Ay, mamá o el filibusterismo enrollao

Estos días se ha conocido la noticia que la Bandini había convocado a un grupo de mujeres para rodar un vídeo con sus pechos reales a la vista

Pecho de mujer al descubierto.
Pecho de mujer al descubierto.

Estos días se ha conocido la noticia, gracias a Nazareth Dos Santos, @femi_naza, que la Bandini había convocado a un grupo de mujeres para rodar un vídeo con sus pechos reales a la vista, se les había asegurado que la imágenes rodadas saldrían en el vídeo, pero luego el vídeo se volvió una alegoría de pechos incluso virginales, sobre todo sacados de la pintura. Las imágenes rodadas y prometidas no salieron.

Lo que parecía una protesta, una canción en parte gritada, con alusiones nada menos que a la Revolución Francesa de 1789 y a su Marianne, se ha convertido en una romantización, en una idealización estética como claudicación ante el canon impuesto de belleza que reduce a las mujeres a modelos aceptables para una moral sexual heredera del puritanismo establecido por el patriarcado. Un vídeo que es estéticamente lo contrario del Delacroix que reivindica, ¿filibusteramente?, la Bandini.

Pero veamos el vídeo

La primera imagen es la de un bebé tumbado en la cabina de la ingeniera del estudio de grabación, mientas la Bandini está haciendo su trabajo de cantante. La iluminación es cálida y romantizadora: velas, una copa de vino, viejas fotos, ¿¡fumando un cigarrillo?!, haciendo yoga, gafas retro; desesperación de la artista que casi se abrasa con la colilla de su cigarrillo, un momento de escenificación que no pasa de eso; búsqueda de la Musa inspiradora entre sus papeles y empieza la canción con una frase directa: “Tú que has sangrado tantos meses”. La frase permitiría esperar muchas cosas. La imagen es un picado y la continuación es la frase “perdóname antes de empezar, soy engreída”, algo que en este momento me parece más un ripio que ninguna otra cosa. Aparece todo un catálogo de pechos pintados sacados de la historia de la pintura.

Un redondel de tierra no es la Danza de la Tierra

Con la llegada de la llamada urgente, “¡Mamá, mamá!”, aparecen unos trazos pictóricos ocres imprecisos de diferentes tonalidades. La cámara navega entre esas tonalidades haciendo clara, en unos segundos de tiempo, la presencia de cuerpos humanos bajo esos trazos, hasta que ante nuestros ojos aparecen cuerpos amontonados de mujeres en el suelo, en una suerte de desorden de miembros: un codo y unas nalgas reales abundantemente mostradas. Tengo que pensar en el documental que el canal arte emitió sobre la fascinación que el culo de las mujeres provoca en los hombres.

El montón de cuerpos de mujeres está situado en un redondel de tierra, de ahí los tonos ocres sobre sus pieles. El montón de mujeres se va deshaciendo, surge una, se alza y el resto  se retira, agachándose, como si el cuadro fuera una flor cuyos pétalos se abren y dejan paso al pistilo. En ese momento se pronuncia “Delacroix” y es lanzado, desde alguna parte, un puñado de tierra. “Al más puro estilo Delacroix”, cantado por la Bandini, se observa literalmente negado, ninguneado, en el cuadro, ¿dónde está el pecho desnudo y a la vista que identifica inequívocamente a la Marianne?

Comienza, entonces, una danza que quiere asemejar alguna suerte de danza milenaria, atávica. La mujeres están vestidas solo con una braga pero la tierra oculta sus pechos. Diríamos que aparecen de un modo simbólico y no real. Los movimientos de las mujeres en ese redondel de tierra son compulsivos, rápidos, y la cámara no se detiene, de modo que solo unos pechos de considerable tamaño son visibles en sus formas elementales. Mirando con más detalle se ve a alguna mujer que lleva sostén.

La Danza de la Tierra. Quiero detenerme detalladamente en este cuadro que pudiera serlo de un ballet. Precisamente. Le Sacre du Printemps, de Igor Stravinsky, es lo que inmediatamente vino a mi memoria, en la coreografía de Pina Bausch, de 1978. De Pina Bausch regresé al propio Igor Stravinsky y a la coreografía original de Vaslav Nijinsky, de 1913, estrenado en París. Aquel ballet que fue un absoluto escándalo, pero por motivos muy diferentes a los que me llevan a considerar este vídeo filibustero y banal.

El vídeo de la Bandini, me atrevo a decir, bebe en las fuentes de aquel ballet, aunque al final no sé si los críticos le ponemos a muchas cosas las que no tenían y luego alcanzan con las críticas. En 1913 no solo hubo un escándalo, hubo heridos entre el público, hubo un duelo, pero todo fue por su modernidad, por su vanguardia, por la ruptura que supuso respecto a lo hasta aquel momento hecho por los Ballets Rusos en París: había abandonado el orientalismo tan del gusto de aquella sociedad en favor de un arcaísmo que no pudo digerir inmediatamente. Este vídeo produce escándalo precisamente por lo contrario, por su viejismo y su retroceso moralista, paternalista, a una estética antigua, pasada de moda, aunque todo por solo una razón: la falta de coherencia entre lo dicho, lo anunciado y la claudicación final que contradice el mensaje presupuesto.

