Toni Cantó, en una imagen de archivo.
Toni Cantó, en una imagen de archivo.

Si en los tiempos que vivimos aun alguien no se ha dado cuenta de la importancia que tiene el Derecho en nuestro día a día es porque no ha querido. No le ha apetecido aprender los fundamentos de una cuestión, la jurídica, que rige nuestra vida desde antes de nacer y hasta después de morir, tanto en el ámbito individual como en el social.

En lo que llevamos de abril de 2021, por ejemplo, la justicia ha echado a Toni Cantó y al ex alcalde de Toledo de las listas de Isabel Díaz Ayuso o tres asociaciones mayoritarias de jueces han llevado a nuestro país a la Comisión Europea por la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

Pero también me asombra la cantidad de información jurídica que los legos en Derecho pueden recibir día a día a través de medios de comunicación como éste. Y ni hablamos de que los fallos de las sentencias se celebren como goles, como si de otra obra divina de la zurda de Lionel Messi se tratara. Digerimos (porque también los juristas caemos en esa trampa ante la inmensa cantidad de información) las resoluciones en base a su parte dispositiva, sin pararnos salvo rara vez a leer cuál es la fundamentación.

Si ya de por sí Twitter o Facebook desde hace algún tiempo nos invitan a clicar en las noticias e ir más allá del titular, en cuanto a las sentencias y autos que vemos día a día deberíamos ir más allá de su fallo, de su parte dispositiva. Quizá por ello, de la resolución sobre Toni Cantó en muchas redes hasta se discute si es o no recurrible, cuando el propio pie de la sentencia indica que no caben recursos ordinarios contra la misma, y solo es posible acudir ante el Tribunal Constitucional, que hablando con propiedad no pertenece al Poder Judicial. Basta con buscar la sentencia e invertir más de 10 segundos. Aplicable también al comunicado de acudir a las instancias europeas por parte de las asociaciones judiciales, que algunos vuelven a celebrar como un gol, olvidando que los problemas con la composición del Consejo General del Poder Judicial (cromos, ¿recuerdan?) no se circunscriben únicamente a este ejecutivo.

Si ya de por sí vivimos en una sociedad en la que, citando a Jesús Quintero, la gente se vanagloria de no haber leído un libro, que pidamos que se lean las sentencias puede ser imposible. Al problema de siempre, en cuanto a la falta de formación jurídica de los ciudadanos, se le junta que para alcanzar esta formación jurídica ha de practicarse un mínimo esfuerzo. Y al fin y al cabo, es más fácil disfrutar un gol que analizar la jugada.

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