Pedro Sánchez, durante una videoconferencia.
Pedro Sánchez, durante una videoconferencia.

A través de las redes me llega una convocatoria para realizar una cacerolada en contra del Gobierno. Según el cartel que se difunde, el motivo de la misma es porque Pedro Sánchez no está tomando medidas. La falsedad y la simpleza del motivo por el que se convoca es bastante ilustrativo de la sinrazón que subyace en la campaña de acoso y derribo al que la derecha y la extrema derecha de este país están sometiendo al Gobierno de la nación en el contexto de una crisis sanitaria y social sin precedentes que está sobrepasando a todos los países afectados por la pandemia.

No sólo es falso que el Gobierno no esté tomando medidas, sino que en realidad, España es uno de los países que más medidas y más contundentes está tomando para paliar los efectos del coronavirus, según reconoce el prestigioso Instituto Imperial College de Londres, el mismo que hizo rectificar al primer ministro del Reino Unido Boris Johnson en su política de cómo afrontar la pandemia.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha estado haciendo gala de una transparencia que no hemos visto en otros países que también combaten la pandemia. Con el incansable director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias al frente, Fernando Simón, aquí se han contabilizado desde el minuto cero todos los fallecimientos provocados por el virus SARS-Cov-2; otros países contabilizan parcialmente o de manera que dificulta saber la realidad del total de personas fallecidas. En el otro extremo, España tiene el mayor número de personas curadas tras pasar por el coronavirus en relación a su población; más de 26.743 personas a fecha de hoy, 2 de abril.

Uno de los arietes en contra de la gestión del Gobierno es la falta de materiales con que combatir la enfermedad. Los problemas de abastecimiento son generalizados globalmente, todos los países están como locos buscando material sanitario para sus hospitales. Resulta realmente difícil conseguir el material en un contexto de grave pandemia mundial.

Dicho esto, se le pueden y se deben en su momento hacer todo tipo de críticas a la gestión del Gobierno, pero objetivamente no se puede negar sus intentos de llegar a cubrir las necesidades del mayor número de población posible, aunque todavía no se haya llegado a todas las capas y casuísticas de la sociedad.

Pero a pesar de los posibles fallos o deficiencias, nada puede justificar la indecente, vergonzosa e inhumana campaña a la que la derecha extrema y la extrema derecha de este país están sometiendo al Gobierno en la que es evidente que su único interés es el acoso y derribo del mismo para tomar el poder, sin importarle en absoluto hacerlo en un contexto de muertes y sufrimiento generalizado de la población. En ese contexto sitúo la cacerolada.

Me parece ruin y miserable pretender utilizar una herramienta de la que la ciudadanía espontáneamente se ha dotado, los aplausos y caceroladas, para mostrar el agradecimiento a colectivos y personas que son claves ahora mismo, o para animarnos a toda la ciudadanía ante la necesidad de confinarnos en casa, como un instrumento de pura lucha partidista en unos momentos de tanta gravedad como los que vivimos. Gestos que nacen del agradecimiento, la admiración o la solidaridad los manipulan y pervierten de manera grosera y agresiva convirtiéndolos en una lanza envenenada de odio y rencor.

¿De verdad alguien puede creer que la derecha española, cuyo instrumento político, el PP, considerado el partido más corrupto de Europa, que ha robado a los españoles a mansalva, el de los doce años de recortes en Sanidad, Educación e investigación (justo lo que más se necesita en estos críticos momentos), el que dejaba morir a los enfermos de hepatitis C negándoles el Sovaldi porque era caro, el que ahora defiende a las grandes empresas en vez de a la gente más desfavorecida iba a gestionar de forma más favorable a la ciudadanía esta crisis? ¿De verdad?

La crisis económica y social que se avecina, por múltiples causas va a ser terrible. Si fuera creyente, y no fuera millonario, rezaría todos los días para que la catástrofe que se avecina no la gestionara nunca la derecha. No cometas el error de contribuir a que vivamos ese terrible escenario.

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