No es tan mediocre el vídeo, que sigue la estructura del ballet de Nijinsky, con su sucesión de danzas atávicas, arcaizantes, para terminar en el sacrificio de la víctima. Aunque al llegar a este punto vuelve, a mí, la decepción y la sensación de incoherencia significativa: se sacrifica a un Mark Zuckerberg simbolizado como el culpable de lo que en realidad solo es responsable la propia Bandini, que así querría presentarse como una víctima de las decisiones de otros, aunque la decisión haya sido suya.

El cuadro del redondel de tierra, analicemos algunos detalles, nada tiene que ver con la danza presentada por Nijinsky y menos todavía por la danza creada por Pina Bausch, que ya utilizó la tierra y la sangre en su magnífico ballet de 1978. El redondel de tierra de ¡Ay, mamá! se me antoja sexualizador, ya mencionaba antes el plano explícito de unas nalgas reales, en contraste con unos pechos escondidos. Pero es ese amontonamiento, al principio amorfo, de las mujeres lo que no deja de irritarme. Creo que hubiera podido haber una mejor solución coreográfica para resolver la creación de lo que yo considero la aparición de un pistilo mientras se apartan los pétalos de su flor. El momento de la Danza de la Tierra queda diluido y banal, en mi opinión, como si no se hubiera sabido muy bien cómo hacerlo, o, por el contrario, se quiso hacer exactamente así, con toda su superficialidad y los réditos comerciales.

Se abre paso la banalización y la comercialidad del vídeo

El salto al siguiente cuadro es radical, con un visionado rapidísimo, como puente, de algo que podría ser la danza de una romería de Francisco de Goya. La nueva danza presenta un blanco virginal, hierático el semblante y también el ademán. La danza podría haber estado inspirada en la de los derviches. Una danza, la del vídeo, sobre la que no parece fácil seguir ni su significado ni su justificación escénica: puro esteticismo efectista. Llega, entonces, el momento de puritanismo más intenso, muy propio de nuestra época, lo que yo denominaría el filibusterismo de nuestra modernidad: una blusa cortada por encima de los pechos, que lucen bajo un sostén de color beige, enmarcados por un corpiño que los hace resaltar escondidos, empaquetados, negados por cuanto no muestran siquiera las huellas de sus pezones, también ocultos y negados.

Esta estética me devuelve a Madonna, aunque con una diferencia fundamental: en Madonna esta estética fue utilizada para mostrar; en la Bandini, esta estética está utilizada para esconder.

¿Qué hubiera sido, en coherencia significativa con su propia propuesta estética, artística y activista, la de la Bandini, si en este momento, precisamente en este, sus pechos hubieran quedado a la vista, rutilantes, reales, humanos, sinceros?: los pechos de una mujer tal y como son. No hubiera habido erotización ni sexualización de ninguna clase. Oportunidad perdida para todøs nosotrøs. Hubiera sido una escena sacral.

Regresan, una vez más, las alegorías pictóricas de pechos. Aparece la Marianne de Delacroix, lo que para mí ya constituye una burla. Lo banal gana terreno imparablemente. Llegan los rayos láser.

De los pezones surgen esos rayos láser, ¿en un acto combativo?. También surgen de una vagina. Todo al grito de “¿Por qué dan tanto miedo nuestras tetas?”, cosa que cantan a gritos quienes han pasado todo el vídeo ocultando sus tetas, las tetas, temiendo mostrarlas. Sin duda, nadie está obligado a hacerlo. Vuelve con rotundidad el filibusterismo de pronunciar un discurso y defender lo contrario: “[sin nuestras tetas] no habría humanidad ni habría belleza”, y ‘nosotras que decimos esto las escondemos, aunque habíamos prometido enseñarlas’.

Finalmente, una teta armada de un rayo láser destruye la figura del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, porque prohíbe los pezones femeninos a la vista, del mismo modo que la Bandini los oculta. El vídeo es, sin duda, un pastiche propio de nuestra época. Elementos de modernidad aparente e impostada, una narrativa inconexa con superposición de muchísimos elementos alegóricos que no conducen a un significado final comprensible y coherente con la canción. Filibusterismo, incluso machismo, en el caso del redondel de tierra.

¿Quizá nunca se quiso hacer otra cosa que la que se ha hecho? ¿Un me hago la moderna, la rompedora, la marginal, la luchadora y alternativa, pero me comporto del modo puritano que ha impuesto nuestra época contemporánea y lo abrazo?

 

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