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Desde luego, como aquella salvación del 87 que contamos la pasada semana no ha habido otra y difícilmente se pueda volver  a darse toda aquella  madeja de decisiones, reclamaciones y liguillas extra de la que tuvo sus orígenes sobre la marcha en el seno de La Liga.

Cuatro años después, en cambio, se iba a vivir una permanencia que tampoco se iba a quedar atrás en emociones fuertes, aunque todo meramente deportivo, lejos de los despachos,  según lo previsto en el campeonato desde el principio. Temporada como ésta hizo que el Cádiz se refrendara como el Submarino Amarillo que emerge a la superficie cuando todo parece perdido. Y a fe que así parecía ser; desde aquellos  rocambolescos Play-off del 87, siguió la mejor clasificación en Primera en el 88; a partir de ahí, apurillos, dicho así en diminutivo;  en el 89 consiguió eludir la promoción al empatar contra el Barça en Carranza y victoria 0-1 en La Condomina ante el Real Murcia que por fortuna ya estaba descendido;  y en el 90 consiguió librarse del descenso y de la promoción venciendo los cuatro últimos partidos por 1-0, y además en tres ellos frente a rivales directos, precisamente. Y para la Liga 90-91, apurazos. Tanto así que, a tenor de cómo transcurría la primera vuelta, daba la impresión de que no sólo se iba a descender, sino que además se haría con récords espantosos.

Muy pocos refuerzos, para suplir las bajas de Canillas, Montero, Lajos o Arteaga, que se tira un año en blanco; lo más destacado fue el retorno de Pepe Mejías tras un periplo por Zaragoza y Murcia. Aparte de él, el argentino “Indio” Vazquez y Bernardo completaban los fichajes de puertas de club para afuera; de la cantera se sube a Javi Germán y al que será tercer portero Alejandro, que sólo jugaría un partido en Copa, aunque el futuro le depararía jugar con el Logroñés en Primera.

A pesar de ello, se comienza mal; la primera victoria no llegaría hasta la jornada 4 ante el Oviedo, y en toda la primera vuelta sólo volvería a ganar una vez más, ante el Mallorca, ya en la jornada 18. Y en medio de ellas, tan sólo cuatro pobres empates dejando una imagen mediocre y rácana, si bien el equipo demuestra tener ocasiones para arrancar más puntos, pero sencillamente no salen. Desde temprano quedó claro que este equipo no se iba a prodigar en una excelente delantera; Husillos y José serán los principales referentes mientras Sanchez Posse sólo juega 11 pírricos minutos en toda la Liga, en el Bernabéu, y el canterano Marcelo está lejos de lo que la situación requiere;  pero lo más significativo es el deplorable estado de Mágico González. El salvadoreño jugará únicamente cinco partidos entre las jornadas 2 y 8, saliendo del banquillo en cuatro, y de titular en el quinto; no marcaría ningún gol, y sería cambiado al descanso de ese último partido por Manolito, un partido que el Betis, rival directo, acabaría ganando en el segundo tiempo por 1-2. Iba a ser la última vez que el Mago vestiría en activo la camiseta del Cádiz. No sería convocado más y saldría del club más adelante, por la puerta de atrás y sin hacer ruido.

La directiva amarilla mueve ficha y en diciembre conseguirá la cesión por parte de la Fiorentina de Dertycia

La directiva amarilla mueve ficha y en diciembre conseguirá la cesión por parte de la Fiorentina de Dertycia, jugador que llama la atención rápidamente por su físico, con una cabeza totalmente calva,  en una época en la que los jugadores aún no se rapaban la cabeza y los alopécicos se dejaban los que les quedaban (véase Carmelo, Abadía, Chiri…) . Tal circunstancia le hace ganarse el mote de “Mr. Propper”, antigua denominación de un conocido lavavajillas, si bien hay que aclarar que su alopecia fue ocasionada por depresión al ver que no conseguía recuperarse de una larga lesión que le hizo perderse la posibilidad de ser convocado por Argentina para el Mundial de Italia’90.

