Unas medias rotas, en una imagen de archivo.
Unas medias rotas, en una imagen de archivo.

En una sección que se llama Confesiones… ¿es lícito reseñar algo que no se puede confesar, algo que, de saberlo, el lector comprendería perfectamente que es inconfesable? Es más, ¿se puede hablar del tema, hacer incluso la parte principal de un artículo, sin decir de qué se trata? Hagamos la prueba…

El lector habitual sabe que he sido mandatado –a veces me encanta hablar como los políticos y sus amigos los periodistas— para poner en orden los CDs que hay en mi casa. Después de limpiar y ordenar la biblioteca (por cierto, echo en falta seis o siete libros, ya hablaré con alguno/a) y de que A. hiciera una operación L+D (limpieza más desbroce) en el sótano, operación que ya en su día fue calificada en esta sección como “épica”, he decidido aventurarme en esta misión menor pero que tiene su cosa, como es meter cada CD en su caja o así (aquí nadie ha hablado por ahora de orden alfabético). Tampoco son demasiados, unos 200, a ojo, pero si el CD es pirata y no pone ‘nah’, tienes que andar metiéndolo en el equipo de música para que suene, ver qué es, y si no concuerda buscar la caja y a su vez ver qué tiene la otra caja… en fin, probablemente ustedes, queridas lectoras y lectores, sean gente de orden y desconozcan estas pequeñas pruebas a las que no somete la vida, lo que sin duda les envidio.

Pues en esas andaba, digo, en el sótano de mi casa –popularmente conocido como sotanillo o incluso El Sotanillo— cuando apareció algo que, como ya he dicho y me van a permitir, no puedo confesar. Ni su origen ni su naturaleza. Solo diré que no apunta directamente a nadie, sino a todo el grupo, tal vez a una manera de ver la vida. Ya, ya… ya sé que tengo que aliñar de alguna manera esta ‘confesión’… solo les diré que no es algo valioso (una joya, un incunable o un cheque al portador); ni tampoco es que tenga mayor valor sentimental (no sé… algo de un familiar fallecido que aparece años después donde menos lo esperabas) o siquiera supone el divertimento de una prenda de ropa más o menos comprometida (aunque en su día en El Sotanillo hubo fiestas de tronío y por arriba hay algunos recovecos) como un tanga, unos calzoncillos, unas medias…

Precisamente, mi amigo M. (sus fiestas son más bien de ático, como saben exactamente dos millones de personas en España) encontró unas medias recogiendo la basura del día después de una fiesta. Me lo comentó al día siguiente, en el inevitable parte de bajas y curiosidades que suele dar a los colegas el organizador. Me lo dijo un poco en clave, usando su propia terminología, “a ver si aquí ha habido tole-tole”, más sorprendido que escandalizado, por supuesto… pero no, yo sabía la historia y se la comenté: una invitada –de la que no desvelaré ni la inicial pero diré que ya ha salido en Confesiones— se quitó los tacones para bailar y aunque era principios del verano llevaba medias por eso de ir ‘mu mona’ y claro, primero se le mancharon, luego se le rompieron, etc, y al ir a ponerse los zapatos para irse dijo, “hala, al carajo las medias”, y creo que las lanzó a inorgánico, no estoy seguro. Total, ese día no iba a mancharse los zapatos por dentro… y tampoco iba a pasar frío.

Estas Confesiones son un buen ejemplo de que una anécdota se rellena con otra. Qué truco narrativo más viejo y más pobre acaban de sufrir ustedes. Pero no puedo decirles más… sí, venga, va, un último apunte: con un confinamiento es más que suficiente. Hale, chao, adiós.

Bien, repasemos la actualidad informativa, últimamente cargada con más preguntas que respuestas. ¿Aprobado general y pasar directamente de curso es lo mismo o es solo una impresión? ¿La ministra Celaá leerá personalmente los “informes exhaustivos” que ha pedido a los profes que pidan que equis alumnos repitan? ¿Por qué se ha hecho este anuncio tan pronto, cuando quedan dos meses largos de curso? ¿Con qué moral –porque es que esto está más allá de la del Alcoyano- quiere la ministra que los profes, digamos, impongan que se terminen las asignaturas y trabajos a partir de ahora? Y así, mientras Alemania anuncia el paulatino regreso de los alumnos a las aulas, termina el repaso de la actualidad informativa y que el lector extraiga las conclusiones que considere más oportunas porque no va a haber respuestas.

En la sección Cultura Infecta, quiero reseñar que anoche (miércoles, 15 de abril) vi un reportaje sobre los Beatles, bastante meloso por cierto, ya que pasó de puntillas sobre temas como las drogas o sus relaciones personales. Total, viene a este espacio porque en respuesta a una pregunta concreta, creo que recordar que fue Paul McCartney quien afirmó que no se consideraba cultura sus canciones. Repito, los Beatles, al menos de jóvenes, no se consideraban cultura. Lo enfatizo por el evidente abuso que en España se hace de la palabreja…

Y llegamos ya a Desinfección y Chuletas, camino de ser un hito en el periodismo jerezano de lo que va de siglo XXI. Como consecuencia de las peticiones de las autoridades sanitarias no paro de lavarme las manos, lo que motiva que de vez en cuando aparezcan palabras y números que están destrozando una vida académica: la mía. Ayer, tras el quinto lavado de manos, aparece en la palma derecha “los Beatles son los Mozart y Beethoven del siglo XX”, una frase que dice muy poco tanto de mi capacidad retentiva como de la originalidad del profesor de Música en la EGB.

Cataluña reconoce 3.000 y pico muertos más por coronavirus que por ahora no reconoce el Estado. Cuando no es una cosa es otra, el caso es que Cataluña siempre dando por… eh, la lata, dando la lata…

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