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"A veces pudiera parecer incluso que lo del Brexit fue una especie de broma. Una opción de rebeldía que plantearon algunos iluminados..."

Si me he venido a pasar el verano a Birmingham no ha sido por placer, aunque haya sido un placer conocer esta zona del Reino Unido y otras de las grandes ciudades británicas. Este mes y medio tenía como objetivo concretar un estudio sobre la relación entre el Brexit y la inmigración.

Realmente, el Brexit es el tema en Gran Bretaña. No es que todo el mundo hable de ello, pero sí de esa cuestión se habla en todos sitios. Monopoliza las portadas de los periódicos y los esfuerzos de los políticos y, de esta forma, se difunde por las calles.

Por supuesto, hay un primer colectivo afectado que es el de los ciudadanos europeos residentes en Reino Unido. En Birmingham, con uno de los hospitales públicos más importantes de Gran Bretaña, la población española residente es muy numerosa y entre ellos y sus allegados el Brexit genera miedo.

Tampoco en el ámbito universitario en el que me muevo el Brexit parece bien acogido. No sé si por mi condición de europeo se disculpan o, ciertamente, el Brexit provoca tristeza en esa parte de la población británica que ha internalizado su condición de europeos y, ahora, cuando el divorcio está consumado y quedan por firmar los papeles del acuerdo, no sabe qué pasará.

A veces pudiera parecer incluso que lo del Brexit fue una especie de broma. Una opción de rebeldía que plantearon algunos iluminados, a la que se apuntó una exigua mayoría pero que, pasado el momento eufórico, cuando hay que decidir el futuro de la ruptura, nadie termina de creerse.

Podríamos preguntarnos, ¿y quién votó a favor? Es cierto que la campaña del Brexit se construyó sobre muchas mentiras pero mi sensación aquí en el Reino Unido es que el voto por la salida de la Unión Europea fue un voto de resistencia.

Un cartel a la entrada del edificio de servicios comunes de la Universidad de Birmingham asegura que en sus estudios demuestran que la sociedad no se está rompiendo, sólo está evolucionando. Sin embargo, la percepción de mucha gente en el Reino Unido es la contraria. Tampoco es tan descabellado, en España, con volúmenes de diversidad muy inferiores ya hay muchos cacareando los falsos mitos de la inmigración y acusando a los otros de no integrarse.

Lo decíamos en la carta anterior. Las calles de las ciudades europeas no son las del siglo pasado ni lo serán. No obstante, en Gran Bretaña un gran grupo pretendía que lo fueran y para ello, entre otros motivos, han construido una huida que nadie sabe dónde les llevará pero que, estoy seguro, no logrará devolver la homogeneidad a los barrios británicos.

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