Cronista de lo cotidiano: te quejas por 'tó'

Este personaje responde en muchas ocasiones a seres humanos reales que acuden a la consulta pública, poniendo en juego los límites del conocimiento y la paciencia del personal sanitario.

31 de marzo de 2026 a las 09:28h
Una ambulancia.
Una ambulancia. MANU GARCÍA

No hay remedio, no hay palabras suficientes para retratar tu queja. Tu vida es un interminable relato de situaciones en las que te has visto perjudicada: una queja interminable. Nada parece tener solución ni reparación alguna. Cuando algún amigo o familiar te propone alternativas describes tu situación como sin salida.  Al tiempo que te quejas sin cesar dices estar resignada porque es el destino que te ha enviado todos estos sinsabores.

Alternativamente tus temas de queja se remontan a tu infancia y la injusticia de tus padres y hermanos para contigo. Luego pasas a tu situación actual con tu marido, hijos, incluyendo también a familiares y amigos.

Las intervenciones quirúrgicas, que recuerdas con memoria detallada, día, hora, médico, clínica, son otros de los motivos que provocan tu malestar. Generalmente te has encontrado con profesionales poco dados a dar las explicaciones precisas que tu necesitabas, y los post-operatorios han sido un calvario porque no te sedaron convenientemente. Amén de la falta absoluta de comprensión por parte aquel amigo o familiar que te visitó muy de tarde en tarde. Aseguras que aquellos que fueron a verte, lo han hecho por simple obligación, por quedar bien, no porque se preocupen por ti sinceramente.

Estás convencida que tienes una enfermedad psíquica incurable, porque a pesar de haber visitado psiquiatras y psicólogos en distintos momentos de tu vida, ninguno ha sido capaz de comprender adecuadamente tu situación y dar como dices tu “con la tecla”, con la medicación mágica que te sustraiga del infierno en el que dices vivir.

Has buscado en internet algún diagnóstico que responda a tus síntomas. En alguna ocasión se lo has comentado al psiquiatra y/o psicólogo pero ellos no te dan la razón y en cambio te dicen que debes poner un poco de tu parte y procurar levantarte de la cama. No abandonas las sábanas. Arrebujada entre las mantas comes, bebes, ves la televisión, los días pasan interminables. Por supuesto que no te miras al espejo ni te maquillas. Incesantemente te dices: ”¿para qué?”. La frase que a menudo escuchas y te llena de impotencia es: “¿de qué te quejas?, te quejas de toó y con nada estás satisfecha”.

Nadie te entiende, vas a los médicos segura de que tienes tal o cual enfermedad. Te hacen pruebas, no encuentran nada significativo, y nuevamente sientes y piensas que tal vez no han descubierto aún la enfermedad que tu padeces: “los médicos no tienen que saberlo todo”, comentas.

Te entusiasmas a veces con alguna compra que haces de un objeto que publicitan por la tele, suelen ser joyas de un cierto valor que puedes pagar en cómodos plazos. Lo ocultas a tu marido, imaginas  que te lo reprocharía porque estás siempre en casa y no tienes ocasión para lucirlas. Sin embargo te dices que las pocas alegrías que tienes es ver ese anillo o el zarcillo en tu cajón y mirarlo de vez en cuando. Nunca has calculado exactamente el importe que has gastado, prefieres no pensarlo y te dices que te lo mereces por lo que estás sufriendo.

Este personaje que he descrito responde en muchas ocasiones a seres humanos reales que acuden a la consulta pública, poniendo en juego los límites del conocimiento y la paciencia del personal sanitario. Aferrados inconsciente y firmemente a la enfermedad y el padecimiento, actúan como un gran desafío para el sistema. En  muchas ocasiones, sus quejas se traducen en demandas legales pidiendo una asistencia casi milagrosa. El apoyo psicológico y los cursos dirigidos a los profesionales pueden proporcionar las herramientas idóneas para trabajar con pacientes tan peculiares.

El filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1949) en el trabajo La sociedad del cansancio (2024) sostiene que la sociedad del siglo XXI se caracteriza por la presencia de este malestar que describimos. La hiperactividad, la desatención y el agotamiento también son malestares típicos de este momento social.

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