La jura de los cargos.
La jura de los cargos.

Remodelar el Gobierno a quince días de las vacaciones tiene muchas ventajas. Las furias de las derechas se disolverán entre la arena del veraneo, el veraneo y la arena que millones de españoløs no podrán disfrutar un año más, y estoy pensando en la pobreza mucho más que en la pandemia. La misma pobreza que impide comer chuletones a muchas personas. La subida del Salario Mínimo Interprofesional queda aplazada, ¿hasta el año que viene?, y no por Unidas Podemos.

Las furias, como decía, de las tres derechas se irán disolviendo y, desde el punto de vista de estrategia comunicativa, es una ventaja cambiar ahora los Ministerios. En septiembre no servirán los argumentos de julio. Aunque vista la última ocurrencia del PP, que a los ministros los ha nombrado a dedo Sánchez, es posible que en Navidad el PP siga hablando de los nuevos ministros.

Sánchez y su círculo más cercano en el poder del PSOE han diseñado una estrategia, parece, de medio plazo que consiste en prepararlo todo para no perder el Gobierno en las próximas elecciones de 2023, lo que requiere de ciertos largos preparativos. El primero la cohesión en el PSOE. Sánchez sigue siendo una figura discutible para no pocos jefes regionales del partido y que son presidentes de varias Comunidades Autónomas, así como para un buen grupo de jefes históricos que todavía ostentan una influencia opinadora peligrosa, electoralmente, en el PSOE. Los indultos son uno de esos grandes temas que han puesto a la vieja guardia del PSOE en guerra contra Sánchez, una guerra que se prolonga desde la guerra contra el Gobierno de coalición.

El-caso-del-chuletón ha puesto de manifiesto, también, que esa vieja guardia del PSOE está dispuesta a intentar hacer trizas a quien se le ponga delante sin la necesidad de argumentos ni razones, al más puro estilo tabernario, en lo que Pedro Sánchez se ha cubierto de gloria. La pregunta, cuya respuesta seguirá interesándome, es si Sánchez lanzó a la vieja guardia contra el ministro de Consumo para distraer a todo el mundo, incluso a ellos mismos, y hacer sus nombramientos con las hinchadas exhaustas y sin poder gritar ya más o si además tenía la intención de probar la solidez en Unidas Podemos para quitarse de en medio a los ministros morados que menos le gustan. O si todo fue un simple venirse arriba, un calentón, porque precisamente Unidas Podemos se presentaba nuevamente con prestigio y solidez con el vídeo del ministro Garzón. No se olvide que un vídeo como el que publicó el Ministerio de Consumo exige semanas de preparación y que era inatacable porque no ponía en duda ningún acuerdo político del Gobierno de coalición. Quizá por ello la palabra usada, irresponsablemente, por Pedro Sánchez fue “imbatible”, porque el vídeo de Alberto Garzón era, y es, inatacable.

Løs ministrøs de UP siguen siendo los mismos y Yolanda Díaz aumenta su prestigio y su poder con su resplandeciente vicepresidencia segunda. ¿Es la disculpa no ofrecida a Garzón? ¿Se tomó la decisión urgente de remodelar el Gobierno sin esperar unos días más para neutralizar la colosal metida de pata contra el ministro de Consumo? Creo que sí.

Pedro Sánchez debe ganar prestigio y solidez dentro de su propio partido, por este motivo ha elegido ministrøs a socialistas de carné ajenos a la vieja guardia y con reputación entre las bases. Si se han perdido ministerios andaluces es porque Sánchez ha recuperado para sí el PSOE de Andalucía con la victoria de Juan Espadas. La vieja guardia del PSOE está empujando, desde hace tiempo, a su cuerpo electoral y a su militancia a votar al PP, o a Ciudadanos, en lo que el propio Sánchez jugaba a su suicidio político. El cambio de estrategia es recuperar el propio partido y profundizar en su interior la influencia del sanchismo. Incluso el secretario de organización, y ministro, ha quedado destituido en esta remodelación de Gobierno. Los nuevos ministros no van a poder separarse casi nada del plan España 2050 pensado por el Gobierno saliente, y los tres ministerios con más poder dentro del Gobierno siguen ocupados por las mismas ministras: Economía, Hacienda y Trabajo. El objetivo son las elecciones y, por tanto, agotar la legislatura. El ataque al ministro de Consumo ha sido un error absurdo.

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