Una mujer camina, con mascarilla incluida, cerca de plaza Esteve. duarante la pandemia. FOTO: MANU GARCÍA
Una mujer camina, con mascarilla incluida, cerca de plaza Esteve. duarante la pandemia. FOTO: MANU GARCÍA

Después de las Confesiones un tanto catárticas de ayer, creo que ha llegado el momento de volver a la línea habitual. Más descarada que profunda, resumiendo. No tengo grandes cuestiones que comentarles —bueno, esperen… Me ha pedido A. que a ver si le meto mano a los CDs, que una vez ordenado mi armario  ordenarlos, al parecer, “es una tontería”, por supuesto sin reparar en la cara que en ese momento yo estaba poniendo, en la que el arco ciliar me llegaba casi al nacimiento del pelo y eso, en mi caso, créanme, son palabras mayores— en la sección de hoy, pero seguro que la sacamos adelante, sin duda.

Y estoy tan seguro por un simple motivo: ayer (14 de abril) vi algo de tele. Y vi TVE. Voy a empezar por ahí. En la desconexión andaluza de TVE-1 hay un periodista que es un crack. Se está marcando un reportaje sobre la (difícil) convivencia en tiempos de confinamiento, y en la exposición comete un desliz de libro, sobre cómo afecta este asunto a “parejas y matrimonios”. Me meo. Está claro que no ha sido un lapsus, que para el chaval –por la voz se sabe que es muy joven— ‘pareja’ y ‘matrimonio’ son dos cosas distintas, no que la segunda sea una posibilidad formal de la primera (eso lo debe dejar para cuando cumpla los 30… ó los 40, ya puestos). Para él, cabe suponer, pareja es lo que te echas en verano en la playa, quedas ya en Sevilla –ay, Sevilla, qué pereza de centralismo autonómico— si no sales de cervecitas con los colegas y bueno… con el tiempo lo dejas y vuelves a la casilla de salida o es posible que te hayas ido metiendo tú en su ambiente y en ella en el tuyo, tú en su casa y ella en la tuya, tú tengas zapatillas en su casa y ella en la tuya, hasta que llega un momento en que pasas de pantalla: matrimonio.

Una sucesión de hipotecas, compromisos, duplicación de familia y llegado el caso, niños, colegios, deportes, ropa, cumpleaños… Dos cosas radicalmente distintas. Pareja y matrimonio. En realidad, con su desliz, este joven reportero no ha inventado nada: ¿no cantaba Frank Sinatra Love and marriage? Pues eso. Lo que no sabemos es dónde deja nuestro joven reportero a los ½ matrimonios: parejas de hecho; o a los ¾ de matrimonio: pareja de hecho con niños… Estaré atento hoy por si acaso…

Después, en el mismo programa, ante la imposibilidad de besar y abrazar prójimos –nos estamos poniendo también pesaditos ya con este tema… los ‘osos amorosos’—, empiezan a preguntar a gente que pasa por la calle a quién tienen ganas de dar besos y abrazos. Las respuestas son todas lógicas: nietos, hijos, sobrinos… hasta que le meten el micrófono a una señora octogenaria y dice que abrazaría en primer lugar al Cholo Simeone… Bueno, él jugó en el Sevilla, pero no, está claro que aquí se ha producido una especie de transmutación Los Remedios-Glorieta de Embajadores…

No les he comentado… sí, ha vuelto a la actividad la grúa verde que hay frente a mi casa. Tras el parón de dos semanas por el refuerzo del confinamiento, la grúa –que ya saben que doy por hecho que me envía mensajes— volvió el lunes al tajo. ¡Ah, qué bonitos requiebros, qué arabescos, qué poderosos giros sobre su longilínea torre! ¡Qué vibrante saludo de la pluma y del contrapeso –como el trapecista y el portón— en su vuelta a la actividad! ¡Qué loca chicuela! Hay sitio más allá de ‘pareja y matrimonio’ para hablar de la relación de un hombre y una grúa…

Después del habitual desbarre con la grúa propio de un mes encerrado (o eso quiero suponer), damos paso ya a Cultura Infecta, una sección que aparece y desaparece a libre criterio del autor, como tiene que ser. Ayer vi por cuarta o quinta vez La condesa descalza, que la pasaron en La 2. La peli, obviamente, me gusta, aunque cada vez me río más con dos o tres escenas que son sencillamente delirantes, como el baile de Ava Gardner con los gitanos acampados en la Costa Azul (¿?) o su baño al pie de la mansión del noble italiano al que le volaron los huevos en la guerra (por cierto, no sabemos si cantando Bella Ciao o el himno fascista Allarmi), baño en el que años después Lina Morgan basaría buena parte de su carrera… Por cierto, A. y yo intentamos ayer dar un giro a la peli desde una perspectiva de género, pero lo dejamos: Ava Gardner, una mujer empoderada de manual, declara a favor de su padre que ha asesinado a su madre (supuesto asesinato machista, pero lo absuelven) y finalmente ella (y su amante) también es víctima de un asesinato machista. Todo demasiado…

En Desinfección y Chuletas seguimos con el destrozo de una carrera académica que ya de por sí fue bastante discreta: la mía. Tras continuos lavados de manos en cumplimiento de los designios de las autoridades sanitarias, aparece en la palma de mi mano derecha (ya saben que soy zurdo), en concreto tras el sexto lavado, una frase de Aristóteles que parece que viene al pelo en estos tiempos de confusión entre propaganda y periodismo, sobre todo en redes sociales: “el ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona”.

A ver, señores del Gobierno: si dicen que van a vigilar los precios de determinados productos para que no suban en las farmacias (mascarillas, geles, etc), háganlo, no vale con decirlo en el telediario y ya… Cuídense (incluidos los del Gobierno). 

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