El gran maestro de esta corriente de la derecha ortodoxa que tenemos a la vista es el profesor Donald Trump. Sé que lo correcto para quienes se consideran progresistas es decirle de todo menos bonito. No me importa escuchar esas opiniones, calificaciones y descalificaciones, dirigidas a Trump o incluso a este humilde plumilla que les habla. Son lógicas en mentes ligeras. Me parece que esas actitudes son las más fáciles, tópicas, cómodas y, por tanto, superficiales. Disiento de ellas, pero cuentan con mi comprensión.
Billy "el Senior"
Como estudioso y profesor de las relaciones entre el Poder y la Comunicación, para mí Trump es un personaje que cada día me ofrece clases prácticas de lo que en realidad es el Poder. Su transparencia es asombrosa y muy de agradecer, la única moral que respeta es la suya y está centrado en el futuro de su país, Estados Unidos. Se equivocará o no, pero a nadie engaña si se le escucha o se le lee con atención. Su mensaje es claro: aquí se hace lo que a mí me dé la gana, voy a limpiar el mundo de tonterías y obstáculos que puedan afectar al progreso de USA y si es necesario me haré con territorios y riquezas que permitan que en el futuro USA no sea devorada por mis principales enemigos: Rusia y China.
En política interior, el movimiento woke es sencillamente una muestra de debilidad que siembra confusión en la gente y que está resucitando manifestaciones espirituales y mentales a las que ese movimiento creía estar superando. Ecce homo, he ahí al hombre que lo combate y lo odia, podrá seguir así hasta que se lo permitan quienes mandan más que él en USA. Entonces, si la cosa se tuerce mucho, puede que una bala ya no le impacte en la oreja sino en un lugar más efectivo, a nadie se lo deseo. Mientras, el sincero pistolero Trump es ahora mismo el hombre más rápido del Oeste, es un Billy en este caso “el Senior” -no el Niño- que se arriesga a que pueda llegar un Pat Garret y termine con sus bravuconadas. No creo que el tal Garret proceda de Europa que es una jaula de grillos, por el momento, fastidiando a su propia riqueza rural, sin ir más lejos. Primero con Marruecos, ahora con Mercosur.
La vivacidad trumpista
No hacemos más que especular con el destino del mundo cada vez que el profesor Trump termina una de sus polémicas clases. Yo estoy muy distraído con la vivacidad de este hombre a nivel personal y político. El tío es millonario, pocos años mayor que yo, podría estar tocando la bandurria o el banyo en uno de sus chalets y rascándose los cataplines. Y sin embargo le ha dado por arreglar el mundo.
Por su culpa y la de la actualidad frenética de nuestros días —el humano queriendo ser cada vez más moderno en un frenesí de no te menees— cuando ni me dé cuenta estaré como ya he visto a tantos de mis amigos y conocidos: en un ataúd, metido en el frigorífico acristalado de un tanatorio, expuesto o con la caja cerrada ante los visitantes. Eso si la casco de forma natural y no por ahí o desaparezco sin dejar rastro porque me devore un cocodrilo en Tailandia.
Ahora y siempre —más en estos tiempos de elecciones— no hago más que leer, ver y escuchar noticias de proyectos para 2030, 2040, 2050, ¡hasta 2100!, y las leo para a continuación o de inmediato darme cuenta de que yo ya estaré criando malvas y que para qué tanta lectura futurista que acaso sea mentira o se retrase mucho más de lo que anuncian unos u otros.
La lección del profesor Trump es estar ahí, sembrando o jodiendo el futuro, se fue del hospital en su día con el covid sin curar, le pegan tiros y o no le dan o le “acarician” el pestorejo, se pasa los crónicos insultos por el arco del triunfo y se desahoga insultando él también. ¿Qué más se puede pedir cuando les exigimos a los hombres públicos que digan la verdad y sean sinceros? Usa la mentira para alcanzar sus fines, ha despertado a Maquiavelo, a Hobbes, incluso a Nietzsche. Su objetivo -que su país sea el más grande y temido- justifica sus medios. Y actúa así porque está convencido de que el hombre es un lobo para el hombre y él quiere ser el lobo más poderoso.
