¿Democracia? ¿Qué democracia?

Han comenzado mis clases del segundo cuatrimestre en la universidad, último curso de Periodismo, la inmensa mayoría de mis alumnos pasarán de ellas, buscarán el contenido de la asignatura en la IA y en buscadores normales y corrientes

Una atención a medios antes de entrar a los Juzgados de Sevilla.
01 de febrero de 2026 a las 07:10h

Esto del gobierno del pueblo siempre ha sido cuestionado y ahora lo está siendo más, conforme el personal va tomando conciencia del asunto y además se ve en apuros socioeconómicos porque de lo contrario la gente traga con todo, me acuerdo de la viñeta de Forges en la que se ve a dos ciudadanos conscientes y uno le está diciendo al otro, refiriéndose a la ciudadanía alegre y confiada, algo así como: “Están muertos, pero mientras sigan cobrando no se enterarán”.

¿Un mal necesario?

Efectivamente, no sé si nos estamos enterando bien de lo que ocurre. Para empezar, el mundo democrático -como el totalitario- se ha llenado de alarmas antirrobo y de cámaras y otros utensilios para vigilar que todo esté en orden al tiempo que, gracias a Internet, vivimos fichados y nuestro móvil chiva cada uno de nuestros movimientos. Hasta acusan a los televisores inteligentes de espiarnos. ¿Es normal que la democracia haya llegado a esta situación?

Que el programa de un partido político vencedor en unas elecciones pase de la teoría a la práctica es pura coincidencia. Cuatro años o más gobernando y cobrando bien para luego irse a casa sin ninguna responsabilidad penal e incluso con una paga adicional cuando se incumple lo expresado y se engaña a millones de personas que puede que vuelvan a votar lo mismo.

En lo económico cotidiano, en realidad no somos dueños de nuestro dinero, un alud de requisitos telemáticos retiene el acceso totalmente libre a nuestros ahorros bancarios, si los hubiera. A eso se une que los bancos no se pertenecen, son de los fondos de inversión que han logrado el don de la ubicuidad

En cuanto a la separación de poderes, el ejecutivo no es independiente del legislativo, sino que éste elige al otro y ambos se besan y riñen cual infantes entre ellos y con los otros. Y los dos partidos mayoritarios se reparten el judicial. Y el jefe del Estado en España es un adorno que se deriva de los cuentos de hadas, príncipes y princesas y hasta del deseo de poder y del miedo de los ciudadanos que necesitan sueños y padres protectores.

De todas maneras, la democracia, como idea, sigue siendo una especie de mal necesario -diría mi maestro Nietzsche- que llegó a topes demoledores de disipación cuando se hizo más igualitaria todavía permitiendo votar a quienes están aún menos dotados intelectualmente que el elector medio y, ahora, a nietos, bisnietos, etc., hijos de exiliados y emigrantes que de España tienen aún menos idea que los propios españoles despistados que son legión. Esto ya no es democracia plena, si es que alguna vez lo fue, sino democracia de pena. Sirve no obstante para que el Poder siembre eso que Chomsky llama “Ilusiones necesarias”.

Hoy, con un buen smartphone, nos creemos los emperadores del chachachá. Si se le acaba la batería nos tornamos en miserables sin techo. Al Poder es evidente que la democracia le estorba, entonces debe hallar nuevos caminos de dominio: lo digital. Aunque salga perjudicado y no pueda campar a sus anchas, al menos lo esencial no lo pierde, suelta escasa calderilla para los demás y él se queda con el euro.

Dijo Alfonso Rojo desde las pantallas de su televisión “fangosa” llamada Periodista Digital que no nos vamos a enterar ni de lo que pasó con el apagón ni de lo que ha ocurrido con las catástrofes de los trenes, sobre todo del horrible choque de los dos en la provincia de Córdoba. No me extraña. Desde que empezó la democracia en las elecciones de 1977 ningún político me ha echado para atrás, ahora me ha sucedido por primera vez: me da arcadas el ministro de Transportes, Oscar Puente, es vomitivo que un teórico representante de todos los españoles se dedique a insultar por las redes sociales y además no tenga curriculum para ser ministro de lo que es, algo, por cierto, que es el peor mal que padece España: aquí, antes de mirar un CV, comprueban si se es experto en succionar traseros o hay amiguismo y docilidad de por medio. Y eso no sólo ocurre en los aledaños del PSOE, es otro deporte nacional, como la envidia.

