El beso, la icónica foto tomada por  Alfred Eisenstaedt el 'Día de la Victoria', cuando concluyó la II Guerra Mundial.
El beso, la icónica foto tomada por Alfred Eisenstaedt el 'Día de la Victoria', cuando concluyó la II Guerra Mundial.

… Al final nos tomamos una caña y no nos supo tan rica como la recordábamos. Esta frase, que parece sacada de una canción de Vetusta Morla –qué tíos… diversión garantizada— puede servir de resumen del primer ‘día de la victoria’ (así, con baja) de este proceso de fases que nos va a tocar vivir. Nada de marineros besándose apasionadamente con enfermeras por las avenidas con la música atronando, nada de jolgorio y diversión por doquier acompañando la celebración. Qué va. Varios bares con terraza y otros despachado comida para llevar y ya… 

Esa era toda la celebración. Algunos bares y tiendas (más bien las tiendas) instalándose en una normalidad que es cualquier cosa menos normal. Voy a una librería y me atienden dos tipos que parecen salidos de Aviador Dro, con una de esas pantallas en la cabeza –como sigamos así van a acabar haciéndolas graduadas… ¿o por qué no que se oscurezcan con el sol?—, mientras que en una terraza cercana, en la que me tomo la primera caña en dos meses, al final el personal está más pendiente de cómo te traen la caña, cómo te relacionas con los amigos y conocidos o en el tiempo que hará que el camarero no le da al hidrogel, que en simplemente disfrutar de una buena cerveza, el motivo que te ha llevado hasta allí, no a hacer de notario del cumplimiento estricto de las normas que acompañan ahora a una caña… qué tiempos en los que la ‘única norma’ era la observancia del centímetro y medio de espuma que debe coronar una caña bien tirada…

Hemos estado, en definitiva, casi dos meses persiguiendo una quimera. Está bien empezar a ver a los amigos, desde luego, pero me parece que o vamos ganando alicientes o la desescalada se va a hacer eterna, sobre todo a los que somos más de barra. Porque ese es otro debate: una terraza no es exactamente un bar. No han abierto los bares, no nos engañemos. Pero es un tema recurrente en mí, no teman por mi salud queridas y queridos lectores, siempre digo que una terraza, si está el mar enfrente o está recogida en un patio, pues bueno, pero en mitad de la calle, en un sitio  de paso… No me hallo (si todavía son mesa altas…). Desde nunca. Ah, y si encima se tercia comer (más allá de unas aceitunas), ni te cuento… Entiendo que son rarezas, manías, cosas de la edad… como lo quieran llamar, pero qué es uno sino una suma de todo eso…

Pues esto es lo que tenemos por ahora, queridos lectores. Aprovéchenlo. ¿Un artículo un pelín triste, tal vez? Bueno, esto está escrito sobre las dos de la tarde, creo que una hora después –con este cronista debidamente retirado y guarecido ya que no propiamente confinado- el ambiente había mejorado bastante, las terrazas que estaban abiertas en el centro estaban llenas e incluso hay quien jura y perjura que vio a un arrebatado marinero besar a una enfermera…

Si no llueve, si salgo al paseo, si luego me tomo una cerveza (joder, qué de condicionales) ya les cuento en las próximas Confesiones

Llegamos a Cultura Infecta, una sección con un altísimo rendimiento para lo que poco que se trabaja. Hoy traemos el manifiesto firmado hace unos días por artistas como Juliette Binoche, Penelope Cruz, Pedro Almodóvar, Joaquin Phoenix o Madonna y que apareció en el rotativo francés Le Monde. Esta avanzadilla y otras 200 personas representativas del mundo del arte en su mayoría (también hay de la ciencia) piden que después del coronavirus no se vuelva la normalidad y que la pandemia sirva para impulsar cambios profundos en la sociedad (se entiende que la occidental). Al parecer, en esa nueva normalidad, todos estarían dispuestos a renunciar a su propia normalidad –la de sus cuentas corrientes-, sin descartar la posibilidad de  una nueva vida trabajando de camarero o cajera… Ah, que no... vaya, pensé que tal vez… Pues no se dejen engañar. Hay gente que no para y ya trabaja en la ‘nueva normalidad’. En la suya, en la suya de ellos. Como siempre, después de un poco de bla bla bla, solo quieren una cosa de ustedes: su dinero. 

Y así llegamos ya a Desinfección y Chuletas, una sección que como sigan pasando los días va a necesitar de un zahorí que busque agua. Hemos citado más arriba la icónica foto del marinero besando a la enfermera, El beso, imagen del Alfred Eisenstaedt, tomada en Nueva York durante el ‘Día de la Victoria’ de EE.UU. sobre Japón en la II Guerra Mundial. La aparición en la palma de mi mano derecha tras continuos lavados de ese nombre, que no voy a volver a escribir, se trataría de una chuleta solo relativa en Periodismo, ya que dice la leyenda que había profesores que llegado el caso aceptaban poner solo Alfred o Alfred E.; y sí, hay otro beso igual de famoso en la historia de la fotografía del siglo XX, el de la pareja captada por Robert Doisneau por las calles de París. ¿Preparadas, improvisadas? La primera improvisada, la segunda… la segunda –como diría un político- es muy bonita.

Sin ánimos ‘conspiranoides’, por una vez es comprensible el cabreo que tiene la Junta de Andalucía con lo ocurrido con las provincias de Málaga y Granada, sobre todo si se compara con Cataluña y el País Vasco. Perfectamente podían haber quedado fuera de la Fase Uno solo las dos capitales y su área metropolitana, como en Barcelona… pero no, amigos, no. Para bautizarse se necesitan padrinos…

Cuídense.

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