El derecho internacional es lo realista, Ursula

"El derecho es el sustituto de la fuerza en las relaciones entre los hombres", Hans Kelsen

10 de marzo de 2026 a las 18:19h
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

Circula un supuesto realismo jurídico que niega la validez del derecho internacional porque carece de fuerza coactiva para obligar a su cumplimiento o sancionar a quienes lo incumplen. Esto es desconocer que una de las funciones centrales de las normas es servir como señales para la coordinación entre agentes tan complejos como los Estados. Lo cierto es que ese supuesto realismo jurídico no esconde sino una postura cínica de aceptación de la violencia y de la fuerza bruta. No lo llamemos realismo; llamémoslo por su nombre: cinismo. En verdad, la posición más realista es seguir el sistema de señales que hemos construido, y eso significa respetar y fortalecer el derecho internacional.

Ursula von der Leyen, con sus andares y poses de aristócrata europea, deja entrever tras esa escenografía institucional unos aires poco sinceros y algo inquietantes que parecen surgir de los sótanos más sombríos del viejo palacio político alemán. Ha afirmado que la Unión Europea debería abandonar la rigidez del derecho internacional y adoptar una política exterior más “realista”. Pero ese supuesto realismo no es sino el viejo lenguaje con el que se justifica el abandono de las normas comunes en favor de la fuerza, el cálculo de poder y la lógica de los hechos consumados. Llamarlo realismo es, en el fondo, un eufemismo: cuando las reglas dejan de importar, lo que queda no es realismo, sino simplemente la aceptación de que la política internacional se rija por la fuerza. El derecho internacional constituye precisamente uno de esos mecanismos institucionales de coordinación. A diferencia del derecho interno de los Estados, el derecho internacional carece de un poder central plenamente coercitivo que garantice su cumplimiento en todos los casos. Sin embargo, esto no significa que sea irrelevante. Por el contrario, su importancia radica en que funciona como un sistema de señales normativas que orienta las expectativas de los Estados y facilita la cooperación entre ellos.

Cuando los Estados reconocen y respetan estas normas, incluso de manera imperfecta, se crea un marco relativamente estable que permite: reducir la incertidumbre estratégica. Por ello, desde una visión realista de la cooperación entre agentes complejos, seguir el derecho internacional suele ser la estrategia más racional y estable para los Estados, incluso en contextos de conflicto o crisis. Ignorarlo sistemáticamente erosiona los mecanismos de coordinación que sostienen la paz y aumenta el riesgo de dinámicas de confrontación. Esta lógica se vuelve especialmente visible en momentos de tensión internacional, como las crisis europeas contemporáneas. Frente a posiciones maximalistas o manifiestos políticos que cuestionan el orden jurídico internacional ,como algunos pronunciamientos políticos recientes en el contexto europeo, la defensa del derecho internacional puede interpretarse no solo como una postura normativa o moral, sino también como una estrategia racional de mantenimiento de los sistemas de cooperación que hacen posible la estabilidad entre los Estados.

En última instancia, si entendemos la política internacional como un sistema complejo de interacción entre agencias colectivas (los Estados), el derecho internacional aparece como una de las infraestructuras normativas que hacen posible la coordinación a gran escala. Sin estos marcos normativos compartidos, la cooperación internacional se vuelve mucho más frágil y el sistema tiende a deslizarse hacia dinámicas de competencia desestabilizadora.

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