Una mujer yendo a la huelga feminista del pasado 8 de marzo de 2018. FOTO: MAR GALLEGO.
Una mujer yendo a la huelga feminista del pasado 8 de marzo de 2018. FOTO: MAR GALLEGO.

Estarán ustedes de acuerdo en que, cuando abrimos un periódico, no encontramos representación en éste de todo el mundo. Sería imposible, incluso, que todo el mundo cupiera en unas cuantas páginas de periódico pero ¿no existen algunas personas que están escandalosamente más representadas que otras? Les invito a hacer este ejercicio. Cojan un periódico cualquiera del día y apunten en una hoja de papel las características de las personas que aparecen en el medio. ¿Son mayoritariamente blancas, mestizas, negras? ¿Hay más hombres o más mujeres? ¿Qué espacios suelen aparecer en las noticias? ¿Se habla únicamente de lo que ocurre en los espacios públicos? ¿Qué deporte predomina en la sección de deportes? ¿Qué presencias?

Una vez esbozado su análisis, tendrá usted un esquema de qué historias y referentes son válidos y cuáles no. En definitiva, un esquema de quiénes ostentan la verdad y a quiénes se les niega. Si se fija bien, no parece que las páginas de ese periódico desafíen precisamente ningún sistema de representación actual a pesar de que sabemos que muchas personas no están precisamente contentas con el sistema de representación que tenemos. ¿No cree que se habla realmente poco de las cuestiones que afectan directamente la vida de la gente? ¿Que se contextualizan poco? ¿No cree que debería encontrar información que se pregunte por qué esto es así y soluciones que movilicen a la ciudadanía y que desafían los poderes establecidos? Si no es así, ¿cómo va a ser el periodismo el cuarto poder? ¿Qué poder no cuestiona otros poderes? 

Hay cuestiones que aparecen en los medios que contribuyen, sin embargo, a mantenimiento de este sistema de verdad. La propia estructura periodística clásica lo posibilita. Les pongo un ejemplo. ¿Sabe usted cómo nos explicaron en la facultad de periodismo qué historias son noticia y cuáles no? El ejemplo es el siguiente: “Si un perro muerde a un hombre, no es noticia. Si es el hombre quien muerde al perro, sí que lo es”. Es decir, el periodismo hegemónico considera que sólo es noticia lo que pertenece al orden de lo extraordinario. Así funciona también la Historia que nos enseñaron en el colegio: hitos tras hitos puntuales y extraordinarios pero ¿qué pasaba entre hito e hito? ¿No está acaso el 99,9% de nuestra vida en cuestiones ordinarias? La compra, la factura de la luz, los problemas para llegar a fin de mes, las dificultades ante un sistema sanitario que cada vez le imposibilita más su sanación… 

Las personas que padecen las penurias del sistema no aparecen como fuente de nuestras noticias. Siempre son otras –expertas de situaciones que no viven- las que hablan por ellas. Usted empieza a sentir agotamiento de que esto sea así. ¿Cree realmente que el periódico le representa? Y, lo más importante, ¿cree que es justo que esto sea así? ¿Por qué no podría ser de otra manera?

Muchas personas que nos dedicamos a la profesión periodística hemos querido pensar que el periodismo tiene que recuperar su poder. Que tiene que cuestionar a quienes nunca son cuestionados y que tiene que cuestionarse a sí mismo. Cuando abrimos un periódico, no estamos ahí y creemos que —si la representación es la única forma de ser dentro de este sistema—, todo el mundo tiene derecho a ser referente. 

Muchas personas, llevamos años intentando que las historias que pasan en las casas también sean historias que merezcan la pena ser contadas. Otras consideramos que cuestiones como los cuidados, los trabajos del hogar o las condiciones de quienes realizan esas tareas también tienen que tener representación en las páginas de los medios. Creemos que los medios no sólo reproducen verdades, sino que también las crean y que es nuestra labor darle a la gente los referentes silenciados. 

A estas alturas del cuento, seguramente usted y yo estemos de acuerdo. No creo que nadie piense que la autocrítica y la inclusión de estas miradas se vaya a cargar el periodismo. Al contrario, seguramente esté pensando ahora que lo enriquecerá y que ayudará a desmontar las medias verdades que históricamente hemos considerado verdades completas. Es exactamente en esto en lo que llevamos años trabajando las periodistas feministas. Le aseguro que no nos estamos cargando el periodismo y le invito a acercarse a estas historias que contamos como suyas; al igual que nosotras hemos vivido una historia que nunca hablaba de nosotras, como nuestra. 

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