Políticos discutiendo en torno al cambio climático, obra del artista Isaac Cordal.
Políticos discutiendo en torno al cambio climático, obra del artista Isaac Cordal.

Un mundo nuevo necesita nuevas referencias

En la primera parte de este artículo describíamos cómo y porqué hemos llegado hasta aquí, y una de las claves que nos obligan a enfocar de manera errónea nuestro bienestar quizás sea el PIB, y quizás en plena semana de la COP25 en Madrid estas líneas puedan servir para marcar el inicio del debate.

Quizás el PIB sea responsable en un alto porcentaje de las guerras por los recursos energéticos que desde finales del siglo XX se producen (Irak) o del derrocamiento y reposición con líderes “fiables” que defiendan la extracción de las riquezas naturales de sus países, (Ecuador petróleo, Chile cobre, Bolivia litio, Brasil cultivo de soja, Indonesia cultivo de palma), y quizás sea el responsable de que pronto, en la mitad del siglo XXI, comiencen las guerras por el agua a escala global.

Lo que sí es seguro, que el PIB nos ha hecho ignorar la gravedad del problema que conlleva este sistema depredador de recursos y personas durante décadas, y hoy las consecuencias se suceden en forma de muertes por contaminación y olas de calor, incendios forestales, migraciones forzadas como el primer migrante climático de Kiribati, escasez de recursos hídricos, agricultores arruinados por temporales, el Mar Menor muerto, aumento de las desigualdades y pérdida de oportunidades económicas. La realidad es que seguimos sin las medidas urgentes y estructurales que requiere esta crisis climática, ambiental, ecológica y energética, que sigue agudizándose. Y la realidad es que según miles de informes científicos, nos quedan tan solo 10 años para llevar a cabo cambios sin precedentes en nuestro sistema económico y social.

El crecimiento ya no es un valor de futuro, el estancamiento de la economía tiende a ser la nueva normalidad. La economía del siglo XXI tendrá un crecimiento bajo, nulo o negativo, y no permite enfrentarnos a la crisis ecológica, ambiental, energética y climática, por ello debemos ser capaces de observar las oportunidades que este estancamiento y este cambio de paradigma van a generar. Si ya no se puede basar una economía y una sociedad en el crecimiento “eterno”, busquemos y encontremos alternativas.

Para ello, primero debemos cambiar en el imaginario colectivo las bondades que supuestamente genera un crecimiento (imposible) del PIB y remarcar la idea que haya crecimiento o no del PIB es secundario, porque lo prioritario es cubrir las necesidades reales de la población respetando los límites biofísicos del planeta.

Hay que hacer compatible los derechos de las personas con la realidad finita de los ecosistemas (y de nuestra interdependencia como seres ecodependientes con ellos).

Debemos hablar cada vez más de calidad en vez de cantidad, aumento de sostenibilidad en vez de aumento de productividad, políticas de contención en vez de políticas expansivas o empezar a buscar nuevos indicadores socio-ambientales más allá del PIB.

La pregunta que hay que formular, ¿Es el PIB una referencia real del estado de una sociedad o debemos hacer frente a un cambio de referencia como el índice de felicidad de la ONU o la huella ecológica de cada país, región o biocomarca?

¿Qué preferimos, crecimiento del PIB sin empleo, como está pasando ahora, o empleo sin crecimiento, que es lo que va a continuar ocurriendo?

En la respuesta, proponer una prosperidad sin crecimiento ya no es un planteamiento teórico o ideológico de los verdes, es un puro ejercicio pragmático de la realidad.

Y como resulta imposible seguir creciendo y a la vez luchar contra el cambio climáticocumpliendo los acuerdos firmados en la COP21 en este nuevo camino debemos reciclar y optimizar lo existente, repartir las riquezas económicas, ecológicas y sociales, reducir lo superfluo, inútil e insostenible, cuidar de las personas y del entorno natural, apostando por lo sostenible, circular y compartido.

Es imprescindible iniciar una gran transición ecológica de la economía que lleve aparejada una transición social que no deje a nadie atrás.

Estas ideas deben ser las prioridades de un partido político y de un gobierno como desde EQUOproponemos, porque es más eficiente para salir de la crisis y además es el mejor antídoto para evitar la frustración social.

El empleo del futuro está en los sectores verdes, que desbancarán por calidad y cantidad a los empleos marrones actuales, y la frustración que generan las propuestas populistas de unos y otros, incumplibles ambas porque incluyen promesas de crecimiento infinito en un escenario que no vamos a encontrar, ayudan al repliegue identitario que estamos presenciando, o a la búsqueda de respuestas excluyentes y xenófobas de la extrema derecha.

Transmitir que “no hay planeta B” es lo más responsable de cara a garantizar los derechos de las personas, la justicia social y ambiental, así como un futuro sano y salvo para nuestros hijos. Como dice la confederación sindical europea: no hay empleo en un planeta muerto.

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