Cristina Pedroche: popularidad abrumadora

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Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, experto en Urbanismo en el Instituto de Práctica Empresarial (IPE). Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Antes en Grupo Joly. Soy miembro de número de la Cátedra de Flamencología; hice la dramaturgia del espectáculo 'Soníos negros', de la Cía. María del Mar Moreno; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Primer premio de la XXIV edición del 'Premio de Periodismo Luis Portero', que organiza la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía. Accésit del Premio de Periodismo Social Antonio Ortega. Socio de la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) y de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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La popularidad puede ser como una avalancha. Puedes provocarla, puedes verla venir, pero no puedes frenarla cuando te apetezca. 

Le advierto una cosa antes de que comience a leer este artículo. Si es usted una persona sensible, de lágrima fácil o extremadamente empática, detenga su lectura aquí, pues le aseguro que no ganará para pañuelos, dado que este texto le resultará tan lacrimógeno como pelar un trillón de cebollas con música de Perales de fondo. Si, aún siendo consciente de mi advertencia, ha sido tan valiente para llegar hasta aquí, le ruego entereza, pues el drama que relataré no le dejará indiferente. O sí, quién sabe.

Voy a hablar de Cristina Pedroche, uno de los rostros televisivos y publicitarios más reconocidos de nuestro país y toda una reina de las redes sociales con 2,17 millones de seguidores en Twitter, 1,54 millones en Facebook y un millón en Instagram. Esto se traduce en que la vallecana (por si no lo ha dicho nunca, es del madrileño barrio de Vallecas) es una chica popular. ¿Qué tiene la Pedroche para haber logrado alcanzar semejante notoriedad pública? Quizá sea por la combinación de su belleza física, su aspecto de niña inocentona e ingenua que no ha roto un plato en su vida o por su desparpajo y naturalidad ante las cámaras. La fórmula del éxito no existe y lo de esta joven es un misterio sin resolver para muchos. Aunque eso sí, no todo iba a ser tan fantástico, pues la popularidad conlleva, ella bien lo sabe, el ser amada u odiada a partes iguales.

El meollo de la cuestión está en que esta chica tendencia se ha quejado recientemente del acoso y derribo mediático que recibe y de la polémica que genera cada vez que concede una entrevista, hace ciertas intervenciones televisivas o habla en sus concurridas redes sociales. Y es que parece tener un don para hacer subir el precio del pan con cada cosa que dice o hace.

Una de sus mayores polémicas surgió a pocos minutos de dar las campanadas de 2015 en La Sexta, enseñando (literalmente) las bragas ocultas bajo un escueto vestido (también muy criticado) cuando Frank Blanco, su compañero de campanadas y de Zapeando, le preguntó si llevaba ropa interior roja. Las reacciones fueron dispares: la pusieron de “provocadora” para arriba (por no emplear otros adjetivos malsonantes), la criticaron por haberse prestado a ser mujer objeto o la acusaron de querer llamar la atención a toda costa, entre otras cosas. La jugada no le salió del todo mal, pues dio las campanadas de 2016 en Antena 3, el buque insignia del grupo Atresmedia. Aunque volvió la polémica por lucir un vestido todavía con más transparencias.

Aunque no solo es criticada por su manera de vestir. También genera controversia con lo que dice en entrevistas o en eventos publicitarios. Hace poco salieron a la luz unas declaraciones que hizo en 2015 durante la presentación publicitaria de un coche diciendo que no suele hacer uso de los intermitentes porque le parece estresante "Su sonidito ese de 'tic, tac, tic, tac'". Aunque aclarara que dijo esos comentarios de forma irónica y humorística, las reacciones tardías fueron implacables e incluso la Dirección General de Tráfico, desde su cuenta oficial de Twitter, instó a no seguir su ejemplo. ¿Tiene la Pedroche un humor incomprendido? ¿Ha perdido la opinión pública su sentido del humor? No sabría qué responder a esta cuestión.

Tampoco deja indiferente a nadie cuando habla de aspectos de su vida personal, como el amor incondicional que siente hacia su marido, el cocinero de vanguardia con 3 Estrellas Michelin, Dabiz Muñoz. No, no he destrozado ortográficamente mi propio nombre por gusto, es que este chef es tan transgresor que lo escribe así, algo inalcanzable para mentes ordinarias como la suya o la mía, lector o lectora; el Da Vinci de nuestros días, oiga. La cuestión es que es tanta la devoción de la vallecana por el cocinero, que declaró que de tener hijos nunca los querría tanto como a él. Una vez más, las críticas no se hicieron esperar. Sí, sus prioridades amatorias también se han convertido en polémica.

La popularidad puede ser como una avalancha. Puedes provocarla, puedes verla venir, pero no puedes frenarla cuando te apetezca

Y a la hora de hablar de política, tampoco se ha mordido la lengua. Además de haberse declarado votante de Izquierda Unida, habló claro sobre lo que piensa de los votantes del Partido Popular para el diario El Mundo: "Las personas que votan al PP, que se ha demostrado que hay muchísimas personas que aunque les roben les siguen votando, olé por ellos, pero a mí no me caen bien. Te lo puedo decir de otra manera, más refinada, pero no me gustan". Otra polémica más, un comentario desafortunado teniendo en cuenta que una parte importante de su audiencia puede votar al partido. Lo gracioso del asunto es que declaró en Más vale tarde, programa de La Sexta, que sus palabras fueron sacadas de contexto y que todo fue dicho con su particular e incomprensible sentido del humor. El Mundo mostró un vídeo donde esas palabras salían de su propia boca y fueron plasmadas de la misma manera en el diario.

¿Padece Cristina Pedroche de una incontinencia verbal que debe justificar a posteriori con el humor y la ironía? ¿Es desproporcionada la susceptibilidad ante lo que dice, muestra o hace?

También es cierto que en ocasiones recibe ataques desmesurados por parte de sus haters (lo que podría traducirse al castellano como odiadores). Involuntariamente, la joven consiguió convertir en trending topic un hashtag que la atacaba apodándola #LaBallenaDeVallecas. Sí, a tanto llega el odio hacia ella que ha logrado ser tendencia por su presunta gordura. ¿En serio? Aquí, desde mi punto de vista, no hay justificación alguna. ¿Es responsable llamar gorda (con tanta mala leche) a una chica con tanta presencia pública? ¿Qué efecto puede tener en las chicas adolescentes, las más proclives a caer en enfermedades de trastorno alimenticio, que una mujer con su físico sea una “ballena” a ojos de la sociedad?

Aunque lo cortés no quita lo valiente. Me sorprende que a estas alturas de la película exprese su hartazgo por estar en boca de la gente. Una mujer que nunca se ha cortado a la hora de exponer su vida personal (sus redes sociales son la prueba), que ha declarado en entrevistas (y no una vez) que le gusta que la gente hable de ella para bien o para mal y que sale tan beneficiada de la presencia mediática que le generan las polémicas, ¿de qué se queja? La popularidad puede ser como una avalancha. Puedes provocarla, puedes verla venir, pero no puedes frenarla cuando te apetezca. Y también me pregunto: ¿cómo le sentaría a una persona tan propensa a llamar la atención y con tal afán de notoriedad ser más indiferente? 

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