Pablo Iglesias, en el Congreso. FOTO: MONCLOA
Pablo Iglesias, en el Congreso. FOTO: MONCLOA

En el mundo de la ciberseguridad se conoce con el término puerta trasera, backdoor en inglés, un agujero de seguridad en un sistema informático, una vulnerabilidad que permite que los hackers puedan entrar en equipos y programas con privilegios de administrador y actuar como les plazca. Si llevamos el término al campo del Gobierno de España no cabe duda que desde hace algún tiempo, pero sobre todo en las últimas semanas, el Vicepresidente Iglesias se ha convertido en la puerta trasera de Sánchez. Los hackers de la extrema derecha y la derecha más extrema, que pudieran parecer la misma cosa y en realidad lo son, han encontrado en Iglesias la oportunidad de debilitar al Gobierno con su presidente a la cabeza.

El cuestionamiento de la monarquía por parte del vicepresidente, legitimo pero a todas luces inoportuno en una situación de emergencia nacional como la que vivimos, o el más reciente de la condena de su compañera de partido Isabel Serra, han agrandado esa puerta trasera hasta el punto de que por ella hayan entrado no sólo los bots de granja sino también los de corral y hasta algunos de campo. Y todo ello ocurre porque se ha generado el caldo de cultivo necesario que no es otro que el Estado de Bronca, que a pasos agigantados y de la mano de bulos, fake news y mucha inversión en hackers sociales, se ha apoderado del Estado de Alarma y yo diría que incluso lo ha suplantado.

Y también es cierto que el guardián del firewall gubernamental, el todopoderoso Iván Redondo, ha tenido una semana negra, una pájara descomunal similar a las que pillaba Perico Delgado cuando lideraba el Tour de Francia y en un mal día perdía todas las opciones de ganarlo. A Redondo le han metido por la puerta trasera no sólo el virus de Iglesias sino también unos cuantos miles de mascarillas que no cumplen al cien por cien el protocolo de seguridad, un error de comunicación de los asesores del general Santiago, al que profeso el mayor de los respetos, y una rectificación en el procedimiento de salida de los niños a la calle difícil de superar hasta para los líderes del bipartito andaluz, Moreno y Marín, con sus discrepancias manifiestas sobre la fecha de la vuelta al cole y otras cuestiones menores.

Y de todo esto lo que más debiera preocuparnos no es la prórroga del Estado de Alarma y la tan traída y llevada desescalada, al menos a mí lo que más me preocupa, desde el punto de vista de la relación social y el futuro colectivo que nos espera, es el Estado de Bronca. En estos días, preocupado por lo que leo y también por lo que veo, me he ocupado de conocer algunas normas de comportamiento humano que me ayuden a entender lo que está ocurriendo en este streptease emocional que observo en demasiada gente. Y en mis búsquedas encontré al menos dos respuestas que de manera sencilla explicarían buena parte de este comportamiento social puramente irracional: la navaja de Hanlon, principio según el cual nunca hay que atribuir a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez, y el efecto Dunning-Kruger, que viene a explicar de manera sencilla por qué la gente habla sin tener ni idea, o lo que es lo mismo, los seres humanos menos dotados y más inútiles están convencidos de ser los mejores y los mediocres siempre se consideran por encima de los mejores. Quizás estos principios nos ayuden a explicar la razón última del camino equivocado por donde hemos empezado a transitar colectivamente.

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