Mujer contra mujer

Proceder de la misma manera con la que hubiese procedido el estereotipo de hombre empaña la labor de las mal llamadas feministas

Un concierto de Las Furias. FOTO: CIO LÓPEZ
Un concierto de Las Furias. FOTO: CIO LÓPEZ

¿Qué pensaría si a un grupo musical compuesto por tres mujeres fuese interrumpido en su actuación, que hubiese un forcejeo y arrancaran el cable del bajo a una de las componentes que casi la tiran del escenario, estropeando el instrumento, mientras otros intentan extraer los cables de la mesa de sonido, en un clima de crispación, bajo los gritos de "ojalá os hubieran violado a vosotras" y "vamos a por vosotras" y que tuviese que intervenir inmediatamente la Policía para que la violencia desencadenada no degenerase en males mayores?

Muchos estarían de acuerdo conmigo de que ese sería un acto de machismo asqueroso y repugnante contra tres mujeres que habría que denunciar y castigar ejemplarmente. Pero si en vez de que supuestamente fuesen hombres, como todos daríamos por hecho automáticamente y sin pensar a consecuencia de nuestro imaginario colectivo, los agresores fueran un grupo de mujeres cabreadas las que actuaran así vandálicamente ¿Sería igualmente esa conducta inapropiada un acto de machismo (en este caso ejecutado por mujeres) y tendría la misma reprobación social? Posiblemente en este mundo llamado por las mismas agresoras heteropatriarcales basta con que el acto fuese ejecutado por féminas para que no tuviese tal reproche moral y la mayoría de la gente no le diese importancia, porque, en ese universo de ficción, la violencia contra las mujeres solo puede provenir de una única fuente: los hombres.

Esto es precisamente lo que ha ocurrido al trío musical garage punk rock (Onne Wan, Barbarella y Mary Katherin) afincado en Barcelona denominado Las Furias. Este grupo abanderado del feminismo, que lleva más de diez años defendiendo una música hecha e interpretada por mujeres, estaba dando un concierto en la plaza de la Virgen de la Blanca de Vitoria el pasado 21 de junio, dentro del Osteguna Rock Festival, cuando una multitud de participantes en la marcha contra la concesión de la libertad provisional a La Manada trató de boicotearlas. El motivo de tal presión fue que las manifestantes exigieron, sin ninguna negociación previa, ya comenzado el concierto (a las siete y media), media hora de silencio a partir de las ocho de la tarde, en solidaridad con la víctima de La Manada. Las Furias no fueron inmunes a sus peticiones y mostraron claramente su apoyo a esa justa causa, pero solo concedieron dos minutos de silencio y, justo después de ese momento, se desencadenó la bronca.

Proceder de la misma manera con la que hubiese procedido el estereotipo de hombre, que se empeñan en fabricar, empaña la labor de las mal llamadas feministas, porque no se consigue de esa forma que otras mujeres más pacíficas se unan a la causa y afean los valores de la doctrina feminista. Desde una perspectiva de género, si una mujer puede tener miedo de la actuación de un hombre, en estos casos puede padecer pavor también ante la actuación de otra mujer que actúa como si no lo fuese.

Podemos y es legítimo y democrático estar en contra de la liberación de La Manada, a pesar de que haya sido casualmente una mujer, en este caso una juez, la que haya decantado al tribunal para que tome esa decisión tan controvertida, pero no podemos actuar con violencia, pues ese es justamente el germen de la violación —según el diccionario de la RAE, la tercera acepción de violencia es la acción de violar a una persona— que es lo que queremos atajar. La abundancia (olentus) de la fuerza (vis) y su uso desproporcionado es el origen de los males de la sociedad. Ante cualquier violencia tolerancia cero.

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