Clientelismo perverso en Jerez

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

De este acto, es probable que tanto Aqualia como el PSOE saquen un rédito nada despreciable; la primera se da un refrescante lavado de imagen y el segundo podrá aparecer en los medios como un brillante mediador, defensor de las personas con discapacidad.

La época navideña es un arma de doble filo. Por un lado, son numerosas las acciones humanitarias que lleva a cabo nuestra sociedad, la mayoría de ellas sin ánimo de lucro y con objetivos humildes, concretos y honestos. Por otro lado, es una peligrosa ventana de oportunidad para quienes saben sacar tajada de determinados contextos, ya sea a nivel publicitario, económico o político. No es casual que las ONG facturen gran parte de sus donaciones en Navidad ni que la clase política intensifique su actividad pública. En ciertas ocasiones, caridad, propaganda y clientelismo se mezclan dando lugar a episodios lamentables.

En Jerez, comprobamos esta semana como Aqualia, la empresa privada que gestiona el agua de la ciudad, a través de su filial Aquajerez, donaba 20.000 euros para que ADIFI (Asociación de Personas con Discapacidad Física) pudiera comprar un vehículo adaptado. Como acto en sí es irreprochable: una gran empresa que dona parte de su excedente a una ong que tiene necesidades reales, humanitarias e urgentes.

Ocurre que si profundizamos en el contexto, el episodio puede dar hasta miedo. Aqualia, una empresa que si hacemos cuentas hace perder a Jerez aproximadamente unos 8 millones de euros al año, que se nutre de un bien básico y de primerísima necesidad como es el agua, una empresa que el año pasado redujo su plantilla, que no está pagando las bonificaciones sociales a las familias vulnerables como así le dictan las ordenanzas municipales, y que por si fuera poco, es filial de FCC (cuyo accionista mayoritario es Carlos Slim, seguido de la familia Koplowitz y cuyo nombre aparece en los papeles en negro de Bárcenas), se da un importante masaje social en un acto semipublicitario tan lícito como estomagante.

De este acto, es probable que tanto Aqualia como el PSOE saquen un rédito nada despreciable; la primera se da un refrescante lavado de imagen y el segundo podrá aparecer en los medios como un brillante mediador, defensor de las personas con discapacidad. Además, ambos estrecharán sus lazos, perpetuando la privatización de un bien público cada día más caro. Nuevamente el PSOE, como ya hiciera con los trabajadores del Villamarta en plena crisis presupuestaria, utiliza a un colectivo necesitado sin ningún tipo de rubor.

La escena que queda es ciertamente dantesca: mientras que Slim y las Koplowitz hacen caja, Mamen Sánchez seduce al establishment y en algún lugar una persona con discapacidad disfruta de un vehículo irrenunciable, miles de familias siguen esperando la bonificación por el agua sin recibir respuesta por parte del Ayuntamiento. Un macabra situación que seguramente pase desapercibida entre la ciudadanía. Jerez seguirá girando al compás neoliberal con el silencio cobarde de nuestra ciudad, que aplaudirá convencida un perverso acto de caridad sin atreverse en ningún momento a mirarse al espejo.

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