Dios está con él
En cuanto a Dios y Nietzsche, Trump no actúa como si hubiera muerto el Todopoderoso, sino que lo adapta a su estrategia. Hay una gran diferencia entre Trump y ese amplio número de hipócritas y débiles líderes y ciudadanos latinoamericanos que intentan reflejar la mentalidad atrasada de la España del cerrado y sacristía que heredaron de nosotros. Delcy afirma que su destino lo marca Dios, Maduro estaba todo el día con Dios en la boca, hasta Chávez colocaba una enorme sábana con la figura de Jesucristo en sus mítines o actos públicos.
Latinoamérica es la zona mundial donde el Dios católico-cristiano más añejo está muy a menudo en la boca y el subconsciente de un enorme número de sus habitantes, lo sé por experiencia in situ y fuera de allí. Es una herencia de la debilidad religiosa: “que sea lo que Dios quiera”, “estamos en manos de Dios”, “ya Dios nos marcará el camino”. Es la línea “ideológica” del conformismo, la mente de la dependencia, la utilización del Otro para ahorrarte la responsabilidad que tienes en la vida mientras que en tu vida real privada haces cosas que poco tienen que ver con ese Dios al que te entregas, pero en los retos grandes delegas en Dios que estará muy agotado de tanto como se le pide.
Trump no pierde el tiempo en eso, cree que Dios está con él y con USA (América, han dicho siempre los estadounidenses, el país sin nombre, estadounidense es palabra que no existe en inglés). Se halla unido Trump a los judíos que se sienten el pueblo elegido (también se sienten así los USA). No tienen que estar lamentándose por encontrarse “en un valle de lágrimas, gimiendo y llorando”, al revés, el trabajo gringo-judío no es un castigo, sino que suele agradar a Dios.
Trump actúa, decide y se atiene a las consecuencias, sabe que sus acciones están en la línea de la voluntad de Dios, asume su responsabilidad vital. Por eso vencerá o perderá, pero no se dejará llevar por la indolencia. Por eso el mundo lo controlan, por el momento, judíos y protestantes, los grandes impulsores de la ciencia y el capitalismo que asumen su derecho a equivocarse y se arriesgan a sufrir la cólera de Dios, pero no están lloriqueando y dejando su destino en manos de nadie como ha hecho la tal Corina con Trump esta semana.
Meternos más en el Poder
Al señor Trump sólo le queda -para completarnos la lección práctica de lo que es la vida- meternos en sus reuniones privadas con sus asesores, su gobierno y las fuerzas político-empresariales a las que representa. Eso sería demasiado ya que, como he dicho otras veces, el Poder es poder porque tiene mucha más información que nosotros -y además interpretada-, porque está más unido que nosotros, receptores ancestrales del pan, circo y ahora Netflix y rebajas.
Nuestro papel es el de especular, polemizar e insultar. Leo a algunos cerebros a los que considero brillantes y van en la línea especulativa de que Trump previene para que en la futura guerra nuclear USA esté preparada y venza. Para ello necesita más materias primas y más espacio vital (América Latina, Groenlandia, Panamá, Canadá).
Otros afirman que Trump no desea eso, sino delimitar zonas controladas por las grandes potencias (USA, China y Rusia), unas zonas en las que las tres tendrán más o menos el campo libre para actuar sin que las otras se metan en nada. Trump, en este sentido, ha declarado -con su transparencia- que con Putin y con Xi Jin Ping se puede entender, no con esos dirigentes que hoy están en Pinto y mañana en Valdemoro. De hecho, Trump sabe dónde se encuentran sus límites. Además, Roma no paga vagos, traidores ni lametraseros, de ahí que desprecie a Europa.
Nada nuevo en la Historia
Lo que persigue Trump no es nuevo en la Historia, todos los imperios han obrado así, si las leyes obstaculizan sus supervivencias, se las saltan, salvo cuando dan con alguien que es tan bruto o más que tú y para sobrevivir ha fabricado los misiles tan destructivos o más que los tuyos y está convencido de que te los va a lanzar. En este sentido, Trump se ha topado con Rusia, China, Corea del Norte, India y hasta Irán, todos están dispuestos a morir matando.
Por tanto, ya sabe el profesor Trump dónde tiene la línea roja. Pero quede claro que toda esta dinámica que se trae el pelirrojo entre manos y cejas no ha funcionado en la época actual. Si lo hubiera hecho no estaríamos como estamos.
