Alumnas en una clase, en una imagen de archivo.
Alumnas en una clase, en una imagen de archivo.

8 de septiembre, se puede escuchar el tic tac del reloj que cuelga donde antes estaba el crucifijo de la clase. Avanza lentamente hasta las 9:00 del día 10, como cuando el reloj del juicio final se aproximaba a la medianoche. La gran diferencia entre los dos relojes, el del apocalipsis nuclear nunca llegó a su hora, mientras que se sabe con certeza que a las 9:00 sonará la campana.

Comparar los contagios que pueda provocar la vuelta al colegio con el fin del mundo es una exageración más grande que la catedral de Sevilla, sin embargo, hay padres que lo sienten así. Acaben o no su alegato con la coletilla “Sánchez sepulturero”, se trata de gente que no va a llevar a sus hijos a la escuela por miedo. Supongo que aquí entra en juego el viejo instinto básico de proteger a las crías, aunque luego en nuestra sociedad moderna más de una contradicción surge. La que más se repite es la de llevar a los niños al futbol. ¿Qué sentido tiene que no lleves a tu hijo al colegio pero luego sí a entrenar con otros 25? Como si las clases particulares en las que vas a meter al niño lo fueran a inmunizar o algo.

Pues bien, este miedo es el escudo que utilizan Moreno Bonilla y el señor Imbroda para garantizar la vuelta al cole segura. Estiman que entre el 25 y el 30% de los niños no irán al colegio porque sus padres no los llevarán. Creen que con este absentismo existirá una ratio aceptable y la situación estará bajo control. A su vez, no dudan en poner en marcha el protocolo contra el absentismo escolar. He aquí la mayor de todas las contradicciones hasta la fecha.

A lo largo de la semana hubo otra contradicción que también me llamó mucho la atención. Una tutora quiso concertar una reunión para el día 10 con los padres y madres, para explicarles los protocolos de la vuelta al colegio. Por la limitación de reuniones de más de 10 personas, finalmente tuvo que citarlos en dos turnos o más a diferentes horas. Algo comprensible, aunque no tanto teniendo en cuenta que sus 25 niños compartirán aula la semana que viene.

Hay más cosas que me generan preguntas como, para qué querer enfermeras escolares que atiendan solo por teléfono si para eso se podría llamar directamente al 061, o qué va a pasar en las aulas donde el mobiliario está unido de por sí. Lo peor de los niños como vector de contagios es que son mayormente asintomáticos. Por ello, puede que nuclear no, pero sí se trata de una bomba de relojería programada para las 9:00.

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