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Estimado Rafael: Hace unos meses escribí que en Jerez hay, en mi opinión, un aumento de la sensación de frustración con la ciudad, y cada día más, a pesar de los mensajes oficiales, se profundiza en la idea de que, así como está, cuesta defenderla y quererla.

Estimado Rafael: Hace unos meses escribí que en Jerez hay, en mi opinión, un aumento de la sensación de frustración con la ciudad, y cada día más, a pesar de los mensajes oficiales, se profundiza en la idea de que, así como está, cuesta defenderla y quererla. “Esto está como una mierda” se escucha con frecuencia en cualquier conversación, especialmente entre el futuro: nuestros jóvenes. ¿De dónde sale ese sentido tan particular de enojo y frustración? Creo que llevamos ya muchos años en los que existe un espacio mayoritario entre los jerezanos que tiene la sensación de que aquí se ha perdido el rumbo, porque no logra descifrar y verbalizar cuál es el proyecto y el relato de ciudad que se nos está proponiendo. Un relato que evidencie en qué será mejor Jerez dentro de unos años, para qué van a servir tantos sacrificios, cómo beneficiarán los cambios a los jerezanos, de qué cosas estaremos orgullosos.

Y es que, desgraciadamente, y creo que compartes mi opinión, no hay proyecto y, por tanto, no hay relato. Vemos con rabia cómo Jerez se ha proyectado estos años, cómo se ha convertido en referencia negativa, en prototipo del desastre, con indicadores básicos, sociales y urbanos, que muestran una ciudad que no funciona. Y las ciudades, cuando han llegado a un punto bajo por abandono, por dejación, por robo en las arcas públicas o por pasividad crónica de sus ciudadanos -que desconfían de la municipalidad y ni tienen ánimos para la acción desafiante desde lo civil-, necesitan para el rediseño de un diagnóstico circular, conjunto, microscópico, inteligente, sin excusa alguna. Y complejo: porque los contrastes son tremendos y, a menudo, las necesidades y los retos están enfrentados.

Esta ciudad está enferma: necesita, para empezar, de un diagnóstico que encaje discrepancias y contradicciones de una manera clara. Ir a lo nuclear, a la raíz. Por más que cueste. Y por más que duela. Y aunque parezca, en un primer tiempo, imposible. Desde lo real, muy mal o regular, debe acordarse un encaje de lo que debe hacerse: y por ahí, todos. Necesitamos explorar y compartir la búsqueda, establecer cauces para el debate, para la reflexión, para los jóvenes, para las mujeres, caminos que integren, que sean representativos, que hagan posible recuperar la ilusión colectiva que como ciudadanos debemos sentir y contagiar con orgullo, sin tópicos, con dignidad, siempre. Barroquismos no, por favor, arquitecturas de trabajo, procesos o proyectos laberínticos, menos. Tracemos una flecha para el arranque que nos lleve a la diana de los cambios imprescindibles con soluciones nítidas, contundentes, inapelables. Creo hay que cambiar de rumbo. Hace falta audacia, renovación e ideas. Tenemos que ser más intrépidos del hoy que heroicos del ayer.

Ese es el desafío: construir y poder comunicar un rumbo, y hacerlo compartido para que la sociedad confíe. ¿Quién y cómo puede hacerse? Seguramente de muchas formas, pero en mi opinión liderado desde lo institucional, pero no desde lo partidario. Por ello, me atrevo a invocar, aquí y ahora, al Consejo Económico y Social de Jerez que presides, para que bajo su institucionalidad organice un foro abierto a la ciudadanía, es decir, a todos los que quieran participar, para construir, o por lo menos intentarlo, un proyecto independiente de banderías políticas, claro, concreto, real y responsable para el futuro de esta ciudad. Un proyecto que sea capaz de construir un camino, aunque sea de subbase, para ofrecérselo a todos los que aspiran a gobernarnos en los próximos años al objeto de que se comprometan con él. Y allá con aquellos que no quieran sumarse o que quieran “darle coba”: que la historia se lo demande. Rafael, la parálisis del presente es la semilla de la catástrofe del futuro. Espero tu respuesta. En cualquier caso, muchas gracias por escucharme. Salud y fraternidad.

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