El uso del aguijón no se limita sólo a los animales, en absoluto. Sostengo que el más afilado, dañino y feroz de los aquijones proviene de los seres humanos.
Este aguijón no es tiene células, anida entre el cerebro y la lengua viperina pero los daños que infiere habitualmente son inmensos. Este aguijón que podemos llamar inmaterial o virtual está compuesto de frases hechas lapidarias, medio mentiras, medio verdades, lanzadas con la fuerza de las llamas. Este aguijón lanza frases sin respuesta, afirmaciones rimbombantes y estrafalarias, en algunos casos acompañadas de insultos y del vocerío generalizado que hace de coro.
La maledicencia es tan antigua como el ser humano y ha estado brincando incansable a lo largo de la historia de los pueblos de la humanidad entera.
Las conjuras palaciegas han dominado el poder de una forma más o menos sutil o abiertamente descarnada, ejemplos encontramos en número infinito.
Con el advenimiento de la democracia, discursos más o menos inteligentes y perfectamente argumentados llevaron a los mandatarios a obtener prestigio y poder entre sus coetáneos.
En la actualidad, y cada vez con mayor frecuencia e intensidad se producen lamentables espectáculos en el congreso, senado, mitines o reuniones políticas diversas.
El aguijón del veneno lingual no hace excepciones: ataca tanto a presentes como a ausentes (muertos incluidos) en cualquier reunión donde la palabra pueda alcanzar algún eco. No importa la veracidad de las afirmaciones, lo dicho dicho está y queda a criterio del que escucha creer o no las afirmaciones, corroboradas por el vocinglerio del grupo.
Tengo la impresión que muchas veces se califica a estos seres por su capacidad más o menos destructiva, la fuerza del shock en el contrario, el oportunismo de esgrimir argumentos falaces con gran sonoridad.
En la naturaleza, el aguijón venenoso tiene funciones específicas de acuerdo a los animales. En algunos casos es una función reproductiva: la mantis religiosa y la abejas reina por ejemplo.
La grácil mantis religiosa hembra, tan delicada con su aspecto inofensivo ataca al macho en el momento de la cópula y lo mata. Ejemplos similares encontramos entre las abejas (la reina mata al macho en el instante de la reproducción). La abeja reina mediante un vuelo nupcial, se aparea en el aire con ocho a veinte zánganos (machos) durante sus primeros días de vida. Almacena el esperma de por vida en la espermateca para poner miles de huevos diarios. La espermateca le permite fecundar huevos durante toda su vida, que puede durar hasta cinco años.
Una vez fecundada, la reina regresa a la colmena y comienza a poner huevos (hasta dos mil diarios). Los huevos fecundados dan lugar a obreras (hembras infértiles) o nuevas reinas, los huevos no fecundados dan lugar a zánganos (machos)
Los animales con aguijones principales incluyen, avispas, avispones, hormigas y escorpiones, que usan esta estructura para defensa o caza inyectando veneno. Otros ejemplos incluyen medusas (tentáculos) y el ornitorrinco macho.
Es obvio que en la naturaleza los animales actúan por instinto, no tienen capacidad de asumir decisiones y obedecen a unas leyes inmutables.
Los aguijoneros humanos que hemos definido, por el contrario, tienen la opción de utilizar o no su veneno y más aún, tienen la opción de no generarlo. Se observa habitualmente que los “aquijoneros políticos” perfeccionan sus técnicas de ataque. No dudan en emplearlas con sus compañeros a los que atacan con bulos y rumores por la espalda en la lucha constante y despiadada por el poder dentro del grupo.
Ante este espectáculo que los ciudadanos observamos impotentes, solemos indignarnos, tomar distancia o caer en la indiferencia. En muchos casos, directamente la gente da la espalda como una medida de preservación de la salud mental.
Sin embargo se trata ni más ni menos de Nuestros asuntos que estos seres deciden previo espantarnos con el mal olor y el pésimo gusto de sus aguijones convertidos en espadachines verbales.
