Pisos en alquiler, en una imagen de archivo.
Pisos en alquiler, en una imagen de archivo. MANU GARCÍA

Dicen que los españoles gritan. También lo dicen de los italianos. Se ve que unos crían la fama. La lana la cardan todos. O será que, como “todo lo malo se pega”, los turistas captan al vuelo algunas “costumbres locales”. Aquellas que les interesan. Porque una de las principales quejas de los vecinos de bloques de viviendas con pisos alquilados para uso turístico, una de las, no la única, es que no los dejan dormir. Que es, también, una de las ventajas del "alquiler turístico": en los hoteles se puede participar de las fiestas y veladas que el propio hotel organice, pero no se permite hacerlas en las habitaciones, que están para descansar.

Las habitaciones de los hoteles tienen, exactamente, el mismo fin que las de las viviendas. Pero los turistas de las tan de moda plataformas de alquiler, no lo han entendido. Ni ellos, ni sus plataformas. Prefieren un apartamento o piso turístico que es como los demás pero en alquiler por días—, porque en estos ninguna norma ni dirección hotelera le impide tener música, baile, gritos, saltos y copas hasta la madrugada, o hasta por la mañana. Están de asueto y no tienen hora de levantarse. Todo lo contrario de sus vecinos, los que viven allí permanentemente (es un decir, porque la Ley lo impide, y los obliga a nomadear cada tres o cada cinco años), los que, aburridos, empiezan a dejar sus viviendas y a buscarse otras, a mayor beneficio de los propietarios, para otro plazo máximo (que se habla de promover el alquiler pero no se permite un alquiler duradero) para regodeo y felicidad de las plataformas de "alquiler turístico".

Los turistas podrían ser hospedados en edificios de apartamentos suficientemente aislados, donde puedan dejar alegremente las toallas en el suelo y con ellas tapar las vomiteras de sus noches de fiesta. Que los aguante el dueño, en vez de los vecinos. Pero, no, con la ayuda del Gobierno español y de la Comisión Europea, que lo niega pero colabora y favorece a las plataformas, prefiere ir dejando vacíos los centros de las ciudades, libres para quienes acuden a ella unos cuantos días, pero reportan al codicioso propietario (o la codiciosa propietaria) un alto beneficio inmediato, aunque, en el cómputo anual y de gastos, no siempre alcance el de un alquiler normal.

Este es, tan sólo, uno de los problemas creados al común por los “pisos y apartamentos turísticos”. El otro es el provocado precisamente por la codicia. Hay dos: una combinada banca-fondos buitre. Los primeros entregan las viviendas embargadas o no vendidas a los segundos a precio de saldo, mientras los niegan a las familias necesitadas aunque así podrían ganarle más. Pero las familias no son la familia. Estos las ponen en venta o alquiler como si no quisieran venderlas ni alquilarlas, a juzgar por los precios. Y a eso suman los edificios antiguos comprados a sus dueños para expulsar a los vecinos —que para eso la ley española es proteccionista con el propietario— y subir los precios, aunque la gente viva en la calle, algo que no les importa, y los pisos sigan vacíos. Que eso sí debería importarles.

Pero la ambición es ciega. La de los fondos, bancos, promotoras, constructoras, inmobiliarias y propietarios. Los que venden para hacer dinero rápido y los que alquilan con el objetivo puesto en emular, a su escala, a los grandes especuladores. El principal elemento de juicio de tasación de cualquier inmueble es comparar el máximo obtenido en el sector, con lo que a más especulación más alto. La envidia también engorda, en cuanto alguien consigue cobrar por su vivienda más de lo acostumbrado, en ambición infinita, todos quieren emularle, así los precios suben muy por encima de lo razonablemente posible. Y aquí entran de nuevo las plataformas turísticas. Si un turista paga por cinco días igual o más de lo que algunos cobran por el alquiler de un mes, todos quieren multiplicar sus ingresos en la misma proporción. Aunque la ceguera especulativa les impida ver que un piso turístico no se alquila todos los días y menos aún todos los meses. Los ojos se hacen trasunto de caja registradora, aunque la torpeza propia del egoísmo, mantenga su propiedad cerrada durante meses.

En el Estado español hace falta algo más de un millón y medio de viviendas. Pero el Gobierno, de acuerdo con la Comisión Europea sólo cuando el acuerdo es perjudicial para el pueblo, está más preocupado en fomentar la especulación, en beneficiar el ingreso de los propietarios, chicos o grandes, da igual, a costa de tener gente durmiendo en la calle, o familias enteras viviendo en una habitación, en el mejor de los casos.

Estos pobres son tan torpes que no se han percatado del favor a una plataforma belga. O americana, da igual de donde venga. No han caído en vengarse de los "pérfidos" que les niegan extradiciones. O aquí tienen muy clara la "independencia" de intereses y no ponen inspectores porque no quieren actuar contra las subidas incontroladas ni contra las molestias innecesarias. Al fin y al cabo, se trata de no tocar el negocio de la familia.

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