El Poder te pone el caramelo en la boca y cuando empiezas a deglutirlo te das cuenta de que no es tuyo y de que la democracia como farsa es también asunto de los gobernados supuestamente demócratas. Antes me he referido a la viñeta de Forges en la que, para ciertos ciudadanos, por supuesto demócratas, lo importante no es la democracia y su propia dignidad sino agarrar el dinero público y correr.

Compadre, vámonos de bares

En octubre de 2025, la Confederación Empresarial de Sevilla (CES) alertaba de lo que consideraba un problema muy grave que afecta a todos los sectores de la producción. Sevilla estaba perdiendo 1.351 millones, un 2,85% de su PIB, por falta de trabajadores para cubrir vacantes en empresas. ¿Por qué pasaba esto teniendo Sevilla un paro cercano al 20 por ciento? Por no contar los aspirantes con la cualificación que requieren las empresas. Pues nada, se trinca el dinero del paro y para delante. Que el déficit lo paguen sus hijos, nietos, biznietos…

En la radio escucho un anuncio de un ciudadano que está muy contento porque gracias a que ha instalado unas placas solares no ha pagado nada en electricidad. Se lo cuenta a su compadre y ambos deciden gastarse en un bar lo ahorrado con Endesa. No está mal el ocio, sin embargo, quizás hubiera sido mejor que el dinero de más se hubiera guardado para reciclarse en un mundo donde el trabajo se está dividiendo en camareros y programadores de Inteligencia Artificial que están inventando robots para sustituir del todo a los camareros.

Por la ventana que tengo en el lugar desde donde escribo veo una obra. Han derribado una casa para construir un pequeño edificio de apartamentos con una lentitud pasmosa, sea por burocracias o por lo que sea, ya se sabe que en Sevilla las cosas van muy despacio siempre, menos si se trata de tener las calles a punto para los pasos de Semana Santa, el alcalde se está dando muchísima prisa en este sentido, él mismo es un amante de las procesiones y plurihermano cofradiero. Y tiene elecciones pronto.

En la obra frente a mi ventana, en ocasiones veo a un albañil poniendo ladrillos tranquilamente en lo que van a ser las paredes de las habitaciones. Desde hace años, eso lo puede hacer un robot y en mucho menos tiempo del que utiliza el operario humano. Si no se está implantando ya en el mundo es por el mismo motivo por el que no tenemos mucha más IA por ahí: por miedo del Poder a la reacción social.

Han comenzado mis clases del segundo cuatrimestre en la universidad, último curso de Periodismo, la inmensa mayoría de mis alumnos pasarán de ellas, buscarán el contenido de la asignatura en la IA y en buscadores normales y corrientes. Se estrellarán en el examen, pero al menos lo intentarán, sus matrículas las paga la Junta y sus papás…, ¿para qué esforzarse ni madrugar? Puede que si sólo les queda una asignatura para terminar la carrera desde otras instancias les pasen la mano, yo no lo haré, desde luego, salvo órdenes por escrito desde arriba. Si los convocan a elecciones como mucho van a votar el 10 por ciento, ¡viva la democracia y los esfuerzos por construirla y conservarla!

Mi democrático Rectorado -surgido desde la política- desea que unos alumnos absentistas voten la calidad de nuestras clases y a veces oigo la argumentación oficial de que si no van a clase los alumnos es porque no los estimulamos. ¡Hay más política que rigor académico en las alturas gestoras de la universidad!

¡Nada de lo mejó der mundo!

El mundo que, por lo general, nos espera, es la IA y el que no espabile puede seguir pensando en lo buena que es la democracia, en Sevilla como lo mejó der mundo y creyendo que Sevilla es sólo el centro histórico con las cofradías pasando mientras la infraestructura de la ciudad es la peor de las de su clase en la UE, no hay forma de regresar a casa en un transporte público si te dan por ahí las doce o la una de la madrugada en un día normal. Y no hablo sólo de la ciudad sino de la otra ciudad que ha crecido pegada a la de siempre: en total, casi un millón y medio de personas, muchas de ellas jóvenes, que no tienen derecho a moverse como quisieran a menos que sea en taxi.

