Un niño, paseando con su padre, en una foto de archivo.
Un niño, paseando con su padre, en una foto de archivo.

Escribió Antoine de Saint-Exupéry: "Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos". Pues eso. Ellos son, ahora, los que sufren las consecuencias de la mala comunicación y a veces descoordinación del Gobierno. Ellos, como sus padres, esperaban la feliz noticia de los paseos controlados y con las, ya sabidas, medidas de distanciamiento social que todos llevamos a cabo.

Pero he aquí que les llevan a los supermercados para que acompañen a sus padres a los mandaos. Todos nos quedamos con los ojos a cuadros. ¿Cómo se van a meter los más pequeños, después de estar encerrados en casita, en la boca del lobo? Los adultos vamos con miedo. Inseguros mientras compramos rápido, huyendo y sin mirarnos a los ojos porque te encuentras gente, algunos sin mascarilla, que se agolpan en los lineales de los súper sin respetar la distancia de seguridad y te asalta el pánico. Al menos qué quieren que les diga, a mi me ocurre.

De tal modo que si es donde se concentra el mayor número de personas, de muy diferentes edades, en un mismo espacio cerrado... ¿vas a llevar a tus hijos al foco de más riesgo? Y en esta descoodrdinación el ministro para la Agenda Social, Pablo Iglesias, escribe en Twitter e Instagram, al mismo tiempo que el ministro de Sanidad ofrecía su rueda de prensa con la nueva medida, él se pone la medalla del "paseo". La rectificación, dice el ministro Illa, viene porque escuchan a todos. Pero, alma de cántaro, si no hay que ser experto en nada para saber que era un total disparate.

No pueden ir cada uno por su lado. Estamos exigiendo la unión de todos los partidos políticos, cómo no van a estar unidos y coordinados el propio Ejecutivo. Sabemos que están trabajando incansable e intensamente y con mucha presión , primero por los miles de muertos y por los contagiados que aún permanecen ingresados y los nuevos que aunque van bajando aún siguen los contagios. Y después por el gran impacto económico que está suponiendo la crisis sanitaria y de la que tardaremos en recuperarnos.

Todo este drama nada más comenzar a gobernar en coalición. Poco, muy poco tiempo han tenido para empatizar, trabajar desde los Consejos de ministros dos partidos distintos en un mismo Gobierno. Todo suma o todo resta. Todo estalló cuando aún no llevaban los 100 días de confianza que se le da a los nuevos gobiernos.

Complicada situación el drama que vivimos. Está claro, que unos más que otros al perder a sus seres queridos o sufrir la enfermedad en un hospital. Los que viven confinados en pisos pequeños, sin apenas recursos o con maltrato en las familias, ya ha habido varias mujeres asesinadas por sus parejas delante de sus hijos. Y es que este virus ha jodido la vida.

Nos dicen que, siendo prudentes, se va viendo algo de luz. No hay que perder la esperanza, pero a menudo se hace difícil. Vamos como una noria, a veces arriba otras abajo o dando vueltas como hace nuestra cabeza, pensando cómo será nuestro futuro. Y desde luego no está pero que nada claro. Sabemos que tenemos que seguir confinados pero cómo saldremos a partir del 9 de mayo. Esa es la expectativa que aún no está resuelta porque el virus sigue con nosotros, nos amenaza con rebrotes cuando se inicie la ansiada desescalada, que todos miramos como un comienzo del final del túnel.

Una luz que aún está lejos, si tenemos en cuenta que Alemania, el país de Europa que tiene la situación más controlada, ha suspendido su gran fiesta de la cerveza, la Oktoberfest, que se celebra entre finales de septiembre a octubre... No me digan que no da qué pensar y temer.

Nadie tiene la varita mágica de cómo va a desaparecer el bicho. Los científicos también van aprendiendo día a día de este virus con prueba-error. Está claro que uno de los avisos es la inversión en material sanitario y personal para próximas epidemias, así como la concienciación de todos los gobernantes y ciudadanos del mundo, del peligro que nos acecha con la destrucción del planeta por el cambio climático, aunque tengamos a un Trump por ahí.

Al menos nos queda la alegría de no vivir en EEUU donde la economía prima a la salud. O en Brasil, donde tienen a Bolsonaro. En estos casos, aunque la fe alivie a algunos, hay que creer más en la ciencia que en los milagros. Esto es un aviso, si no modificamos nuestras conductas y forma de vivir vendrán nuevas catástrofes. Oigamos pues a la naturaleza, que es muy sabia, y nos habla cada día.

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