Premios Goya 2021.
Premios Goya 2021.

Cuando menos, el formato de los Goya de este sábado ha sido llamativo. Seguramente, se trate de la edición más casera que vaya a haber nunca. Sin quererlo, esta gala ha sido representativa del modo de vida de la mayor parte del país este último año. Raro es el caso de quien no tiene por lo menos dos aplicaciones de videoconferencia instaladas. En mi caso he llegado a utilizar hasta cinco.

Quien viese la gala, seguramente coincidirá conmigo en que fue cómica en sí misma, sin necesidad de un presentador con chispa, fruto de la instantaneidad y espontaneidad que ofrece una webcam. Me recuerda en ese sentido a los directos de YouTube y Twitch. Hay que sumarle a eso la cercanía de los tuyos, la emoción colectiva y seguramente un par de copas. Confeti, abrazos, gritos, algún abucheo… Supongo también que, en las ediciones anteriores, en el tiempo de subir al escenario uno se calmaba un poco. Mi premio favorito fue el de mejor actor revelación para Adam Norou, por como la lio celebrándolo con los chavales en chándal.

Viendo imágenes así, es imposible no acordarse de más de una quedada online durante el confinamiento copa en mano. Alguna que otra clase online que se fue de las manos, etc. Durante este año, pasar horas y horas delante de la pantalla de 17 pulgadas se ha convertido en nuestro día a día. Se le puede sacar hasta provecho, he visto hasta quien apaga la cámara y se echa un cigarrito en clase, un deseo hecho realidad por algún genio cruel que lo concede con segundas. Tristemente, se ha convertido en una parte importante de nuestras vidas. Amigos y compañeros míos se vieron obligados a defender su tesis frente a la pantalla.

Hay quien lo ve como un avance, yo en particular no. Creo que es solo un parche temporal a un problema. Para algunos sectores irá bien, pero por lo general creo que el calor humano pesa más. Aparte la pequeña pantalla nos priva de muchas cosas, como pensar en nuestros propios asuntos mientras vamos o volvemos a casa, sentir el viento o ver como los árboles recuperan poco a poco sus hojas.

Volviendo al cine, las galas telemáticas de este año pasarán a la historia como una anécdota, como los Oscar de madera que se repartieron durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque no lo parezca, la webcam tiene su magia particular. El cine en blanco y negro tenía facilidad para los absurdos, como que una estatua cobrara vida en un momento dado. La webcam y los directos son más de chistes fáciles y gritos. Puede que se esté haciendo ya demasiado pesado. Estoy cansado de ir del móvil a las 17 pulgadas y viceversa. Echo de menos ver la gran pantalla.

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