Un pasado encuentro de Hombres por la Igualdad en Jerez. FOTO: MIGUEL MONTEOLIVA S.
Un pasado encuentro de Hombres por la Igualdad en Jerez. FOTO: MIGUEL MONTEOLIVA S.

En la historia del feminismo siempre hemos encontrado hombres cómplices, hombres comprometidos en los avances de las mujeres, convencidos de que los derechos de las mujeres son derechos humanos; estos hombres que nos acompañaron y nos siguen acompañando también han sufrido desprecios e incomprensión, insultos o humillaciones.

Renunciar al poder y a los privilegios no siempre es comprendido, y menos por lo que nunca piensan hacerlo, ¿quién entiende que hay hombres que quieren huir de la jaula de oro de la masculinidad? Esa masculinidad hegemónica, heteropatriarcal, no admite traidores, y para insultarlos busca todo tipo de palabras más o menos groseras, en los últimos días hemos escuchado una de ellas: planchabragas.

No sé si a los hombres de Seneca Falls, lo que en 1848 suscribieron la Declaración de sentimientos, le llamaron traidores a su género, solo sé que estos treinta y dos hombres votaron, tras horas de debate, la Declaración que inició el movimiento feminista en Estados Unidos.

Estos días hemos visto también hombres frente al autobús de Hazte Oír con una pancarta en la que se leía "Sois la prueba de que necesitamos el feminismo". Se trataba de varios miembros de una asociación de hombres en pro de la igualdad que han dicho que los hombres son "culpables" de su propio machismo y que, en el siglo XXI, debería haber una "revisión de la idea de la masculinidad", son los nuevos “Seneca Falls”.

Y no son los primeros, los hombres llevan décadas formando grupos de igualdad, cuestionando sus roles de género, revisando la idea de masculinidad y los roles tradicionales que también se les han asignados durante siglos, son los hombres por la igualdad de Sevilla, de Málaga o Jerez, que llevan más de un cuarto de siglo en la lucha.

Pero el machismo reclama al hombre que demuestre permanentemente su condición viril, el macho tradicional, el que quiere tener un arma en casa para defender su pan y a su hembra, el hombre que monta a caballo, como un anuncio, como el hombre Marlboro, el hombre del lejano oeste o de la estepa rusa.

El hombre que debe dejar claro quién manda, el que pone orden, el general que se une a una lista electoral para defender los valores perdidos.

Y entre tanto militar, tanta arma y tanta propaganda, vuelven los “provida”, y “la maternidad es el mayor dese de cualquier mujer”, un privilegio que nos ha concedido la naturaleza a cambio de negar la brecha salarial, y seguimos escuchando a los hombres que definen a las mujeres por su ternura, la generosidad, la entrega, el cuidado, los valores femeninos.

Y, en medio de este caos, una amiga me pasa un vídeo de los que circulan por las cuentas de WhatsApp, destinado a los hombres valientes y los hombres buenos, “a los que tenemos que pediros perdón por unas pocas y locas, porque habéis perdido la presunción de inocencia” y “porque no existe eso del patriarcado”. Y encima me dice jocosa que no me suba por las paredes, cuando estoy ya sacando el traje de wonder woman del armario.

Los hombres de Seneca Falls, los planchabragas, los hombres a los que amo y admiro, son los que militan por la igualdad, no solamente los modifican algunas de sus actitudes, es mucho más que eso, es comprometerse y cuestionar, son los nuevos hombres feministas, los que quieren tener relaciones igualitarias, los que quieren desprenderse de privilegios no elegidos, y escoger un futuro en el que no importe si naciste hombre o mujer.

Soledad Pérez es Portavoz Igualdad de Políticas Sociales y Conciliación y diputada del PSOE-A en el Parlamento de Andalucía.

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