El pueblo vota para evitar esto, pero la línea 1 del metro tardó treinta y tantos años en estar terminada. Como los buses, se recoge a la hora de las gallinas y ya no hay más líneas de nada. Silencio. Nueva York, la ciudad que nunca duerme. Sevilla, la que siempre está dormida y a los que quieren trasnochar algo no los dejan.

Dios me lo dio, Dios me lo quitó

Democracia es igualdad, dicen. ¿Igualdad? ¿Vale igual el voto de Larry Page y de Serguéi Brin, fundadores de Google, que el mío? Con veintipocos años colocaron las bases de Google. Pues sí y pues no; sí valen lo mismo que el mío, pero no. Y ya sabemos que tampoco vale igual el de Bill Gates que el de la inmensa mayoría de la sociedad. Una docena de milmillonarios poseen un dinero similar al de la mitad de los habitantes del planeta, según Oxfam. Pagar a Hacienda y la democracia para este personal debe ser un quinario, pero como el que hace la ley hace la trampa han logrado que el mundo digital y de IA que impulsan esté mandando al llamado pueblo a freír espárragos con la colaboración de ese mismo pueblo, ¿no es maravilloso? De ahí que, en efecto, la democracia sea el menos malo de los sistemas.

Les pongo un ejemplo casero para apoyar un poco el sí, pero no. YouTube es de Google. YouTube cada vez te fríe más a publicidad al tiempo que te permite eliminar esa publicidad. O sea, te permite “votar”, “gobernar”. Cuando has consultado eso que se llama un tutorial y has logrado deshacerte de la publicidad aparece el Poder de Google-YouTube con un letrero que, primero, te advierte que no está permitido navegar por YouTube cargándose la publicidad. Luego pretende meterte sentimiento de culpa por todas las personas que pierden dinero a causa de que yo he eliminado la publicidad. Pobrecitos. Más tarde, llegó un momento en que mi pantalla se fundió en negro y aparecía la publicidad con sonido, pero sin imagen. El siguiente paso fue que regresó la publicidad.

Es decir, Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea su santo nombre. Vuelvo a usar el derecho que se me ha dado, de nuevo me he cargado la publicidad con las mismas armas democráticas que YouTube me ofrece. Y está ya empezando a advertirme que eso no se hace. Comprendí entonces la causa por la que cuando el Poder estima que el pueblo se ha equivocado votando a un izquierdoso o a un derechoso, tarde o temprano el Poder te endosa un golpe de Estado blando, cruento, blanco, naranja o negro. Comprendí con YouTube, al fin, el sentido más profundo de la democracia.

La venta del Sevilla FC

Vamos con otro ejemplo esta vez más humilde pero también poderoso. El Sevilla FC está siendo vendido y ya veremos a quién. Ahí está el asunto. ¿De quién es el Sevilla FC? ¡De sus socios!, responde al unísono el marketing oficial. No, de los socios accionistas con mayor número de acciones en su mano, para esos lo que dice el himno del equipo -“sevillista seré hasta la muerte”-, es algo que debe ser matizado y mucho: hasta la muerte, pero con los bolsillos mientras más llenos, mejor, primero está mi bolsillo y luego el Sevilla FC.

Desde Radio Sevilla, los excelentes periodistas Santiago Ortega, Manuel Aguilar y Florencio Ordóñez -consuelos de mi vejez- comentan una y otra vez la poca transparencia de los aspirantes a la compra. Ellos -como todos los buenos periodistas- saben que en este caso la democracia pasa a un segundo plano y que donde se mueve dinero hay silencio porque el dinero es miedoso y cosa de pocos que fríen sus comidas quedamente y lo más lejos posible del mundanal ruido.