Sea como sea, Dertycia llega en plena forma y le da aire fresco al equipo. En la segunda vuelta, el Cádiz encadenará cinco partidos seguidos sin perder, su mejor racha del año, donde sólo conceden un gol y la culminan venciendo en Carranza al Real Madrid, gracias a un penalti marcado por José en el primer minuto de juego, manteniendo así el marcador hasta el final. Así, el Cádiz conseguiría por fin dejar de ser farolillo rojo, aunque seguía en puestos de descenso directo;  a partir de ahí vendría un bajonazo de seis partidos en los que sólo se suman dos puntos.  Con la derrota en la jornada 29 ante el Tenerife por fin se cesa a Vieira. Irigoyen se buscó la argucia para que no fuera un cese y ahorrarse así el finiquito, al serle detectada una hepatitis al entrenador argentino, por lo que se le da la baja federativa, sustituyéndole Lorenzo Buenaventura, que pone el carnet, aunque todo el mundo sabe que el que corta el bacalao es Ramón Blanco. En la jornada 30, restando 8 partidos para el final, se pierde 2-3 ante el Athletic de Bilbao y el puesto decimoctavo, el que libra del descenso directo, está a cinco puntos. Di Estéfano llegó a decir que “el Cádiz este año no lo salvaban ni todas las vírgenes juntas”. Hombres de poca fe. En ése partido, aviso, debutaba en el primer equipo un tal Francisco Narváez Machón.

Como si de una montaña rusa se tratara, el Cádiz iniciaba una nueva racha positiva, en pos a alcanzar los puestos de promoción como mal menor; Ramón Blanco consigue imprimirle nueva moral al equipo, que consigue arrancar un empate en El Sadar, otro en Carranza ante un Sporting que ya veía cerca ganar por la mínima, se consigue nuevamente un heroico punto en el Calderón ante el subcampeón Atlético de Madrid, y la guinda, se gana 4-0 al que sería campeón, el Barcelona, que venía con el champán para celebrar el campeonato de forma matemática y que se lo tuvieron que llevar de vuelta sin abrirlo.  Sobre este partido, que se jugaría en sábado se cuenta que Irigoyen lo había fijado para las nueve de la noche, pero el presidente culé Núñez le conminó a cambiarlo y ponerlo a las cinco de la tarde, para que así les dieran tiempo a centrarse en la final de la Recopa que tendría lugar la semana siguiente, aunque era inevitable pensar que para que también celebraran el título de Liga en Canalejas sin necesidad de recurrir a horas impetuosas. La plantilla del Cádiz entendió esto como una arrogancia y salieron motivados; ante un Barça que pensaba más en el Manchester United que en la Liga (serían campeones al día siguiente, con la derrota del Atlético en Atocha ante la Real Sociedad), veían atónitos cómo el Cádiz les empezó arrollando con un gol de Mejías a los cinco minutos, y siguieron arrollando con otros goles de Quevedo y Dertycia antes del descanso, y sólo levantaron el pie al minuto 2 del segundo tiempo, con un nuevo gol de Quevedo tras quiebro a Zubizarreta que le deja en el suelo. A partir de ahí, a contener y no dejar pasar ni una.  Al finalizar el partido, el barcelonista Soler no encajó bien la derrota; “estais en segunda” le decía a José. Y éste le contestaba “Mira el marcador…”

El Cádiz conseguía, por fin, salir del descenso directo. Pero sólo iba a durar una semana. Se pierde en Castalia ante un rival directo como era el Castellón, por 2-0, y es de nuevo colista, empatado con el Betis, que es penúltimo.  En la jornada 36 llegaba a Carranza un Sevilla que se jugaba su última oportunidad para acabar alcanzando los puestos UEFA; se adelantan con un gol del austriaco Polster, pero Quevedo consigue empatar con un testarazo de cabeza en un córner antes del descanso. En el segundo tiempo, mucha tensión, con un expulsado para cada equipo. Y cuando el empate parecía irremediable, en el minuto 89, una serie de malos despejes de la zaga sevillista debido al fuerte viento de aquél dia y el balón acaba llegándole el balón a Pepe Mejías, que la empala colándose por el palo corto ante el éxtasis colectivo; ya no se volvería a estar en el último puesto de la tabla, en la que parece que el Betis se embarrana;  y el Castellón sólo puede empatar en Atocha y se queda a un solo punto. 

