Imagen de un tribunal.
Imagen de un tribunal.

Pedro, el frustrado cazador de sirenas, comparecía ante el tribunal. El cuerpo de Jaime que apareció flotando sin cabeza y con una pierna agujereada por la acción de un arpón lo incriminaba. Él aseguró que había disparado contra una sirena y que nunca tuvo intención de hacer daño a Jaime y que de ningún modo había sesgado la testa del chaval, de hecho su abogado alegaba que no se había encontrado ninguna herramienta en su barco que pudiese hacer ese destrozo en el cuello ni que lo pudiese aserrar de ese modo.

No obstante, el tribunal lo condenó, pero debido a sus reiteradas fantasías sobre las sirenas se le consideró no imputable y lo internaron en el sanatorio psiquiátrico Fontcalent de Alicante, por estimarle un esquizofrénico paranoide y estar afectado por delirios y alucinaciones.

Durante el ingreso en la clínica Pedro se comportó como una persona normal, y en las sesiones grupales destacaba por su cordura y por su carácter pacífico. Así, a los pocos meses fue designado como uno de los doce enfermeros que cumplían condena que efectuaban labores asistenciales. Todo iba normal hasta que un día en la sala de televisión emitieron la película de Walt Disney “La sirenita”. Tras verla, ideó un plan para escapar. Al día siguiente se hizo con una copia de las llaves y esperó al cambio de turno nocturno para burlar la vigilancia.

Por la mañana estaba en el muelle y se había subido en una barca en dirección a su pueblo y había robado un traje de neopreno, unas gafas de bucear y una bombonas de oxígeno. A las horas, tras la denuncia del dueño de la embarcación, fue interceptado en alta mar. Lo extraño de todo fue que apareció con la cabeza de Jaime en el barco y con la cola de un gran pescado putrefacto que había sido arponeado.

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