Blas Infante, con una de sus cuatro hijos.
Blas Infante, con una de sus cuatro hijos.

La digitalización de la prensa histórica facilita la consulta online, en breves instantes, de multitud de cabeceras depositadas en archivos que se encuentran a grandes distancias. Esto, por ejemplo, sucede con los depósitos catalanes. Gracias a esta herramienta, se ha podido sondear la presencia de Blas Infante en Cataluña y, con ello, completar aún más si cabe lo publicado hasta el momento sobre este asunto.

Las obras de referencia para adentrarnos en este tema son las de Juan Antonio Lacomba, Enrique Iniesta y, más recientemente, Francisco García Duarte y su libro de 2007, “El Ideal de Blas Infante en Cataluña”, donde realiza una síntesis de lo editado hasta ese momento. Esa obra nos sirve de hilo argumental al que añadiremos los nuevos datos.

García Duarte cita a Iniesta cuando sitúa el inicio de los contactos entre el andalucismo y el catalanismo (concretamente Cambó e Infante) en 1913 con motivo del viaje del primero a Sevilla para participar en los Juegos Florales. A partir de ahí, se datan las muy estudiadas visitas a Andalucía de Cambó.

Efectivamente, a partir del 13, la prensa catalana se hace eco de los postulados y actuaciones de Infante. En el diario republicano barcelonés El Diluvio del 24 de marzo de 1914 da la noticia donde describe la conferencia sobre “Ideal Andaluz”, pronunciada en el Ateneo. A partir de ese momento, son varios los periódicos que analizan el contenido no sólo de la charla, sino también del conocido libro del mismo título.

La Veu de Catalunya, autodenominado “diario nacionalista catalán”, del 11 de marzo de 1916 dedica un largo artículo firmado por J. Morató i Grau y bajo el título, en catalán, “Una vèu germana. A proposit del llibre Ideal Andaluz original de D. Blas Infante Pérez” (Una voz hermana. A propósito del libro Ideal Andaluz de Blas Infante Pérez) a la obra primigenia. (“La voz hermana que nos llega hoy, viene nada menos que de Andalucía, en un volumen encendido de entusiasmo y más valioso que por ellos mismos -con todo y serlo mucho- por la visión justa que nos da de los hombres y las cosas de aquella tierra”). Y finaliza: (“El libro del señor Infante Pérez es nacionalista, aunque el autor huya a sabiendas del calificativo (...) Sea bienvenida entre las demás la voz de Andalucía. Hacemos lugar (...) al nuevo hermano que nos hace ofrenda de un tan gentil presente como es el libro Ideal Andaluz”). Nota: Los textos entrecomillas y entre paréntesis son traducción del original en catalán. Si sólo aparecen las comillas, el original está en castellano.

También el diario barcelonés “La campana de Gracia” del 2 de septiembre de 1916 dedica otro artículo al “regionalismo andaluz”, firmado por Ángel Samblancat, donde analiza el mismo trabajo de Infante: “Viene todo esto a cuento del movimiento regionalista que empieza a señalarse en el Mediodía de España (…) El órgano de propaganda de los regionalistas meridionales es la revista Andalucía. Los jóvenes que redactan este periódico publican con frecuencia manifiestos, dan conferencias, escriben libros. Uno de estos ha llegado recientemente a nuestras manos. Se titula Ideal Andaluz. Lo firma un mozo enterado y capaz que se llama Blas Infante. Ideal Andaluz es un libro fuerte, jugoso, sustantífico. En él, además de formular las razones y las reivindicaciones del regionalismo andaluz, se plantean dos problemas sugestivos: el de la raza, el de la sangre presemita y bereber que se supone corre en abundancia por las venas de Andalucía, y el de la tierra, las dos tragedias de ese pueblo. A ambos da el autor, que es georgista, soluciones modernas. (…) Y digamos, parodiando a González Bravo, en cierta memorable ocasión: Joven Andalucía, nosotros te saludamos”.

Un año más tarde, el Ideal Andaluz provoca un extenso análisis, de nuevo, en La Veu de Catalunya del 9 de febrero de 1917, firmado por “B.”. Define al regionalismo andaluz como (un programa concreto y definido, tendiendo a la reconstitución integral de una Andalucía con personalidad propia, que pueda intervenir sin tutelas, en la política general española). Anuncia la celebración de la Asamblea de Ronda, donde acudirá “toda” Andalucía y afirma que el regionalismo andaluz ya cuenta con una organización “vigorosa” que lo dirige y consolida, desde Málaga hasta Cádiz, y liderados por el Centro Andaluz de Sevilla. El extenso artículo termina: este movimiento, tan complejo como significativo, posee una gran admiración hacia Cataluña. (“Nuestras relaciones entrarían en vías de una cooperación franca, y después de las jornadas de Bilbao y de Valencia vendrían las de Córdoba y de Sevilla, y fuera la incorporación de una región más a la obra de la reconstrucción española”).

