El Rey Felipe VI, durante el discurso ofrecido en estado de alarma.
El Rey Felipe VI, durante el discurso ofrecido en estado de alarma.

Pido disculpas por el nombre de este artículo. El Relato y el Timorato tiene un inevitable aire a aquellos ripios –perdón, perdón… poesías— de Gloria Fuertes. No veo mucha diferencia entre juntar relato y timorato y “la gallina chundarata se ha partido una pata”, pero es que la poeta ha sido reclamada de unos años a esta parte por el feminismo y ahí, amigos y amigas, comprenderán que un servidor no va a… venga, mejor lo dejamos.

Al tema. Vamos a ir desgranando el nombrecito. Relato es el que empieza a armar Pedro Sánchez para el día después. Antes ya había esbozado cual iba a ser su estrategia y durante su comparecencia en el Congreso lo dejó claro. En línea con el “quién podía prever el alcance del coronavirus” ayer ya hizo mención a las “críticas con retrospectiva” que se están produciendo, es decir, en castellano de toda la vida esa frase hecha de “es muy fácil juzgar a toro pasado”. No sé si habrá quien en su día le compre el relato una vez armado y al completo –servidor no va a ser— pero lo tiene complicado. Este hombre venía a hacer política –haute politique, que dicen en el país vecino— y se ha encontrado con que lo que le va a tocar hacer es gestión. Gestión como no se conoce en España desde… desde no sabría decirles, porque la Transición fue sobre todo política.

PP y Ciudadanos dicen estar por tender un cable, pero todo va a ser más complicado, ya verán, entre otras cosas porque el Gobierno está lleno de teóricos. Cuando hay una crisis de estas características, hay pensamiento político que donde el ciudadano corriente solo ve zozobra, ve oportunidad. El leninismo clásico, por ejemplo. ¿Qué circunstancia aprovecha la Revolución Soviética para triunfar? La Gran Guerra. A los nacionalismos periféricos también les van estas situaciones: ahí está, sin ir más lejos —otra cosa es cómo terminó aquello—, la proclamación de la República Catalana durante la turbulenta II República (eso sí, dentro de la Federación de Repúblicas Ibéricas o un nombre similar, si quieren busquen el nombre exacto en internet).

Pasemos ya a Timorato. Timorato fue ayer el Rey Felipe VI. Este hombre se cree que como la gente está aburrida en su casa le puede largar cualquier tostón. Vaya discursito de lugares comunes y trillados. Nada de nada. Un discurso más insípido que la dieta habitual en la Zarzuela (impagables aquellas imágenes de la Familia Real reunida en la mesa alrededor de una menestra y una jarra de agua: qué cachondeo, seguro que igual que se comía con Juan Carlos, segurito). ¡Coño, visita un hospital aunque sea en plan telemático, apúntate un tanto y que lo vea la gente, yo qué sé, haz algo! Pues nada. Eso sí, ya sabemos que España saldrá de esta más fuerte. Porque él lo dice. Por supuesto no hubo –normal— ni una palabra de los tejemanejes financieros de su padre. En mi zona no hubo cacerolada, pero me dicen que en algunos barrios de Jerez fue notable. Mire, señor, lo acabo de escribir: donde la mayoría ve zozobra, otros ven oportunidad. De nada.

Como ven, ayer vi un poco más de televisión. Los telediarios siguen siendo de coña: no los juzgará la Historia, no, desgraciadamente al ritmo que van las cosas —léase muertos— de aquí a eso de un mes serán los propios profesionales los que se digan: “¿En serio que editábamos esta bazofia chupiguay cuando empezó lo del coronavirus?”. Bueno, esto supone pensar que en este país alguien hace autocrítica y eso ya…

Pues qué más quieren que les diga… Televisión, leer, algo de bici, faenas domésticas y venga memes arriba y abajo, no hay otra, ¿no pensarán que voy a ver un festival de música indie por streaming, no? Ah, y lavarse las manos continuamente, claro. Ayer, en el quinto lavado apareció, tal y como se temía mi amigo F., el matemático y filósofo Descartes. A ver, debe ser Descartes, porque decía algo de “lógica” y de “René”… la verdad, no creo que tenga nada que ver con el René de Perlas ensangrentadas, aquella canción (no de las mejores, por cierto) de Alaska y los Pegamoides pero era de la misma época…

Ayer salí a tirar la basura. Tres días sin salir para nada. Solo un poco a la terraza. Ayer noche, parafraseando la novela ejemplar de Cervantes, no había coloquio de los perros, el que montan sus propietarios –ah, esos privilegiados— en la Alameda Vieja…

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