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Mientras el Ayuntamiento y la mesa de sabios vuelven a poner sobre el tablero otro plan de regeneración del centro histórico con rimbombantes nombres de ficción e inversiones que nadie sabe dónde van a parar, nuestros vecinos de Oriente, que no tienen ni pajolera idea de qué va todo eso ni falta que les hace, han pasado a la acción hace ya tiempo. No hay más que ver las decenas de bazares a lo largo y ancho de Jerez, donde puedes encontrar desde espumaderas y tornillos hasta un catálogo de hogar que ya lo quisiera Leroy Merlin, sin olvidar artículos de alimentación que no son la envidia del Mercadona, pero que valen para un 'desavío' a medianoche.

Ya sé que esta pequeña China no es nueva en Jelez, pero me hago esta reflexión al ver que entre las calles Coledela y Polvenil han abierto hasta tres chinos, que además vienen a ofrecer prácticamente los mismos artículos. Solo tengo que moverme a Medina, los aledaños de la antigua estación de autobuses o la de trenes para encontrarme con otros tantos, para más inri. 

Uno no puede dejar de preguntarse si hay demanda para tanta oferta, aunque deja estas disquisiciones cuando le empieza a doler la cabeza de tanto pensar y solo acierta a cambiar el nombre a las calles en honor a sus nuevos escaparates. No se preocupen, no conozco el chino ni en mandarín ni en ninguno otro de sus dialectos. De momento me conformaré por sustituir la erre por la ele, como hacíamos de niños. En cuanto a la sobresaturación del consumidor, otro día hablaremos de nabos y peras. Me refiero, claro, a las fruterías.

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