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Eloy Alconchel - @eloyalconchel

Ahora que muchos se han lanzado, como si de una moda se tratase, a una autentica cruzada ideológica contra el cristianismo, cómo les explico, especialmente a mis amigos ‘autoproclamados’ miembros del círculo de la reserva ética de Occidente y por tanto también de Jerez (si bien es cierto que algunos han abrazado tardía pero fervorosamente la Fe), que mi libro de cabecera sigue siendo la Biblia.

Supongo que debo ser un incorregible, dada la intensidad de algunos vientos y cuando emerge un nuevo pensamiento único, lo suyo sería que citase tratados de autores de imposible pronunciación. Hay que reconocer que eso, junto a otros “gestos de salón”, cotiza al alza en la bolsa de la nueva política.

Pues no, miren por dónde, no. Los textos bíblicos siguen siendo imprescindibles en mí día a día y siguen ocupando en mi mesita de noche, junto a los versos de García Lorca, un lugar absolutamente preferente.

Fue mi sabio profesor de Religión, aquel que cambió para siempre mi manera de entenderlo casi todo, desde aquella mañana que pronunció, más bien pontificó, una frase que sigue grabada en mi retina y casi a fuego en mi mente. “En la Biblia están todas las respuestas aunque te cambien las preguntas”.

De la lectura de la Biblia aprendí por ejemplo, a desconfiar de los falsos profetas, esos engañadores que se presentarían “en ropa de oveja” y la verdad es que en estos días observo que algunos pasean su linda figura por los platós televisivos a modo de salvadores diciendo exactamente lo que el “rebaño” quiere escuchar como el “pastor excelente” del que hablaba el Apóstol Juan.

Por otra parte, Mateo me advertía hace muchos años, de aquellos que alegaban ser los intérpretes oficiales de la ley divina. Extraña coincidencia, a este paso, desde los “pulpitos mediáticos” lo mismo con eso de que ellos son la gente, se atreven a repartir como si del “Cuerpo de Cristo” se tratase, el carnet de ciudadanía.

Incluso me dicen que hay un Mesías, que para liderar una formación y bajo el “yo o el caos” se pide el papel de Poncio Pilato se lava la manos mientras somete a la multitud a elegir entre Jesús y Barrabas. Ya se sabe cómo terminaron y terminan estos plebiscitos. Más aun, cuando de un pueblo “embriagado de desesperación” se trata.

No invito a nadie a lo que debe ser una verdadera “aventura personal” pero yo por lo pronto, igual que en el monte de los Olivos, según el Evangelio de San Lucas, he decidido “apartar de mí ese cáliz”.

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