La antesala a la última jornada es la visita a Mallorca, donde el Cádiz sólo puede empatar a 0; no se ganaría un partido fuera en toda la Liga, aunque sí se ganó en San Mamés en Copa, estadio donde el Betis pierde por 4-0 esa jornada y es el primer equipo en descender a Segunda. El resultado más importante, sin embargo, se produce en Castalia, donde el Castellón no puede ganar al Logroñés, manteniéndose en empate inicial. Una victoria castellonense hubiera condenado también al Cádiz a Segunda, con el empate sin embargo había posibilidades para agarrarse a ese clavo ardiendo que era la Promoción; había que ganar sí o sí al Zaragoza, que venía a Cádiz a evitar precisamente el otro puesto de la Promoción, y esperar que el Oviedo, que se jugaba estar en la Copa de la UEFA, venciese al Castellón.

Tras una internada de Quico a falta de nueve minutos para el final del partido es cazado por Fraile y se pita penalti

Resuelto el campeonato por arriba desde hace unas jornadas, el domingo 9 de junio del 91 las cámaras de Canal + se desplazaron a la Tacita de Plata para dejar testimonio audiovisual de la lucha por la permanencia en Primera;  en un partido donde el Cádiz fue dominador en el primer tiempo, buscaba apuntillar a los maños dando salida a aquél Francisco Narváez que comentamos antes, apodado Quico, para buscar el gol. Sin embargo el Zaragoza se adelantaba tres minutos después, en el 68,  con gol de Higuera. Era frustrante; el Oviedo estaba venciendo cómodamente al Castellón, pero el Cádiz no era capaz de hacer su trabajo. Los minutos iban pasando y la tensión se acumulaba en todo el graderío, finalmente una internada de Quico a falta de nueve minutos para el final del partido es cazado por Fraile y se pita penalti; Dertycia, que en uno de los detalles curiosos del partido se había cambiado la camiseta al descanso por otra que no tenía publicidad, no se intimida pese a que Cedrún trataba de despistarlo y lanza fuerte y colocado su tiro; empate a 1 y a llevarse rápido el balón al centro para que el visitante saque cuanto antes. Y es que todavía Jorge Valdano estaba comentando el ánimo que de pronto tenían los locales, cuando Carlos Martínez narra la pared de Quico con Barla de la siguiente jugada, y éste para Quico de nuevo, que chuta abajo al palo de la derecha de Cedrún, le golpea y se va para adentro, por el lado opuesto. El éxtasis en el campo, banquillo, grada y palco, es, ahora sí, total. Quico sólo marcaría un gol en esa temporada, pero qué gol. Ya sólo quedaba aguantar el marcador, a ratos con malas artes, hay que decirlo, por Ramón Blanco y el banquillo cadista, lanzando balones hacia el campo en juego. Finalmente el Cádiz consiguió acabar el partido con victoria que le aupaba a la promoción en perjuicio del Castellón, que se iba a Segunda directamente, y todo ello  ante un Zaragoza desanimado por la remontada que se resignaba a ocupar la otra plaza de Promoción, en beneficio del  RCD Español, que ganó al Atleti.

Sin tiempo apenas para un respiro, la ida de la promoción iba a tener lugar tres días más tarde. El sorteo resulta caprichoso y el Cádiz es emparejado por con el Málaga, en un duelo andaluz que aseguraría la presencia de uno de ellos en Primera.

En un partido con muy competido, Esteban Vigo decantó la balanza para los malaguistas mediada la segunda parte. Todo quedaba para la vuelta, el domingo 19. El trabajo de todo un año, hecho bien o mal, pasaba por un Carranza a rebosar (20 millones de pesetas recaudadas) y con un gol que remontar.  Ramón Blanco tiene ante sí una terrible duda en la portería; pues corren rumores de que el Málaga pudiera llegar a oscuros acuerdos con su ex guardameta Szendrei, quien había logrado arrebatarle la titularidad a Bermell en el Cádiz, de cara a la resolución de la promoción. Finalmente confía en la profesionalidad del húngaro y le pone en su mejor once. Urízar Azpitarte arbitra un tenso y bronco encuentro; dieciséis tarjetas amarillas y tres rojas; la más significativa de todas ellas, la temprana expulsión de Quevedo cuando todavía era el minuto 32, lo que ya da una idea de la dureza del partido. No obstante, el Málaga prefiere no lanzarse tan deprisa al ataque. Muchas oportunidades por parte de ambos equipos, hasta que en el minuto 57 Pepe Mejías cuelga desde el centro del campo un balón largo, Dertycia peina para el segundo palo y José remata con la zurda a gol batiendo a Emilio.  Ya se había cumplido el objetivo principal, empatar la eliminatoria. Pero el segundo gol nunca llegaría, a pesar de los intentos de José, Dertycia y Quico. Temiendo que se tuviera que llegar a la prórroga, Ramón Blanco prefiere no hacer cambios, si bien se ve forzado a cambiar en el minuto 83 a un lesionado Dertycia por Manolito; el Málaga ya hizo sus dos cambios poco después del gol cadista; se va a la prórroga con la posibilidad de un cambio más, pero el Málaga tiene un jugador más desde hace una hora. Y a los cinco minutos de la prórroga, se tiene que gastar el cambio; Pepe Mejías también caía lesionado, y el veterano Juan José entra en escena, para apuntalar la banda derecha y la defensa; iba a ser decisivo más adelante.

Casi al término de la primera parte de la prórroga, Urízar expulsa al malaguista Añón y equilibra el partido. En el segundo tiempo, sin emabrgo, de nuevo otro expulsado en el Cádiz;  Barla corta un balón con la mano y el equipo amarillo se queda con nueve jugadores.  A pesar de ello el Málaga tampoco supo jugar con ventaja. Ambos equipos acusan el cansancio y curiosamente es el Cádiz el que está a punto de ganar con un cabezazo de Manolito que Emilio consigue despejar a córner. No hay tiempo para mucho más y se llega a los penaltis. El largo partido, con sus parones, su prórroga y sus descuentos hacen que se pase de la medianoche del domingo 19 al lunes 20 de junio; demasiado tiempo en estado de nerviosismo por parte de los jugadores y aficionados, y todavía quedaba lo peor; una dramática tanda de penaltis donde, tras lanzar el cadista Oliva y el malaguista Quino a gol, Raúl Procopio, que no había fallado ni un penalti en los entrenamientos de la semana, lanza fuera, a la derecha de Fernando. Para mayor nerviosismo de la hinchada cadista, los penaltis se suceden sin que nadie falle su tiro; marca Chirri para el Málaga y aventaja  su equipo; Poli y Esteban Vigo no fallan; tampoco José y Alvarez; Carmelo también marca el último gol en la tanda de cinco penaltis para el Cádiz, y falta el del Málaga. Si lo marca, el Cádiz se va a Segunda.  Interminables segundos de angustia y ansiedad cuando Antonio dispone el balón, se prepara y lanza; Szendrei se vence abajo a su derecha y acierta; el balón le rebota y sale con virulencia fuera del área. El Cádiz se había salvado de la primera sentencia a muerte y Carranza atrona con ilusión.

El penalti detenido por el húngaro, del que algunos miraban con malos ojos por aquél posible amaño, insufla de ánimos a un conjunto cadista que se veía desahuciado, y llena de desconcierto al conjunto malaguista. La tanda de penaltis debe proseguir, ahora a muerte súbita;  Juan José es quien lanza para los cadistas; tiro elegante y elevado, la cuela por la escuadra a la izquierda de Fernando, quien no llega pese a la estirada; por entonces él ni nadie lo sabía, pero el penalti de Juan José  iba a ser su último servicio al Cádiz y al fútbol profesional; muchos darían lo que fuera por tener un final así.  Ahora le toca a Emilio para contrarrestar el gol, y esta vez la situación se ha revertido; si no marcan, es el Málaga el que se queda en Segunda. Emilio,  presa de la presión, lanza hacia la izquierda de Szendrei, que le adivina el tiro y saca de puños, mandando el balón lejos del área. De repente, toda la tensión y nervios acumulados estallan para dar paso a los gritos y lágrimas de alegría; Szendrei festeja detrás de la portería mientras la plantilla cadista corre hacia él para fundirse en un abrazo;  Emilio y sus compañeros se desploman; lo tuvieron muy cerca. Y de eso se acordó Carmelo, ya en un alegre vestuario local, le dijo a sus compañeros; “acordaros de lo que ha pasado aquí, que lo que está pasando ahora mismo en el otro vestuario podía habernos sucedido a nosotros”. Y a fe que podía haber sido así.

Tras haber eludido el descenso en los últimos minutos de la última jornada con dos goles, y sufrir en la vuelta de la promoción dos expulsiones, dos lesionados y empezando mal la tanda de penaltis, esta salvación quedaría marcada a fuego para siempre en los aficionados cadistas y en el fútbol español en general.

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