Ignoraba hasta ahora que los periodistas debiéramos ofrecer soluciones. Se conoce que ese día no fui a clase.

Comentaba el otro día un lector que mi artículo del sábado pasado —Quiero la cabeza de Mamen Sánchez— pues… pues bueno, que no ofrecía soluciones a la situación municipal. Yo, la verdad, ignoraba hasta ahora que los periodistas debiéramos ofrecer soluciones. Se conoce que ese día no fui a clase. Siempre pensé que estábamos para buscar la verdad —sea lo que sea eso—, para molestar un poco (al poder a ser posible, aunque ahora hay quien se dedica a hacerlo a la oposición) o incluso, llegado el caso, cuando eres muy malo o muy vago, pues para pasar notas de prensa, es decir, para no cuestionarte nada, que de todo hay y tiene que haber. Pero para aportar soluciones… No sé, yo diría que para eso la gente vota a los políticos, a los periodistas no los vota nadie, si acaso los botan, que hay que ver cómo está el sector. No obstante, es verdad que los periodistas habitualmente estamos cerca de los políticos y los políticos procuran estar cerca de los periodistas. Hay políticos que son dados a decir lo que tienen que hacer los periodistas y, ciertamente, también hay periodistas proclives a decir a los políticos por dónde tienen que tirar… Aunque tengo alguna amistad entre los políticos, no es mi caso, la verdad. Yo me quedé en esa frase hecha de “cada uno en su casa y Dios —el dios anterior a Bakunin— en la de todos”.

No obstante, recogiendo el envite del lector y el optimismo que de forma inusitada me embarga esta semana decido darle una pensada al tema y… y no hay manera. Jerez, hoy por hoy, simplemente no tiene solución como ciudad, básicamente por cuatro motivos muy concretos. En primer lugar está la descomunal deuda que soporta, que mediatiza al 100 por cien la política municipal. Ni el anterior PSOE (el de Sánchez, Pilar) con su factorización de la deuda consiguió nada ni el PP de García-Pelayo con la malaventa del agua dio tampoco una solución real para las finanzas municipales.

En segundo lugar, los jerezanos han decidido echarse unas risas en las urnas y, por si hubiera pocos males, dotarse de una situación política muy complicada, sin mayorías claras y con unos políticos que están demostrando una mediocridad impresionante. Privada de gobernar la lista ganadora, la del PP, la izquierda ha sido incapaz de articular durante el año y medio que ha transcurrido desde las elecciones municipales algo parecido a un acuerdo real de gobierno. Ni al PSOE, pese a su condición minoritaria y dividida, le ha interesado realmente que entrara nadie en su corral ni a Ganemos, una vez comprobado —empíricamente pero de refilón— que la política, la política real, es literalmente “una mierda”, como dice con buen criterio una de sus concejalas, le ha interesado nada que no fuera dejar algo de impronta desde fuera, no nos vayamos a salpicar, ya saben de qué. Y así han ido pasando los meses, hasta que el fiasco de la reincorporación de los afectados del ERE municipal ha hecho de espoleta y ha expuesto a la política municipal ante la gran farsa que hemos estado viviendo todos estos meses: un gobierno muy minoritario y tirando a incapaz mantenido ficticiamente por cinco concejales pendientes de hacer política con guantes. Ah, y queda hablar de IU, formación con una actitud mucho más posibilista pero que no puede hacer más de lo que le dan los números al contar solo con dos concejales.

Pero hasta ahora no hemos dejado de hablar del Ayuntamiento, acostumbrados como estamos a identificarlo con la ciudad desde los tiempos de Pacheco. Dejémoslo de lado por un momento y abordemos el tercer factor para hablar de qué modelo de ciudad tenemos… ¿Alguien puede decir algo al respecto? ¿Modelo de qué? Agotadas las bodegas —que nunca jamás volverán a ser el motor económico de la ciudad aunque las cosas estén mejorando— empezó a hablarse hace más de 20 años de la industria agroalimentaria como el futuro de Jerez. ¿Y bien? Se modernizaron los regadíos pero no han llegado las industrias para transformar y manipular dichos productos. A todos los políticos se les ha llenado la boca de la palabra Jerez, del paraguas que un nombre universalmente conocido gracias al vino (y más recientemente las motos) debiera dar a toda la industria que envase —que envasase— lo que da el campo, pero de todo eso no se ha hecho apenas nada. Eso sí, calls center… pues deprisa y corriendo, ah, y sector terciario, hostelería y turismo, que para eso hace un tiempo muy bueno y la playa está a diez minutos.

Y en cuarto lugar queda hablar de la sociedad como tal. Y Jerez hoy tiene una sociedad desmoralizada por el desempleo, por la falta de oportunidades, una sociedad ensimismada, refugiada en sus zambombas ahora que toca, cuando no en el paseo de cristos y vírgenes, una sociedad que parece haber arrojado la toalla y que busca más que nunca en sus tradiciones un refugio para no abordar su situación. Atonía con atonía se paga... Pese al intento, tiene razón el lector. De nuevo, un montón de líneas después, estamos ante un diagnóstico, solo un diagnóstico y totalmente subjetivo, además. Soluciones, la verdad, ninguna, exactamente igual que en el año y medio de gobierno que llevamos…

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