Señor director: le escribo desde la impotencia que genera el sistema Sipri en Andalucía. Soy docente interina y mi madre padece cáncer, tiene un Grado II de Dependencia y vive en una residencia, porque necesita atención las 24 horas.
Su memoria se desvanece poco a poco y se desorienta cada día; lo único que deseo es estar a su lado para acompañarla a sus citas oncológicas o, simplemente, sacarla de su rutina para que no llegue a olvidar quién soy.
Sin embargo, el sistema actual me obliga a trabajar a dos horas de distancia de ella. Con un coche averiado que no puedo reparar debido al doble gasto de alquileres y la precariedad de no tener una nómina fija, mi vida es una odisea de transporte público ineficiente, trenes sin plazas y horarios que no me cuadran —a todo ello, habría que añadirle gastos de alimentación, BlaBlaCar, internet, etc—.
Me es físicamente imposible estar presente en sus tratamientos por las mañanas y llegar a tiempo por las tardes para verla. La comarcalización de los puestos en Sipri no es un capricho; es una necesidad humana urgente.
Necesitamos poder trabajar cerca de nuestros hogares para cuidar de nuestros mayores. Me parte el alma saber que, mientras cumplo con mi labor docente, el tiempo de calidad con mi madre se agota en trayectos infinitos y a veces, imposibles.
La Administración no puede seguir ignorando que detrás de cada sustitución hay una familia que se rompe por la distancia y que cada situación de otros docentes es parecida o peor incluso. No podemos seguir sufriendo este agotamiento físico y psicológico, por favor. Somos personas y tratamos con personas, no nos olvidemos de ello.
Atentamente, Marta Ll.


