José Félix Tezanos, presidente del CIS, en una imagen reciente. FOTO: MARTA JARA/ELDIARIO.ES
José Félix Tezanos, presidente del CIS, en una imagen reciente. FOTO: MARTA JARA/ELDIARIO.ES

Un lector me refiere, muy amablemente, por cierto, que ha echado en falta algún tipo de comentario en las Confesiones de esta semana acerca de la última encuesta del CIS, que dirige José Félix Tezanos. En primer lugar debo decirle a este lector, en un tono tal vez no tan amable, que en esta sección hay libertad de cátedra y este cronista es el catedrático (o el maestro liendre, que para el caso es lo mismo). Una vez establecido ese concepto de partida debo decirle que tal vez él, como mucha otra gente, piensa que el confinamiento alarga el día hasta lo indecible y que en vez de hacer un artículo que viene oscilando entre las 800 y las 1.000 palabras (que son más o menos con las que se expresa hoy por hoy cualquier mozalbete), debería aprovechar y escribir Guerra y Paz sin levantarme siquiera a hacer pis. Craso error, querido lector, a la gente con una rica vida interior –como es mi caso, no va a ser solo que la tenga Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios— el día se nos pasa siempre volando, estemos confinados junto a la Catedral o subiendo la duna de Bolonia después de dos platos de papas con choco en agosto, es igual. A las Confesiones les dedico cerca de dos horas de mi confinamiento, no más, y no va a ser más. 

En este sentido, permítame que le recuerde una frase de cuando el periodismo en libertad –libertad de salir a la calle, quiero decir, no piense que esto va con dobleces—, una de esas frases hechas que pasaban de ‘padres’ a ‘hijos’ en las redacciones: no somos la funeraria. “Estoy allí a las ocho de la mañana para contártelo” –cuando a esa hora el señor o la señora que limpia todavía está en la cama, imagínense un redactor sin hijos— o “me interesa que lo saques mañana”, petición que se suele producir a las diez de la noche cuando ya te has puesto cazadora y bufanda y solo piensas en la cervecita que te espera en el bar… son solo dos casos de lo que tradicionalmente aguanta uno en esta ‘preciosa y gratificante’ profesión que, no obstante, pese a que las redacciones no son ni de lejos lo que eran hace unos años, recomendaría a todo el mundo entre los 23 y 40 años que practicara alguna vez en su vida [a lo mejor hemos encontrado una salida a la crisis actual del sector, campamentos de periodismo para gente que busca experiencias límite: un par de semanas con todos los cuchicheos, insultos a los políticos, ‘navajeo’ entre periodistas y… ¡¡ahora bebidas incluidas!! Una última vivencia real, sin duda, en este mundo pueril. Aprovechen, que el periodismo se acaba].

A ver, que me despisto… después de toda esta perorata, debo decir que, en realidad no he comentado nada de la encuesta del CIS porque tengo el máximo respeto a José Félix Tezanos en su calidad de humorista. Son varios los que están intentando poner un poco de humor a esta situación francamente cargante que, por mucho que la edulcoren en la tele, no es otra cosa que una puta mierda con 20.000 muertos a día de hoy. Y uno de estos humoristas es Tezanos (aunque personalmente me quedo con Diario de la Pandemia, de Carlos Prieto en El Confidencial). Yo ya ni entro en la ‘cocina’ o el ‘crudivorismo’ de la trastienda de sus encuestas, me basta con leer esta delirante pregunta, la que ha dado soporte a la gestión comunicativa del Gobierno, para reconocerlo como un intelectual ‘lía-lía’ con humor perverso de fondo, tipo Nabokov. Allá va: “¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes sociales y los medios de comunicación sociales, remitiendo toda la información sobre la pandemia a las fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?”…

A ver, es que prohibir bulos… pues siempre, un bulo no es opinable. Pero si hablamos de “informaciones engañosas” o “informaciones poco fundamentadas”, siempre será opinable porque tendrán muchos factores, empezando por si su difusión ha sido deliberada. Y ahí, amigos y amigas, no se libra nadie, ni el propio Gobierno. Por último, hablar de “fuentes oficiales”…: invito al señor Tezanos o a quien quiera hacer la prueba de entre ustedes a que salga a la calle con una grabadora –y su mascarilla, sus guantes y sus dos metros de distancia— a preguntar al personal qué entiende por ‘fuentes oficiales’, a ver qué le responden. Se van a echar unas risas. Si alguien les responde que Jorge Javier Vázquez, aquí no vengan a buscar refugio. Ah, y por cierto, como todos sabemos, los grandes hitos del periodismo —el Watergate mismo— se han construido a partir de ‘fuentes oficiales’, claaaarooooo…

Y así damos paso ya a la sección Cultura Infecta. He comenzado a leer Viajes con Charley, de Joseph Steinbeck. Resulta que A. está con Las uvas de la ira, así que, sintiéndolo mucho por los seguidores de ‘Amanece que no es poco’ –y sé que hay unos cuantos lectores— por ahora Faulkner pierde por paliza…   

Vamos concluyendo estas Confesiones con Desinfección y Chuletas, una sección mundialmente aclamada que se especula con que próximamente tenga un hueco en el New York Times (¿esto es bulo, información engañosa o poco fundamentada?). Como consecuencia de las recomendaciones de las autoridades sanitarias me lavo continuamente las manos, lo que facilita la aparición de aparentes garrapatos en las palmas de mis manos que, debo decir, no son tales: son chuletas. Ayer aparecieron Tolstoi, Dostoyevski, Gogol, Chejov y Turguenev, la flor y nata de la narrativa rusa del siglo XIX, que pisotea como la caballería cosaca mi notable en Periodismo en Literatura Contemporánea… 

Llegamos a las cinco semanas de confinamiento y la situación, mejor que yo, la explica perfectamente Penélope Cara, una lectora en un foro de El País: “discrepancia de datos entre los datos facilitados por el Gobierno y los datos facilitados por el Gobierno. Y no es una frase de Groucho Marx, desgraciadamente es la realidad”. Como en las pelis americanas de juicios, no hay más preguntas, señoría…    

Cuídense.

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