La planta de Airbus en Puerto Real.
La planta de Airbus en Puerto Real. MANU GARCÍA

Cuando no se tiene intención de mejorar el nivel de vida de una zona, se recurre a alguna actuación espectacular, por ejemplo una gran empresa dependiente de intereses exteriores, más extraños que extranjeros. De momento se calla la boca a los damnificados por su bajo nivel de vida, se les ensalza y luego, cuando todo se ha vuelto a normalizar se cierra o se “deslocaliza” esa gran realización para perjudicar a los que ya lo estaban y a los nuevos, que llegaron al calor de ese “milagro económico” de pacotilla. De forma independiente aunque a veces coinciden los extremos, cuando se crece por encima de lo natural vegetativo, se crece por inmigración. Para hacer crecer una localidad por encima de su nivel vegetativo es necesario obligar a decrecer a muchas. Esto no se ha tenido en cuenta durante el desarrollismo de algunas ciudades y se hace lo posible por ignorarlo en la actualidad, cuando se ha puesto en pie lo que ha recibido el nombre de La España vacía, en nuestro caso la Andalucía vacía.

Un ejemplo: Puerto Real ha crecido en los últimos treinta años hasta casi duplicar su población. Cádiz ha perdido habitantes. No sólo Cádiz, algunos pueblos cercanos han perdido en porcentajes muy altos. Entre otros cabe reseñar: Alcalá de los Gazules ha perdido 506 habitantes, Algodonales 185; Bornos, 1650; Espera, 110; Grazalema, 285; Olvera 931, Ubrique 1500. En algunos casos cantidades pequeñas con porcentajes alto. Cuando una población pierde habitantes no pierde sólo los que minoran su número anterior, a eso hay que sumar los que no se pueden sumar: el número que no ha podido aumentar. Pero lo programado no era hacer crecer Puerto Real, ciudad que, como andaluza, no está entre las preferencias de ningún gobierno de las Españas. Y el cumplimiento de ese programa llega cuando se ha consumado el aumento de población en unos lugares y la disminución en otras. “Hay” que cumplir lo que se había previsto desde el principio. La “capi” es “la capi” y requiere toda la atención, y toda la superpoblación. Para eso se mantiene engañada a Andalucía algunos años y de pronto se le saca del error. El de haber creído que un gobierno español había podido llegar a pensar en favorecer a la Bahía, ni a ningún otro espacio físico de la Comunidad.

En Andalucía convendría acostumbrarse a la idea de que la única forma de crecer es crecer desde sí mismo. Cuando un agente externo, incluido el gobierno del Estado, acomete una mejora para esta Comunidad, no ha contraído ningún compromiso. Montar una gran fábrica para abandonarla al cabo de unos años es costoso. Pero les merece la pena si durante unos años se ha entretenido a los habitantes de la zona, se ha mejorado ligeramente su nivel de vida y se les ha hecho creer en progreso por el crecimiento en número de viviendas. La construcción, pese a su carácter temporero, se ha ganado simpatías, y durante la burbuja se festejaban más las grúas que la instalación de industria rentable y permanente. Lamentable error que no acabaremos de pagar nunca, mientras se siga confundiendo progreso con crecimiento territorial, construcción de viviendas que, en un gran porcentaje, siguen vacías y en muchos casos sin terminar, después de catorce años.

El final siempre es el mismo, que es el perseguido desde el principio. Quien tiene que acercarse en número de habitantes a Londres, a París o a Berlín, es “la capi”, aunque Castilla y Aragón queden desérticas y Andalucía sea el campo de pruebas que sufra los mayores altibajos económicos. Así que, una vez consolidada y en beneficios, la fábrica de Puerto Real, se cierra, se deja caer el edificio —que eso no acaecerá en un mes— porque quien tiene que crecer es “la capi”. Y si la fábrica de Puerto Real funciona, mejor que funcione en “la capi”, que para eso es la capi.

¿Andalucía? No preocupa. Ya lo decía en julio de 1975 la revista del Ministerio de Comercio: "Andalucía ha venido siendo algo así como una colonia situada al sur". Y las colonias no están para recibir atención.

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