Qué he hecho yo para merecer esto?, eso es lo que debió pensar Pablo Casado cuando el pasado martes oía como Cayetana, conocida ya como la marquesa ultra, destrozaba la entrevista que la responsable de políticas sociales del PP, Cuca Gamarra, acababa de hacer en Los desayunos de Televisión Española en el sentido de reafirmar lo inafirmable: la conversión de los populares al feminismo militante por la vía de su participación en la manifestación del próximo 8M.

De notable la ingenuidad de Gamarra y sus propias declaraciones porque una hora más tarde la sin par Cayetana afirmaba en sede parlamentaria su firme voluntad de no acudir a la manifestación. La marquesa ultra confesaba sin el más mínimo pudor que ella es una feminista amazónica al estilo de Camille Paglia. Esta afirmación tan contundente me llevó a indagar sobre la personalidad de la señora Paglia y a concluirá que la tal Camille profesa el ateísmo y pertenece al Partido Demócrata americano, diferencias insalvables con nuestra Cayetana que al parecer tocaba de oído cuando hizo sus declaraciones.

La verdad es que cuesta diferenciar si la marquesa del PP es una feminista amazónica, corriente feminista que defiende la destreza física de la mujer para la consecución de la igualdad de género, o una amazona forjada en los mejores clubes hípicos de la nobleza española. El caso es que ninguna de las dos posibilidades aportan nada al intento de Gamarra de blanquear al PP ante la realidad del movimiento feminista que tiene en el 8M su gran escenario reivindicativo.

Pasado este día, y las consecuencias que sobre la situación interna del PP pudieran tener sus palabras, Álvarez de Toledo continuó de oca en oca y tiro porque me toca. Tras su compañera Gamarra la siguiente víctima fue la Ministra de Igualdad, Irene Montero, a quien Cayetana consideró públicamente como la mujer más humillada de la política española por haber recibido el apoyo del Vicepresidente Iglesias cual macho alfa, otro calificativo amazónico de nuestra particular marquesa.

Y a renglón seguido emprendió su particular epopeya, arremeter contra La Sexta y con ello contra todo el grupo Planeta que viene a ser la versión mediática de Clint Eastwood en Sin Perdón. Cayetana sacó lo mejor que lleva dentro para afirmar que la cadena televisiva erosiona el sistema democrático. Ahí es nada, sobre todo viniendo de una demócrata convencida como ella misma. Tal afirmación despertó los aplausos de Aznar, Rosa Díez y Abascal, que son como el Triángulo de las Bermudas de las libertades democráticas. Probablemente ese día Cayetana empezó a escribir su epitafio político en el Partido Popular cuyos dirigentes no acaban de saber a ciencia cierta el juego que la marquesa se trae entre manos con su flirteo ideológico permanente con la extrema derecha. El tiempo nos dirá si no tiene ya un pie en sus vecinos de Vox y el otro en la garganta de Casado.

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