Díaz Ayuso, con su mascarilla.  COMUNIDAD DE MADRID
Díaz Ayuso, con su mascarilla. COMUNIDAD DE MADRID

Ser barbuda es una barba-ridad; cosa de circo. Como el mundo es un circo, el circo está aquí y el triángulo es una barbaridad de circo pero no de humor, más cómica hacen la tragedia. En realidad el de las Bermudas tan sólo es simple referencia. El humor más perverso: reírse de las desgracias ajenas, de las desgracias provocadas a los demás, parece entretenimiento preferido de cierta clase política, que será política pero tiene poca clase. Otro atractivo perverso, formar el absorbente triángulo de las barbudas. Eso que tienen barba, al revés, tan monísimas, los tres lados, las tres caras, son las tres islas del triángulo lejos del Caribe; de nombre a saber: Aguirre la privatizadora para dejar finito el sistema sanitario; la furibunda crítica de todo cuanto sirva para algo aunque sólo sea un poquito; anda Cristina, la que no se iba, desinformada e inculta pese a su master desconocido para sus profesores, es el mensaje vivo de que la mejor carrera es huir de su cercanía (política) y la ínclita señora presidenta. Ayuso, siempre en ayunas, nos dejaría en ayunas a todos con sus ocurrencias (¿a quién se le ocurre?) y sus pérdidas. Que al final no están perdidas, quienes si lo estamos somos los demás. Y los madrileños, que en sus manos llegarán a dar lástima.

Menos mal que sólo preside una Comunidad, de las más pequeñas pero la tercera más poblada. ¿A quién se le ocurre perder un avión? Perder un carro, todavía, pero ¿un avión? Si al menos fuera al otro triángulo, al de las Bermudas, a buscarlo, a lo mejor hasta se pierde también en ese vacío caribeño, los madrileños descansarían algo y los demás ¿para qué contar? Un himno propio y personal podría ser “¿Dónde estará mi avión? ¿Dónde estará mi avión?/Anoche, me lo robaron/en el triángulo Las Bermudas”. Y así rematar con un enérgico «Donde quiera que esté, mi avión es mio». ¿Serán malitos estos marcianos hurtadores de aviones ajenos? ¿En qué pensaban los chinos? Ahora quieren saltarse a la U.E., coger la bolsa e irse al mercado, a por vacunas. Esta vez sin avión, para que no se pierda. Si no pué sé. Un avión desaparece y ni el M16, siempre presto, se presta a encontrarlo ¿a dónde vamos a llegar? Esto no pasaba con el abuelito. Claro, los tenía atados y bien atados, como todo, y no había pandemias, ni nos hablábamos con China, ni con Cuba, ni con Rusia, esos rojazos capaces de acabar hasta con el imperio del IBEX, lo más sagrado. Se veía venir; comerciar con los rojos ¿bráse visto? Al infierno, por herejes, que allí con el calor el bicho muere. China, Cuba, Rusia, el «triángulo del mal». Más vale honra sin aviones que aviones sin Inquisición. Disculpe por destrozar su frase, Sr. Méndez Núñez. Ustedes me entienden ¿verdad? Ayuso, por una letra ayuno, se ha quedado en ayunas (virtual). Pobre, tan mona y se le susllevan un avión. Pues ya ven: muy preocupada no se le ve; ¡anda!, que siga la fiesta (pero guarden bien sus aviones por si las Bermudas cambian de sitio).

No son barbudas, son monísimas. Bárbaramente monas. En el buen sentido ¿eh? Sin mala intención ni mandanga. Tan claro como que cambiarse las bermudas de lugar es un riesgo para la moral y la decencia pacata de la «reserva espiritual de Occidente», dónde parece que mentir, enchufar, engañar, estafar, pasar el beneficio de los hospitales a los amigos, ó mantenerlos cerrados para necesitar hospitales de campaña y despedir médicos o no contratarlos, questá-la-cosa-mu-achuchá, son «menudencias» que no figuran entre los Mandamientos. O no se habrán dado cuenta. Nada, pelillos a la mar, que el avión ha superado el triángulo y ya ha vuelto. Sin vacunas.

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