Fulgencio Coll, portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Palma en una imagen de Twitter.
Fulgencio Coll, portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Palma en una imagen de Twitter.

Define el diccionario de la Real Academia el desvarío como algo dicho o hecho fuera de concierto. Así, y no de otra manera, puede definirse y entenderse la carta pública de Fulgencio Coll a través de un medio de comunicación nacional en su edición balear.

La consistencia democrática del que fuera Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra con Jose Luis Rodríguez Zapatero ha quedado en entredicho si a sus palabras nos atenemos. No cabe mayor deslealtad hacia las instituciones del Estado que poner en duda la legitimidad de un resultado electoral en el que toda la ciudadanía ha podido expresar sus preferencias políticas, desde la extrema derecha, en la que el ex general milita, hasta la izquierda republicana de Cataluña que él demoniza con sus palabras.

Y es que al otrora general se le puede aplicar aquello de que de casta le viene al galgo. Hijo de militar y nieto de militar, alcalde de Palma en la primera década de la España franquista, este ex general no ha tenido descanso entre quitarse el uniforme del Ejército y ponerse el traje de la extrema derecha como portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Palma.

Hasta ahí todo muy normal, en democracia nadie puede cuestionar las decisiones individuales y mucho menos que el señor Coll decidiera hacer de su capa democrática un sayo extremista. Pero también es verdad que Don Fulgencio, mientras tuvo una soldada más que generosa cada mes de las arcas del Estado, sufragadas por todos los españoles y españolas, no tuvo ganas de desvarío, es más, aceptó un cargo de confianza de un Gobierno socialista donde la retribución económica era más elevada, un silencio de los corderos bien pagado que ahora, desde su condición de pensionista de primer nivel, ha roto con sus desvaríos proféticos.

El señor Coll, con sus palabras, no sólo falta al respeto al conjunto de la sociedad democrática sino también a las propias Fuerzas Armadas, a las que él mismo ha mandado en el pasado y que cada día prestan un servicio impagable a España y también una inestimable contribución a la paz mundial. Así no mi ex general, así no se quiere a España, así no se respeta la Constitución que usted ha jurado defender. Con calentones antidemocráticos como el suyo no se sirve a la unidad de España ni a la prosperidad de los españoles, la democracia no es un capricho de unos cuantos, la democracia consiste en aceptar la voluntad de la mayoría cuando se gana y cuando se pierde, y parce no haberse dado cuenta de que usted y su partido han perdido, no hace todavía ni dos meses. Hágase un favor a usted mismo, honre su carrera militar ya acabada, deje que los procedimientos democráticos resuelvan la situación presente y persevere en sus ideales de extrema derecha que tan bien ha sabido ocultar bajo su uniforme bien pagado, pero deje a los españoles en paz con sus batallitas apocalípticas que estamos en Navidad.

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