George Orwell.
George Orwell.

Vale, pues ya tenemos plazos para alcanzar la "nueva normalidad", a la que tenemos que llegar en casi un par de meses como si estuviéramos jugando al backgammon. Llevan ya semanas desde el poder hablándonos de esa "nueva normalidad" los políticos y sus amigos palmero-periodistas, que no tardaron ni un segundo en comprar el producto sin mirar la contraetiqueta, para qué andar cuestionando nada, ni siquiera la propia frasecita de neolengua y su naturaleza, que ha corrido por todos los países del mundo, no solo en España, tan rápido o más que el propio virus. Perdón, que ha hecho correr el poder en todos los países del mundo, para ser más exactos.

Vi un poco del especial Una hora con Pedro –un programa que, sin duda, es mucho más entretenido los fines de semana, un martes por la tarde resulta bastante estomagante— y no tengo muy claro hacia dónde vamos con este cóctel de economía y salud que se nos propone en el que nadie –y esto resulta comprensible— tiene muy claro cuáles son las proporciones exactas de cualquiera de las dos. Otra cosa es la naturalidad con la que se habla de esa "nueva normalidad", cómo se vende a la opinión pública bajo ese equívoco envoltorio hechos y situaciones que de normalidad no tienen nada en absoluto, un territorio al que además hay que llegar tras varias semanas de ‘desescalada’ (otro palabro, creo que en vías de aceptación de la RAE, que en su caso ya conocíamos del conflicto catalán). Usando de nuevo el ejemplo antes expuesto, los grandes cócteles suelen llevar siempre una gota (vale, o cuatro o cinco) de algún componente que da el toque maestro al cóctel… Y eso es precisamente lo que no veo en lo que ofreció ayer el presidente: salud y economía, sí, pero ¿dónde está ese ‘toque’? ¿Al fin qué se pretende, cual es el plan? ¿Dónde queda, en definitiva, la política?

Es inevitable echar un vistazo a George Orwell, que no dice nada en 1984 acerca de la "nueva normalidad", por la sencilla razón de que no hacía falta: la realidad que se nos describe en la novela es inamovible. Pero otros conceptos orwellianos como ‘doblepensar’, Ministerio de la Verdad y los minutos del odio —que están entre mis favoritos de la novela— de alguna manera se barruntan como accesorio de lo que se nos propone y además llevan ya tiempo entre nosotros. Estos tres conceptos se pueden rastrear, respectivamente, sin ir más lejos, en la formas de ser y cambiar de opinión de nuestros dirigentes; el rastreo, etiquetado y persecución en un sentido muy amplio de los denominados bulos o la habitual ciénaga de Twitter (lleno de ‘guerracivilistas’ atrincherados tras 280 caracteres)…

Alguien podrá alegar a este cronista que la situación es la que es, que sigue siendo muy complicada con más de 300 muertes diarias, que las medidas no pueden ser otras… todo el mundo tiene su parte de razón, seguro, yo simplemente digo que la ‘nueva normalidad’ no es absolutamente nada, no es una solución, ni una salida ni una nueva frontera, valga el símil, y si quieren que al menos nos la ‘comamos’ por un tiempo es un concepto que deberían ir armando con política –digámoslo de nuevo, no se ve un plan— y no con (supuestas) buenas intenciones… 

 Bien… todas estas cosas de las que hemos estado hablando, en referencia a lo que podríamos denominar la superestructura de la crisis, pierden por completo su sentido cuando volvemos a poner los pies en la tierra al enterarnos de que en Jerez y otros puntos de la provincia se retira de nuevo al colectivo sanitario una partida de mascarillas porque no sirven para el fin encomendado. Por supuesto, como el lector más avezado habrá supuesto, se trata de las mascarillas que se repartieron para sustituir a la anterior partida, que tampoco servía. Todo esto, ya digo, viene a cuestionar la propia naturaleza de este artículo preocupado por la neolengua en la sociedad, la instalación de normalidades que no lo son, etc, cuando la auténtica ‘normalidad’ de la crisis sanitaria es que estamos en manos de auténticos ineptos (me da igual si el inepto está en Madrid o Sevilla. Es más, si vuelve a ser de Madrid, le diré algo al de Sevilla muy de la calle: si te la cuelan una vez es culpa del que te engaña; si te la cuelan dos, es culpa tuya. Ergo, inepto también). Casi 50 días después de que comenzara el confinamiento seguimos con problemas con las mascarillas, jugando, en definitiva, con la salud de los sanitarios… y la de los pacientes. Andalucía: comunidad con más sanitarios contagiados del país con más sanitarios contagiados del mundo. Eso sí, que no falten los aplausos en los balcones… 

Bien, damos paso ya a las dos ‘neosecciones’ fijas de este artículo. En Nueva Cultura Infecta hoy les recuerdo que raperos de la provincia de Cádiz crean una ‘radio’ para combatir el confinamiento y, entre otras prioridades, rendir homenaje a los sanitarios y difundir la cultura urbana. Dicho queda. Los que viven en zona rural, pues no sé si… 

En Nueva Desinfección y Chuletas, una sección que surge de la necesidad de estar continuamente lavándome las manos, hoy aparecen en la palma de mi mano derecha Ferdinand de Sausurre y la Semiología, “la rama de la lingüística que estudia los signos en la vida social”, por cierto, una de las materias más interesantes que estudié en Periodismo (de hecho conservo el libro: ni lo vendí, ni se me olvidó en un bar ni lo perdí a los dados) y cuya chuleta viene a poner en cuestión un NeoNotable en Lengua…

En Zahara de los Atunes no se les ha ocurrido otra cosa a los que mandan que echar lejía a la arena de la playa para desinfectar. Luego nos echamos unas risas con Trump… 

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