El antiguo 'Simago' del centro de Jerez, durante el confinamiento. FOTO: MANU GARCÍA
El antiguo 'Simago' del centro de Jerez, durante el confinamiento. FOTO: MANU GARCÍA

Llevaba más de dos semanas sin salir a la calle nada más que para tirar la basura. Es mucho tiempo confinado (palabra civil con visos de oficialidad), enclaustrado (un toque religioso), encerrado (sentir personal)… pongan la palabra que gusten. Así que, ni corto ni perezoso, ayer (lunes, 20 de abril) antes de ir a la compra me voy a dar una vuelta por el centro de Jerez de manera absolutamente deliberada, por el morro… eso sí, siempre mirando al cielo no vaya a bajar un helicóptero de la Policía –como le ocurrió el otro día a un tipo que paseaba por la playa, en Valencia- a comprobar que, efectivamente, llevo las dos bolsas de la compra vacías y multa al canto. Me da exactamente igual. Me la pela. Ahora, en la calle de la pandemia, ya no soy ese potrillo inexperto -recuerdan, la primera vez que salí- o ese león joven –la segunda-, que va, ahora soy una iguana que escupe, una hiena vieja, un dragón de Komodo babeando veneno. Un nihilista, que dirían en El gran Lebowski, o de nuevo una cuchilla andante, esa aportación a la poesía mística en castellano de Kortatu… da igual. Elijan: ese soy yo. 

Me paseó mi buena media hora (siempre sin perder de vista el cielo y al posible descenso del helicóptero) paseando al sol antes de tirar hacia la farmacia y luego de ahí a Simago (Simago forever). Compruebo a pie de calle que esto del confinamiento, tal y como ya me había llegado por whatsapp, comienza a ser un tanto elástico, una palabra que utiliza mucho mi madre y que quiero compartir con todas ustedes (así, hoy en lenguaje inclusivo, porque sí…). Saludo en la calle Consistorio (ya ven que no me oculto) a no menos de cinco personas y le pongo cara y hábitos –vamos, que las conozco de los bares- a un número muy similar, todas con su bolsita de la compra. Renqueante, J. me dice que va también a la farmacia; P. me dice que le han aplicado un ERTE, lo que podríamos definir, en su caso, único trabajador de la empresa, como un monoERTE; No sé qué me comenta J. que venía del centro de salud y al parecer ha visto a un par de bolizas metiéndose mano entre los palcos que hay en la plaza de la Asunción (un uso estupendo para los palcos, hombre, la vida siempre florece en primavera… por cierto, no sé qué peligro hay en que dos o tres trabajadores, cada uno por su lado, vayan quitándolos, en otras ciudades ya lo han hecho); E. se lamenta de que ya estaba en el paro antes de todo esto; A., que tiene tres niños, que esto no hay Dios –lo pongo con alta, él es creyente- que lo aguante, que le están destrozando la casa; F., que tiene cierta edad, me asegura que me encuentra muy delgado y que ya se escapa dos y tres veces semanales a hacer la compra…

Pues ya ven, cómo estaba ayer el centro. Una feria. Ya me lo había comentado gente de más de salir. Ah, y se me olvidaba, les diré que S. (no desvelaré si amigo o amiga) estuvo el sábado en una fiesta en… en el extrarradio. Creo que estuvo muy bien, que la gente lo cogió con ganas y que el puntito clandestino es todo un aliciente. No soy nadie para andar juzgando a nadie, no hice esa oposición, así que... Lo que está claro es que la humanidad va menguando: de los bailes de máscaras a los bailes de mascarillas…

Pues sí, este ciudadano modelo, este, incluso, probo ciudadano en tiempos, está mutando hacia otra cosa después de casi cuarenta días encerrado. ¿Hacia qué? Ya veremos. Dejémoslo. No me voy a cabrear. No merece la pena, pero esto no puede seguir así mucho más. Así, no. Al final, ciego y on fire, como Max Estrella, recorro mi camino… Compro mis artículos de primera necesidad –medicinas en la farmacia y vino, pan y agua en Simago- echo un último vistazo a la plaza del Arenal, sobre todo al Frikis’ Corner (la esquina del Santander), que está casi tan animado como un día normal, y tiro para mi casa mientras pienso que a ver si baja el helicóptero de la Policía, a ver si baja ahora que llevo las bolsas llenas después de estar una hora larga por ahí... 

El caso es que llevaba varios días sin salir a aplaudir a las ocho. Como ayer llovía, salgo, y durante un minuto, entre gustoso y cínico, aplaudo al muro que tengo enfrente…    

No tengo nada preparado para Cultura Infecta, así que si les apetece échenle un vistazo al ‘kit de supervivencia cultural para el encierro’ que ofrece todos los días El País… si consiguen pasar el nombrecito, claro…

El hecho de que me lave continuamente las manos haciendo caso –al menos hasta ahora- a las recomendaciones de las autoridades sanitarias ha terminado alumbrando Desinfección y Chuletas, una sección equívoca en su enunciado pero habitualmente luminosa en su contenido. Tras la cita de Max Estrella, estaba claro que al primer lavado iba a salir Valle-Inclán (la expresión on fire no) y luego las Sonatas, Tirano Banderas, Divinas Palabras y, claro está, Luces de Bohemia… total, una nueva patada para un Notable en Literatura de COU.

Bien… van más de 22.000 muertos, no personas “que nos han dejado”, expresión que tanto le gusta utilizar a TVE. Muertos… Y creo que no es bulo, agente-lector de la comandancia de la Guardia Civil al que le ha tocado, probablemente, perder su tiempo leyendo esto…

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