Uno de los datos inéditos descubiertos en este trabajo es la previsión de Infante de viajar a Cataluña. El periódico barcelonés El Diluvio del 22 de octubre de 1917, en su segunda página asegura que el próximo mes el “promotor del movimiento andalucista”, Blas Infante viajará, invitado por la Lliga Regionalista, a Barcelona junto a Rafael Ochoa Vila, secretario del Centro Andaluz de Sevilla, y Tomás F. Guerrero, director de la revista Andalucía. No tenemos noticias de que se produjera esta visita.

De nuevo La Veu de Catalunya dedica otro artículo a Blas Infante. En su número del 25 de enero de 1918 afirma (“Cataluña y Andalucía vivían sin conocerse una y otra. Los contratistas del patriotismo habían separado estas dos partes de la Península. Tanto como en Castilla, Cataluña hacía culpable en Andalucía de la opresión centralista. Andalucía, pero, como Castilla, han sido víctimas. Y ahora, cuando sienten la consciente inquietud de la sierva personalidad, ya no ven en Cataluña la enemiga, sino la hermana. (...) Este hecho es la justificación más gloriosa de los ideales y de la tarea liberatoria de Cataluña. Y así el nombre de la cabeza y cerebro del nacionalismo andaluz es todo un símbolo en Andalucía”).

En octubre de 1918, la revista barcelonesa mensual “Messidor” publica en la página 17, el telegrama enviado por el Centro Andaluz de Sevilla solidarizándose con la Mancomunidad catalana: “Los hombres de la España muerta quieren justificar su pasividad vergonzosa continuando la fingida historia de un cadáver; ofenden los alientos creadores de los demás que necesitan una patria viva y libre. En esta última hora de prueba para el nacionalismo catalán, el «Centro Regionalista Andaluz», que siempre defendió a Cataluña cuando fué atacada por la incomprensión española, hace fervientes votos por la libertad y prosperidad de la región hermana, aclamando a Cataluña y a Andalucía autónomas y a la libre federación de las nacionalidades de Iberia. Por el «Centro Regionalista Andaluz», le saluda cariñosamente Blas Infante”.

El Diluvio menciona la candidatura de Infante por Gaucín en 1919, donde se presenta frente al candidato dinástico Luis Armiñán. Del intento dice: “El regionalismo andaluz empezó a cultivarlo y propagarlo en Sevilla un fogoso y elocuente joven llamado Blas Infante. De esto aun no hace tres años (…) Los regionalistas andaluces, que al principio eran cuatro gatos, ya son gente y preocupan a los caciques y al Gobierno. Los regionalistas andaluces tienen un Directorio y un Centro Regionalista con secciones en todas las provincias y presentan candidatos por algunos distritos en estas elecciones”. El autor, de nuevo Ángel Samblancat, desde su “exilio en Alpandeire”, tal y como él mismo firma, termina el artículo: “Esta tarde, me decía un labrador, muy convencido, antes que votar a Armiñán, voto a mi guarra”.

Sin embargo, también se encuentran algunas discrepancias entre andaluces y catalanes. Como cuando el diario Messidor en octubre de 1919 responde a un artículo aparecido en El Regionalista andaluz. Esa nota dice que “el alma andaluza es noble, expansiva; pero a menudo se limita a la palabra sin entrar a la acción”. Lamenta la animosidad de este semanario contra “falsa apariencia de vida, envuelta en resplandores plutocráticos que de otras regiones vengan con fatuidad redentora a imponer un espíritu estrecho y egoísta”. Se refiere a la desaparición de El Noticiero Sevillano, “órgano de un partido, que llama del catalanismo sevillano”. Dice posteriormente, “Ciertamente el Sr. Blas Infante es un idealista simpático y debería pensar que no todo es plutocracia ni mercantilismo en el regionalismo catalán, y aunque poco tuviera de grande, expansivo, idealista, por ese poco deberían el señor Blas Infante y El Regionalista buscar puntos de contacto, de relación y de simpatía, con esa nobleza y cordialidad propias de la hermosa tierra andaluza”.

Falta un análisis en profundidad de estos nuevos datos. Parece que las relaciones entre el andalucismo y el catalanismo fueron más estrechas que lo descubierto hasta ahora. El intercambio de libros, prensa y cartas consiguió el reconocimiento por ambas partes y la solidaridad mutua para conseguir sus fines.

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