Ay, ay, la democracia termina donde empieza el dinero, los aficionados de cualquier equipo tienen derecho a chillar en el campo -como en el anfiteatro romano- pero, cuando llega la hora de la verdad, la democracia, su igualdad y su transparencia salen a patadas por las ventanas. Tarjeta roja para el seguidor de a pie, sea o no socio, a menos que sea supersocio. Así es la vida y su democracia, o la tomas o la dejas.

Pérdidas y esperanzas

Sevilla puede perder el control del equipo futbolero que lleva el nombre de la ciudad a favor de inversores de otras latitudes. Sus actuales propietarios -que son de Sevilla- desean desprenderse del Sevilla FC. Sevilla ha perdido ya muchas grandes empresas -el Sevilla FC es una empresa-. Entre 2008 y 2015, Sevilla perdió el 25 por ciento de su tejido industrial. Se largaron Puleva, Roca, Danone… Antes se había ido Gillette. Se largó también Altadis a pesar de que en Sevilla se abrió la primera fábrica de tabacos de Europa. Se acaba de ir Ayesa, comprada por los vascos y su banca (en Sevilla no hay banca y Unicaja, la malagueña, tal vez se la coma el Santander). Ya veremos qué pasa con los trabajadores sevillanos de Ayesa, por lo pronto el prestigio y los impuestos se van para arriba.

¿Qué poder tenían y tienen los democráticos representantes políticos para detener esta dinámica? Ninguno. O tienen miedo de ejercer el que ostentan. Hacen lo que pueden y lo que logran es retratar el verdadero significado de la democracia. Manuel Chaves nada pudo contra el abandono de Altadis a pesar de toda su palabrería. A nivel nacional, Pedro Sánchez vio marchar a Ferrovial. Y a callar, oh, teórico presidente de los españoles, defensor del obrero y del vulnerable reprimido. A callar, oh, sindicatos llamados de clase.

Nos quedan algunos consuelos: Tech Sevilla (el Parque Tecnológico Cartuja) y Aerópolis, junto con Persán. Qué manía tienen los grandes propietarios andaluces de vender sus firmas cuando se vuelven poderosas (Cruzcampo, Ayesa…) o de tirarlas por tierra cuando han conseguido levantar un imperio empresarial (Abengoa).

¡Así cómo va a existir un poder andaluz auténtico! Así lo que hay son grupitos andalucistas dispersos que se creen progresistas. A mediados de los 90, la Junta de Andalucía vio cómo se le desmoronaba del todo Hytasa, líder en la industria textil, fundada por Queipo de Llano que lo mismo ejercía de genocida como de benefactor del obrero. ¿Dónde está el poder andaluz democrático?

La farsa monea

P’a qué seguí. La democracia es como la farsa monea, que de mano en mano va y ninguno se la quea de verdad. Pero da el pego y viste. ¿Libertad de expresión? Este mismo artículo se puede publicar aquí, en lavozdelsur.es, y poco más, en otros lugares mediáticos lo mirarían con lupa o lo echarían para atrás. Claro que la culpa es mía, soy una porquería de periodista, no valgo, y aquí me permiten estar porque son buena gente y se apiadan de mí, por ahora.

Sin embargo, conozco a periodistas antiguos alumnos míos (hombres y mujeres) que sí que valen y mucho y los censuran, no puedo decir nombres, entonces los censurarían más y son jóvenes, no un viejo acabado pensionista como yo. A los intelectuales librepensadores nos han apartado poco a poco de la circulación. La cosa viene desde la llegada de la democracia en España cuando el grupo Prisa fabricó a sus propios “intelectuales” algunos de los cuales se han rebelado contra el Poder de ese grupo.

A nivel mundial, desde la guerra de Corea hasta hoy, EEUU consideró que los intelectuales eran muy seguidos por la juventud y que había que separarlos. Así fue. Ahora hasta los progresistas demócratas aplican la cultura de la cancelación en la misma democracia. Si dices que no te gustan las aceitunas con anchoas te acusan de un delito de odio contra las aceitunas con anchoas y te prohíben hablar de ellas y de todo en cualquier sitio. En efecto, la democracia es una desgracia que hay que aguantar. Como dicen muy a menudo en las películas yanquis: “¿Tienes una idea mejor?”.