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Hoy día se ha producido una democratización total del uso de las redes sociales. Absolutamente todo el mundo tiene el acceso a todas o a cualquier red social en la que expresar lo que quiera en uso de su libertad de expresión (limitada por supuesto por las normas de la red social correspondiente) ya sea en forma de escrito, fotografía, audio o vídeo. Hay redes sociales para todos los gustos. Twitter, la ideal para la inmediatez.

Pero también la ideal para difundir los mensajes de odio y acosar al contrario. Linkedin para la gente profesional. Con Instagram pasa una cosa curiosa. Es para compartir fotografías y pequeñas historias de vídeo. En su inicio fue una red joven. Pero con los jóvenes hay una especie de movimiento migratorio en las redes. Como todos sabemos, porque una vez fuimos jóvenes, nunca queremos estar con nuestros amigos en el mismo sitio que nuestros padres. En el principio fue Tuenti, la red que tenía a todos los jóvenes, pero esta red española, se hundió y el personal se fue a Facebook.

Facebook fue joven en su día, pero en cuanto los jóvenes vieron que papá y mamá se abrían perfiles en Facebook, huyeron a Instagram (de la misma empresa). Papá y mamá han aprendido también a abrirse perfiles en Instagram y ahora mismo los jóvenes están migrando de nuevo a Tik Tok, otra red social, china, no de Estados Unidos, como las otras, y a las que papá y mamá todavía no se han apuntado. Todo llegará y los jóvenes irán a otra nueva. Sin embargo, la estrella de las redes en cuánto a uso en general es Facebook. Pero ¿sabemos usar de una manera segura esta red social? Y no me refiero al tema de contraseñas y tal, me refiero a nuestra seguridad personal como seres sociales. Se me quejaba un familiar de que había que ver que no le aceptaba la amistad en Facebook.

A ver. Piensen y recapaciten sobre sus contactos, sus amigos, en Facebook. ¿A quiénes tiene? Hay personas que llevan una vida sencilla y tienen a sus amigos. Otras un poco más complicadas, y tienen además de sus amigos, a su familia, y a sus compañeros de trabajo. Otros, mucho más, aparte de los primeros, tienen a los hermanos de su cofradía, a los militantes de su partido político y a los vecinos de su bloque. Al final, tienen tal gazpacho en su muro de Facebook que aquello se convierte en un cóctel explosivo. Piensen. ¿Invitarían ustedes un día a vuestra casa a comer a vuestro jefe, vuestra suegra, el hermano mayor de su hermandad, el secretario general de su partido político, al cura de la parroquia, a la presidenta de la asociación de lesbianas de su ciudad, a su agente de seguros, a la frutera de la tienda de abajo de su casa y al pesado de su sobrino que es del Real Madrid o del Barcelona? ¿Se los imaginan a todos hablando en la misma mesa?

Aquello puede terminar en como el rosario de la aurora. Pues lo mismo puede pasaros en vuestro muro de Facebook. A mí me pasó. Así que por favor, cuídense. Que sí, que se pueden hacer grupos de contactos y bla bla bla. Al final eso no lo hace nadie. No conviertan su vida social en una guerra. Filtren y elijan. Y sin ven problemas. Borren, borren a gente de Facebook. Y cuando les pregunten ¿por qué me has borrado de Facebook? en esta columna tenéis algunas razones.

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