Desinfección en el plató de informativos de Canal Sur TV, en marzo pasado. Autor: RTVA
Desinfección en el plató de informativos de Canal Sur TV, en marzo pasado. Autor: RTVA

El 28 de febrero de 2021, a saber en qué condiciones por la Covid-19 estaremos por entonces, la RTVA cumplirá 32 años de existencia en las televisiones de los andaluces y más allá a través del satélite y de las plataformas, como espejo y portavoz de esta Andalucía de tantos años de gestión socialista y un bienio del PP en el que sólo se puede razonar de ir a peor desde que existió el cambio político en San Telmo.

En el caso de Canal Sur indiscutiblemente todo ha ido a peor. Para establecer un resumen rápido, no nos vamos a fijar en las consultoras de audiencia, sino en la imagen que da una corporación pública ante los espectadores.

Por un lado Canal Sur es más de lo mismo en todos sus defectos: programas de dudosa utilidad pública para beneficio de una élite de productoras, caso de Juan y Medio o caso de Andalucía Directo con un Modesto Barragán que ya no proclama sus antipatías infantiles del PP, como sucede con su paisano Fernando García, que de ser director de Informativos con el interminable discutible gestor de Joaquín Durán ahora es el palmero mayor de quien ha comenzado a destruir la redacción de informativos, un tal Álvaro Zancajo, perro de presa de la calle Génova, que ha aterrizado para crear unos noticiarios claramente sectarios y amenazar a cualquier objeción de aparecer entre tantos profesionales de la casa, convertido en oposición y traidores al pensamiento común.

Canal Sur nunca ha sido un modelo de pluralismo, ni resistía una medición de presencia de las fuerzas políticas y distribución por importancia de los contenidos de actualidad (de interés para la audiencia de proximidad) pero lo vivido a lo largo de este año con Zancajo de dirección deja en mantillas los 30 años anteriores. Un madrileño que entra como elefante en una tienda de porcelanas de la calle Serrano. No es la mejor idea. Por eso, entre otras razones, Canal Sur va a peor. Los sindicatos al menos están siendo portavoces de tantos estragos e injusticias sin parangón en el funcionamiento de un voluminoso equipo humano al que se le ha sometido a la más espúrea desmotivación.

En lugar de cambiar el modelo y el funcionamiento de la RTVA, los actuales gestores (en lo que seríamos generosos adjudicándoles tal epíteto) han optado por acrecentar los defectos históricos de esta casa. La contratación y ensalzamiento de los amigos, amiguetes, compadres e incluso, dicen en la redacción de San Juan de Aznalfarache, que hasta algún compañero de cama. Canal Sur ha funcionado durante años por las patas negras, el abrazo y el ya hablaremos más tarde. Ahora todos esos comportamientos se han magnificado.

La pieza que corrompe hasta la desfachatez el actual Canal Sur no es tanto el director general, Juan de Dios Mellado junior, un mediocre periodista malagueño de saga con cierto nombre, que en realidad ha preferido posicionarse a la izquierda: pero para ser un simple cero a la izquierda. El que firma y el que se hace las fotos junto a tantos nombre de la casa venidos a menos y con ganas de hacer caja fácil. Esa pieza que corrompe por ineptitud Canal Sur es la persona de absoluta confianza colocada por Elías Bendodo. Es la impune y caprichosa figura de Isabel Cabrera, una discreta auxiliar de producción, una directiva menor que lo primero que hizo fue firmar un contrato en favor de la empresa de donde procedía, Secuoya, para apuntalar un matinal que es el que menos se ve entre los telespectadores, Hoy en día, y con un Fernando de la Guardia que haría el favor a sus propios compañeros de dar algún día el paso al lado (ya que la gente cuando lo ve lo que hace es cambiar de botón, directamente, como pasa con su tocayo García, el del pelo cano y voz de pena).

La directora plenipotenciaria y absolutista de Canal Sur pasa más los días en las redes sociales, buscando pelea y quejándose de décimas de audiencia, en lugar de estar concentrada con una programación que da tristeza verla

Isabel Cabrera es la que hace y deshace con su criterio de rabieta (atendiendo a la opinión de un puñado de amigos acomodados de Málaga que saben de televisión lo que Donald Trump de identidad andaluza), mientras el presidente del consejo de administración en las redes se pone de imagen de perfil al capitán Haddock hincando el codo.

La directora plenipotenciaria y absolutista de Canal Sur pasa más los días en las redes sociales, buscando pelea y quejándose de décimas de audiencia, en lugar de estar concentrada con una programación que da tristeza verla y que, como comprobaría con la opinión de cualquier andaluz normal (incluso votante del PP y Ciudadanos se lo confirmarían), no tiene interés ni  servicio público que le crio. Una programación que producen ex jefes de Cabrera (Ricardo Medina, los de Hurí TV que montan las misas de los domingos) y que tiene en su objetivo el gusto de los más recalcitrantes votantes de Vox, que es el objetivo así para tener contento al partido de extrema derecha que pidió cerrar Canal Sur.

Cabrera se está cargando Canal Sur, no sabemos si aposta o por pura negligencia, pero la directiva sólo funciona a base de halagos, que esconden así su pereza, su mediocridad y su falta de sapicencia. A nadie le extaña que  para que esta triste maquinaria siga en funcionamiento Isabel Cabrera haya pedido 11 millones de euros destinados a los hospitales andaluces. Más de 2 millones se reparten dos amigos de viaje de Isabel Cabrera: los que producen los dos programas en teoría más caros de la cadena y que se elaboran, curiosamente, en un teatrito de la localidad de Alcalá de Guadaíra.

Canal Sur va a peor, como sufrimos los trabajadores entre los cuales quiero representarme en estas colaboraciones. Vamos a tener muchas semanas para explicar y analizar esta etapa de Isabel Cabrera para cuando vayan a ser despedidos cientos de compañeros podamos señalar con antelación los responsables de la acelerada descomposición de la cadena pública de los andaluces. 

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