El Concierto de Naciones Europeas nacido en el primer decenio del siglo XIX con Austria, Prusia, Rusia, Inglaterra y Francia, ofreció relativamente buenos resultados durante cuarenta años para al final empezar a saltar por los aires en el mismo siglo XIX y sobre todo con la Primera Guerra Mundial. El Nuevo Orden Mundial de Bretton Woods (1944) ha terminado fracasando. El Nuevo Orden tras el derrumbe de la URSS no ha sido tal porque Rusia ha revivido y ahí la tienen y porque China tomó nota y se apuntó al capitalismo comunista. La globalización no convence a muchísimas personas debido a la repugnante actuación de una minoría de sujetos que deben haber perdido del todo la razón, ebrios de unas riquezas que dominan sus mentes.
Llega ahora el Requetenuevo Orden Mundial con Trump al frente y otros diciéndole a mí ni me toques. Aunque se repartan el mundo las tres superpotencias eso no va a arreglar nada a largo plazo porque mucho personal va a quedar descontento, porque el humano vive más allá de acuerdos comerciales, económicos y geoestratégicos -necesita además mucha espiritualidad- y porque la supervivencia del humano no está eternamente dependiendo de lo que otros le hayan diseñado. El humano no es centrípeto, es centrifugo.
El germen del fracaso
Por desgracia, a pesar del tiempo transcurrido, hay ideas del materialismo histórico marxista que aún deben tenerse en cuenta. En este caso, aquella que afirmaba que todo sistema -el capitalismo en este caso- lleva en sí mismo la semilla o germen de su propia destrucción. También le ha ocurrido al llamado chavismo, al bolchevismo, le está ocurriendo al castrismo, le ocurrió al fascismo y al nazismo. Y, si no nos vuelven absolutamente trepanados, imbéciles, esclavos del ciber, le ocurrirá al proyecto que tiene en la cabeza Donald Trump, a quien, sin embargo, se le agradecen sus clases rudas, maleducadas, insolentes, calumniosas, pero prácticas y tremendamente reales.
Y es que aquí estamos hablando de minorías con Poder, no de las masas que van y vienen. Las lecciones prácticas de Trump nos enseñan que si él se toma el mundo como si fuera un desván, su desván, en el que hace y deshace a su antojo, los demás pueden actuar de la misma forma. El pacto hobbesiano de no agresión que firman los humanos para no destrozarse salta hecho añicos y ése es el germen del fracaso de las chulerías de Trump en política exterior.
El citado pacto evita que todo sea colusión y que se pase a un tipo de cooperación a la fuerza, cooperación llena de defectos pero que, a pesar de ello, nos ha traído alguna tranquilidad. Lo que este mozo enseña es que él es quien la tiene más larga y eso, amigo, es empíricamente no comprobable, no siempre gana Goliat ni los más bocazas ni las razas supuestamente mejores.
Usted, señor Trump, posee cohetes mortales de necesidad, sí, pero en el seno de una sociedad en descomposición que puede caerse por sí sola; si Europa estuviera unida y fuerte, no contagiada por el virus de la posmodernidad, su país, señor Trump, duraba menos que una pompa de jabón. Y sin disparar un tiro. China y Rusia -que es Europa- atesoran cientos o miles de años de experiencia, su país es un recién nacido, un nuevo rico con soldados ingenuos que cuando ponen pie en tierra se desmoronan tarde o temprano.
¿Cuál es la solución entonces? La puedo decir, pero conste que es también mera especulación: la solución es eso que se llama capitalismo o liberalismo ético, de rostro humano. “La prudencia es la virtud que obtenemos de la búsqueda de nuestra propia felicidad”, “la justicia es el interés propio de no hacer daño al prójimo” (Adam Smith). “Los gobiernos existen para proteger los derechos naturales de los individuos (vida, libertad y propiedad) y si un gobierno no cumple con esta función, los ciudadanos tendrán todo el derecho de rebelarse” (John Locke). Hasta el presente, expresiones liberales demasiado hermosas para ser reales ya que parecen presuponer la bondad natural del propio humano, algo que, por el momento, es falso.
