El presidente de la Junta, Juanma Moreno, junto al consejero de Salud, Jesús Aguirre, en la inauguración de un centro de salud de Córdoba en enero pasado. FOTO: JUNTA DE ANDALUCÍA
El presidente de la Junta, Juanma Moreno, junto al consejero de Salud, Jesús Aguirre, en la inauguración de un centro de salud de Córdoba en enero pasado. FOTO: JUNTA DE ANDALUCÍA

A nadie se le escapa que en estos momentos vivimos la mayor tragedia colectiva desde nuestra guerra civil. Que un buen número de familias han perdido a sus seres más queridos mientras otras muchas sufren cada día la angustia vital que esta enfermedad provoca. Asistimos consternados al estrés de un sistema sanitario en el que hemos depositado nuestras últimas esperanzas. Ansiamos que la ciencia, cuando despertemos al día siguiente, haya descubierto el elixir de la vida para frenar nuestro dolor y también nuestra angustia vital. Es verdad que ni en la más realista de las películas de ciencia ficción sobre pandemias podíamos imaginar que viviríamos esta pesadilla.

Este virus es sin lugar a dudas lo peor que nos podía haber pasado, pero eso no quita para que hagamos un examen de conciencia colectivo, llamémosle terapia de grupo si se quiere, y analicemos como hemos llegado hasta aquí. Porqué cuando éramos felices, antes de que el virus nos despojara de nuestra confortable vida, dejamos caer el sistema sanitario público a base de recortes millonarios en medios y personal sanitario, porqué tantas empresas, grandes medianas y pequeñas, aportaron menos en impuestos de lo que eran sus ganancias reales bajo ese principio clásico de “ande yo caliente y ríase la gente”. Ahora toca lamentarse por haber abandonado la investigación científica con un desprecio que se ha tornado suicida. Ahora toca llorar lo que perdimos por nuestra propia inconsciencia y egoísmo.

Y es aquí donde aparece el otro virus, el de los hiperventilados, que cada vez son más y mejor organizados, con el viento a favor del dolor ajeno y la lógica desesperanza de millones de personas. Dicen: “Protejamos España”, precisamente quienes no fueron capaces de protegerse ellos mismos. Abren páginas de donaciones populares responsables de gobiernos que no hace ni tres meses se mostraban orgullosos de haber eliminado impuestos a los más favorecidos de nuestra sociedad. Alimentan el desaliento colectivo en momentos en los que nuestra fortaleza mental es más necesaria que nunca y juegan con nuestros miedos interiores sin el más mínimo pudor. Son los hiperventilados, una especie maligna que habita nuestra tierra y que sólo buscan inocular su habitual frustración en el imaginario colectivo mientras la gente sufre cada día.

Ese otro virus, que cada día provoca más hiperventilados, y donde menos nos podíamos imaginar, es igualmente nocivo para las personas y letal para el mantenimiento del sistema democrático. Su estructura molecular tiene mucho de insolidaridad, de afanes de protagonismo social frustrado, de sadismo reprimido durante años y debilidad mental patológica. Los hiperventilados del momento presente no sólo se alimentan de odios políticos también lo hacen de la debilidad social ante la enfermedad. Son sin lugar a dudas detestables y por desgracia no surgen sólo de esas granjas de bots que inundan mecánicamente y de manera exponencial las redes sociales, lo peor, y lo más peligroso, es que también se manifiestan en el Facebook 9de tu amigo o quizás de tu vecino. Urge encontrar también un remedio para este otro virus que está corroyendo nuestro sistema democrático de convivencia, es también urgente.

Archivado en:

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído