Ropa, colgada en una percha, en una imagen de archivo.
Ropa, colgada en una percha, en una imagen de archivo.

He tomado una serie de decisiones. Entre otras, no ver la tele, o verla al mínimo: me parece tomar mucha ventaja a la hora de escribir estas Confesiones… es que me las dan hechas. Con media horilla picando por aquí y por allá, teniendo un mínimo de suerte, es que no tienes que estrujarte el magín para cubrir el espacio de estos tres o cuatro minutos de –espero— fecunda lectura. Veo en lo digitales que cada vez hay más voces que cuestionan el papel de los medios de comunicación, y en especial de las televisiones, en el seguimiento de la crisis del coronavirus. Normal. Ayer mismo, leía una columna de Rubén Arranz (Voz Populi) con la que no puedo estar más de acuerdo: “Si pones cualquier telediario a partir del minuto siete, parece que España está de fiesta”. Hace ya unas cuantas Confesiones este cronista defendía una tesis idéntica pero la ponía en el minuto quince del telediario. Ahora, con más de 13.000 muertos, seguimos en lo mismo, pero parece que la fiesta ha ido creciendo…

Si me acuerdo y no tengo nada que hacer echaré un vistazo a la serie de humor sobre el coronavirus y el confinamiento que estrena esta noche –martes 7 de abril— TVE1. No soy muy optimista, aunque soy de los que piensa que se puede hacer humor de todo –me pareció sensacional la manera de tratar en el seminario Charlie Hebdo el atentado que causó la muerte de doce de sus empleados— siempre que haya respeto e inteligencia. Es una moneda al aire: solo cabe esperar algo sublime o zafio. Apuesten.

Y les decía al comienzo del párrafo anterior “si no tengo nada que hacer” porque he comenzado una campaña –como con la pandemia, aquí también cabe el uso de términos militares— de limpieza y ordenamiento de los armarios (como pueden ver, unas de esas actividades a las que hacía referencia en el artículo de ayer para distinguir las Confesiones de un simple diario: si fuera un diario se lo tendría que haber contado antes y así se lo cuento o no cuando me parece).

Bien, como todos sabemos, los hombres cisgénero –al parecer mi caso, aunque mejor que nadie se lo diga a mi madre, que lo mismo piensa que estoy malo— se dividen en dos: ¿heteros y homos? No, bueno, sí, y bi, claro, pero por ahí no iba. ¿Rubios y morenos? ¿Altos y bajos? ¿Ricos y pobres? ¿Aliados y ‘machirulos’? ¿De Jerez o Cádiz? ¿Amantes de la cerveza artesana y los partidarios de la industrial? (en este punto se desprecia, estadísticamente hablando, a los que no les gusta la cerveza). Pues un sí general para todos, pero no, queridas amigas y amigos, no es esa la división cuasi filosófica que estábamos buscando: los hombres ‘cis’ se dividen entre los hombres que ordenan sus armarios y los hombres que no. Así de simple. Hasta ahora, este cronista formaba parte de manera tácita del amplio grupo que ‘no ordena su armario’. Cuidado, eso no significa que forme parte del ‘subgrupo’ en el que su pareja –sea mujer u hombre— va detrás y se lo arregla, no, al ‘subgrupo’ al que pertenezco es uno al que, por una serie de razones que no vienen al caso, se le permite llevar una vida, digamos, postadolescente a pesar de que hace mucho que está más cerca del hoyo que del útero (del materno). Así es, queridos lectores. Le permiten tener una leonera, hablando claro. Pero el confinamiento ha venido a cambiar todo. Resulta que hasta ahora yo era asíntomático, era un hombre ‘que ordena armarios’ pero no lo sabía, este tema no había ‘dado la cara’. A partir de este momento, toda una vida nueva se abre ante mí, una vida básicamente basada en el lema que aparece en el escudo de Brasil: Ordem e Progresso.

Bien… Comenzamos con las secciones. En Cultura Infecta hoy les comunico que he empezado a leer Los reyes de lo cool, de Don Winslow. De momento, lejos de El poder del perro, pero siempre entretenido. Les ofrezco a continuación una cita que me parece que va muy bien traída en estos tiempos de confinamiento. Uno de los personajes, criticando a un amigo, dice “un hábito nace de la compulsión, una rutina nace de una elección”. ¿Ven? Pues no va a estar tan mal tener rutinas estos días. Vale, la cita no es muy allá… tampoco soy muy de citas, pero le pasa a mucha gente. Alguien que ha llegado mucho más lejos que yo en esta profesión tenía como cita de referencia al “primo de Zumosol”. Y es que la gente que manda, al final, lo es por algo: lo que en su día fue motivo de mofa en una redacción hoy forma parte de la cultura popular.

Poca cosa hoy en Desinfección y Chuletas, esta prestigiosa sección en la que repasar conceptos como si fuera un Trivial. Tras el sexto lavado de manos diario, siguiendo las órdenes de las autoridades sanitarias, aparece precisamente “Brasil, Brasilia; Uruguay, Montevideo; Honduras, Tegucigalpa” y luego ya se ve borroso. El notable en Geografía, más en entredicho que nunca…

En la despedida íbamos a dedicar unas líneas a unas palabras de Íñigo Errejón sobre las medidas económicas a adoptar tras la crisis sanitaria. Íñigo es otro que apuesta por ‘un plan Marshall’, por soltar algo llamativo y que le suene vagamente a la gente, sin reparar en que aquí a EEUU no se le ha perdido nada. Mira, Íñigo, si le das el nombre oficial que tuvo el plan, Programa Europeo de Recuperación, quedas hasta mejor. Total, da igual, Íñigo. Creo que te votó uno de mis hermanos en Madrid, aunque sigue bromeando sobre el País al que te referías en la candidatura…

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