Democracia es una palabra griega

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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Es un lugar común que la Democracia se inventó en Grecia. Era la Democracia del ágora o plaza pública, todavía altamente excluyente con esclavos y mujeres. El referéndum, heredero en alguna forma de esa Democracia, aporta una mayor dosis de legitimidad a las decisiones que se hayan de tomar, al tiempo que refuerza la postura ganadora. Eso es lo que ha intentado y conseguido el gobierno de Alexis Tsipras el pasado domingo.

El pueblo griego ha rechazado la propuesta de acuerdo con la Unión Europea que se votaba. El NO a esta propuesta no supone que Grecia quiera salir de la Unión Europea y del euro. Quiere decir que ya están hartos de las imposiciones de una cierta ideología política y su correspondiente doctrina económica. La austeridad no ha servido en cinco años más que para hundir al país perdiendo su independencia económica. Se trata de una rebelión contra el austericidio. Rebelión que puede acabar como una tragedia griega si las instituciones europeas no toman nota del mensaje que han arrojado las urnas.

Pero no está claro qué actitud vaya a tomar la Unión Europea. Hasta ahora ha sido más bien una actitud mezquina que ha visto en el referéndum griego una oportunidad de hacer caer a un gobierno díscolo con sus políticas de austeridad. Esta actitud de la Unión Europea liderada por Alemania esconde en el fondo una mirada de desconfianza, si no más, hacia Grecia, y, por extensión, hacia los países del sur de la Unión. Parece haber caído en el olvido cuando precisamente Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, fue a la que se le ayudó con una condonación de su deuda gracias a la cual pudo comenzar el llamado “milagro alemán”. Condonación en la que también participó Grecia, por cierto. Debería haber un cambio en este asunto ante la evidencia reconocida por el propio Fondo Monetario Internacional de que Grecia necesita una quita en su deuda del 30% de su Producto Interior Bruto (PIB).

Pero más allá del tema de la deuda se trata de crear las condiciones para que ésta pueda ser devuelta. Las condiciones impuestas por las instituciones (antes la troika) han impedido durante los últimos cinco años un crecimiento económico en Grecia. De hecho, su PIB ha descendido un 30% desde el inicio de la crisis en 2008. Con la austeridad no habrá crecimiento y sin crecimiento no se devolverá la deuda.

Pero, ¿hay alternativa a los dictados neoliberales de la austeridad? Sí. Ayudando a Grecia. Ayudándole a poner en marcha las reformas necesarias pero de forma que no ahogue su economía, que no hunda la renta disponible y su demanda interna, con financiación y reestructuración de su deuda. En definitiva, rescatando a sus ciudadanos y a sus instituciones. Pero para ello la Unión Europea ha de querer. Ha de revitalizar el modelo social europeo. Con reformas, sí, pero mucho más equitativo que el modelo neoliberal que propugna desregulación y salarios cada vez más bajos, cuando los haya, para ganar productividad. Además de una profunda insolidaridad entre naciones. Lo único que se logra con ésto es una creciente desigualdad. Los ricos cada vez son más ricos y los pobres más pobres, y poco a poco, nos estamos quedando sin clase media.

¿Contra ésto que se puede hacer? Quizá poco. El poder lo tiene quién lo tiene y no creo que tenga intención de cambiar las cosas. Todo lo contrario. Mientras obtengan buenos réditos electorales en sus países no cambiarán. Así las cosas, a los países víctimas del austericidio al menos nos queda un recurso: hacernos oír como lo ha hecho el pueblo griego. Es una de las virtudes de la democracia, la que se inventó en Grecia hace más de 2.500 años.

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