Irene García, en la derecha, con Susana Díaz en la Sierra, este mes de abril.
Irene García, en la derecha, con Susana Díaz en la Sierra, este mes de abril.

Hace poco más de una semana, a raíz de mi columna El último error de Susana, por ahora, conversaba en el programa Hoy por Hoy Cádiz de Cadena Ser con su conductor habitual, Carlos Alarcón. En el transcurso de la charla planteé que en los días siguientes tendríamos más de una sorpresa en relación con el cambio de bando, lo que yo llamaba transfugismo interno, de algún que otro u otra cargo relevante del partido en la provincia. A pesar de la insistencia del periodista no quise dar nombres propios por aquello de que no se me acusara de incitar a ese cambio de posiciones y también por mi propio convencimiento de que en pocas horas el secreto se desvelaría.

 Dicho y hecho, cuatro días más tarde la actual secretaria general del PSOE gaditano proclamaba su integración en el bando renovador sin especificar en cuál de las dos facciones, la pedrista de los hermanos Román o la sanchista del pizarrismo y el lastrismo con sus aliados coyunturales que vienen a ser como en la obra de Pirandello,  personajes en busca de autor con carácter permanente. Hay quien se ha mostrado sorprendido y sorprendida por el anuncio urbe et orbe de la Presidenta de la Diputación gaditana, entre los que no me encuentro porque de casta le viene al galgo lo de montarse en una parte del tiovivo y bajarse en la contraria.

De ahí que algunos susanistas, que se mantienen al pie del cañón atados al palo mayor del Titanic sevillano, la llamen ya la San Pedro gaditana por aquello de las negaciones, hasta en tres ocasiones, de su anunciada traición cuando afirmaba: “Si todos dan un mal paso a causa de ti, yo no lo daré Jesús… aunque tenga que morir contigo, de veras no te negaré”. Más o menos la versión bíblica abreviada de la escena del sofá que tuvo lugar hace unas dos semanas con motivo de la visita de Susana Díaz a la sierra de Cádiz durante la comparecencia de prensa en El Bosque. Tres días más tarde la máxima representante del socialismo gaditano, acompañada de su soldada institucional, se daba un paseo por Granada para, como se afirmaba en relación con el Duque de Medina Sidonia cuando se acercaba hasta sus almadrabas, a por atún y a ver al Duque, que en el caso que nos ocupa no era otro que Juan Espadas presentando oficialmente su candidatura.

 Pero si Irene García es la cruz de esa falsa moneda que de mano en mano va y ninguno se la queda, no conviene olvidarse del Presidente Provincial, la cara de la misma moneda, el chiclanero Jiménez Barrios, Chiqui en el argot socialista, quien hace unos días compareció públicamente para defender a Irene tras el empujón público que le había proporcionado el también chiclanero Chefi Román, el segundo de a bordo de la facción pedrista de la renovación. Conociéndolo como lo conozco debe estar jurando en arameo ante la maniobra de última hora de su defendida convencido de que los esfuerzos inútiles sólo conducen a la melancolía.

Tras la ceremonia pública de apostasía de la socialista sanluqueña ha tenido Chiqui el valor de comparecer en un pretendido gesto de dignidad para afirmar que la coherencia en política es un valor incuestionable, bonitas palabras sin duda que contradicen lo que fue su posicionamiento ante el Congreso Provincial de hace nueve años, donde ambos tomaron las de Villadiego, el regazo de Susana, como almas que lleva el diablo.

Y es que mirando en perspectiva cada proceso de renovación del Partido termina como el rosario de la aurora con más intercambio de camisetas que un post partido final de la Champions. En fin, solo queda que se cumpla ese deseo anónimo que canta la copla: “Vete mujer mala, vete de mi vera, rueda lo mismito que una maldición, que un día me permita que quién tú más quieras, pague tus quereres, tus quereres pague con mala traición”.

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